En mi primer día como librera me dejó abismada la cantidad de libros que había en la sección de “Autoayuda”. Éstos ocupaban casi dos tercios del total del salón, por lo que supuse era algo muy bueno. No obstante, con las labores propias de un librero, fui descubriendo una cantidad enorme de títulos que aún cuando podían parecer atractivos, resultaban siendo un absoluto fraude. También pude verificar que no sólo ocupaban gran parte de espacio y una gran estafa para el público, sino que eran los libros más buscados por los clientes. Me pregunté (y aún lo hago) ¿Por qué prefieren un libro que ofrece hacerlos millonarios antes de los cuarenta o descubrir quién se les ha robado su queso, a una obra literaria? La respuesta no es fácil, pues, el mercado internacional ha descubierto en los libros una fuente inagotable de riqueza y fortuna por lo que invierte en multimillonarias campañas que garanticen la continuidad del libro como bien rentable. Ya no hay una mística y entrega por ofrecerle al consumidor una obra de arte, sino la lucha es por masificar los gustos y asegurar monstruosas ganancias a una empresa arrolladora y que (hecha la boba) amenaza con destruir la producción de pequeñas pero invaluables publicaciones. Cuando en ¿Tienes un E-mail? se planteaba la controversia entre las grandes y pequeñas librerías, donde éstas últimas terminan en la mayoría de los casos condenadas al cierre, no le vi la trascendencia a tal fenómeno. Sólo cuando estuve al frente de mil títulos de la infalible e indiscutible solución a todos los problemas de la humanidad: “La autoayuda”, fue que comprendí que los genios del mundo, que han logrado cautivar a millones de lectores, se están viendo amenazados, y que poco a poco pasarán (si no lo evitamos claro) a ser parte de los grandes mitos de la humanidad. A este ritmo, llegará el día en que un Alejandro Dumas o un Dostoievski sean como un eco lejano que apenas suena y las obras más exquisitas que se han escrito (como Don Quijote por ejemplo), permanezcan polvorientas en los rincones de las librerías y bibliotecas porque lo más ink es descubrir sí es cuestión de Amar o de depender, ó si somos unos Padres Pobres o unos Padres Ricos. Valdría entonces preguntar ¿Cómo frenar este auge mercantilista del libro? Buena pregunta para quienes promocionan la lectura con La culpa es de la vaca.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: