Como sabemos el cerebro reacciona de manera primitiva  ante el miedo, poninedo al cuerpo en situación de huida.  Para el cerebro, la violencia, tanto como la preocupación, equivalen al miedo; en conclusión el apetito y la digestión se detienen en el momento del pánico.  Por eso se recomienda que al momento de sentarse a la mesa a ingerir los alimentos estemos con el ánimo pacífico y dispuestos a evitar y soslayar cualquier situación violenta que empiece a plantearse.  No es en este momento en que se debe plantear los problemas domésticos ni económicos, ni las dificultades o contrariedades personales

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