Raro es el día que no tenemos que enfrentarnos a una situación que nos saca de nuestras casillas:desde el listo que quiere colarse en el cine a el desconsiderado que nos empuja en el autobús.

¿Qué hacer en estas situaciones?

-Se puede reaccionar de tres formas:tragarnos el enfado (acumulando una agresividad muy perjudicial para nuestro equilibrio mental),descargar la ira de forma desproporcionada (iniciando una espiral de violencia que nos hará enfurecer todavía más) o bien optar por un término medio:expresar nuestro descontento pero de una forma mesurada y constructiva.Esta ultima opción es, sin duda,la mejor.

-En primer lugar,debemos cuestionarnos si nuestro enfado está o no justificado.Es posible, por ejemplo,que hayamos tenido un mal día y que,por ello, veamos las cosas peor de lo que son realmente.

-A la hora de comunucarnos con la persona que ha provocado nuestro enfado, debemos explicarle de una forma pausada el motivo de nuestro malestar,escuchar atentamente  su explicación y, a continuación,proponerle una solución satisfactoria para los dos.

-Si la otra persona reacciona aireadamente,es mejor no responder a su provocación y posponer la discusión para otro momento.

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