Muchos se han dedicado a agredir al cine por la forma en que logra tergiversar –mutar, alterar, desfigurar- una gran obra literaria al llevarla a la gran pantalla. La versión fílmica de Cien años de soledad del Premio Nóbel Gabriel García Márquez por ejemplo, ha recibido innumerables críticas de los fans del colombiano, quienes aluden como imperdonable el que se obviaran partes importantes para el relato o que se perdiera en gran medida la esencia de la novela, entre otras razones, muy válidas por cierto. Si embargo, no hay que negar que la industria del cine, ha contribuido a la difusión y promoción de las obras literarias. Así pues, muchas generaciones se han enterado que existía un Truman Capote o un Antonio Skarmeta; muchos descubrieron al ogro de Shrek fílmico antes que el del libro. Otros tantos llegaron a conocer al Dr. Zhivago del cine primero que al literario, o los Pecados del Padre Amaro mexicano antes que los de la obra original portuguesa. Las versiones cinematográficas colaboran con las ventas de los libros porque así sea por curiosidad, se quiere saber qué cosas se alteraron. En el caso de Harry Potter, éste ya era un Best Seller cuando salió en las salas de cine, no obstante, sus ventas se multiplicaron en todo el mundo por cuanto quería saberse sobre qué versaría la próxima película. Ninguno de los dos terrenos se ven afectados (al menos en lo que a difusión y ventas se refiere), pues, aún cuando se alteren en forma considerable las versiones originales, el público le seguirá gustando comparar, censurar, criticar lo que hace el séptimo arte con una buena obra literaria, si no que lo digan Vargas Llosa, Isabel Allende, Boris Pasternak, J.K. Rowling, Mann, Otero Silva, Hemingway, Stendhal, Gallegos, Cervantes, Tolstoi, Dostoievski...En todo caso, y sabiendo que nuestros hijos y alumnos tienden más al facilismo de sentarse dos horas a recibir la información que una película le pueda proporcionar sobre una obra literaria en vez de leer las doscientas páginas que ésta pueda tener, no es hora de preguntarnos ¿Por qué no empleamos ese recurso como medio para aproximar a los muchachos a la literatura?  La cuestión sería ¿Cómo lo empleamos? ¿Cuentan nuestros recintos escolares con los recursos necesarios para lograrlo?

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