Hay un clamor general. Doquiera uno vaya, siente el descontento, el desengaño político y económico de la gente. En tres meses se puede conocer la superficie del desencanto de este gentil pueblo. La familiaridad, los elementos en común, son reconocibles para cualquier hispanoamericano. Los problemas, el mar de fondo, lo heredamos del reparto del despojo colonial y de la corrupción de valores -esencialmente espirituales- en el seno de nuestras familias.

Resumiendo, tratando de generalizar los problemas que no sabemos resolver, hallamos:

  • Poca confianza en el que no consideramos prójimo ni semejante.
  • Pérdida de la autoridad en lo institucional y “autoridades”.
  • Pérdida de la autoridad moral familiar y escolar.
  • Descontento político y económico, en todo estrato de la cultura.

 

Buena parte de nuestros problemas son herencia de la colonia: El rico fue más cognoscitivamente rico y el pobre hagámoslo más dependiente e intelectualmente pobre.

No que debamos buscar, en el pasado, al chivo expiatorio que nos sirva para golpear nuestro presente económico y cultural; pero es importante comprender el grado de la degradación, hasta un nivel comprensible, en el ambiente de los que son parte de lo nuestro y en la memoria de los que son testigos vivos, inteligentes, que asegurarán -todavía hoy- a qué batallas sobreviven.

La corrupción ha existido siempre. La penalización capital, el repudio verdadero y el rechazo públicamente punible se ha relajado mucho en este tiempo y, si no soy partícipe de ello ¡estúpido de mí!  Tendré que sufrir las descalificaciones de los que son peores que yo... Para que tengamos una idea de la “depravación moral social”, en otros tiempos, yo no podría fumar en presencia de otros y, si fuera mujer, tendría que fumar a escondidas, porque era muy mal visto –no sólo como un vicio- sino como algo degradante, grosero y repugnantemente anti-femenino, aunque los más refinados consumían su “rapé” (que debió ser una clase de cocaína sólo para los pudientes).

En los años 60-70, usar el cabello largo, era una forma de “insubordinación social” o “irrespeto a los adultos” quienes se decían heraldos de los verdaderos “valores de la sociedad” (aunque sabemos que cientos son crasa hipocresía). Aquellos que siguieron la moda de los Beatles, por ejemplo, sintieron el rechazo de algunos y la aprobación de otros, pero –bajo el trasfondo superficial de la nueva “onda”- miles hacían dinero fácil con el empleo de alucinógenos y cosas “psicodélicas”.  ¿Acabó la doble moralidad?  ¿Quiénes controlan el negocio de la droga?

El truco, en las culturas, es que censuro cualquier cosa que me produce placer o dividendo$. Al hacerlo subo los precios, aumento la demanda y consolido los mercados. La pornografía que me disgusta cuando presencio la intimidad ajena, por otro lado, la practico en el lesbianismo del voyerismo. Señalo una cosa, pero “secretamente” practico cosas peores y, en lo que culpabilizo a otros, me condeno a mí mismo (Romanos 2:1). Aún así, en ciertas familias, los padres (pese a dobleces morales) infundían un respeto por valores arcaicos: La honestidad, la bondad, el respeto, la lealtad, la castidad, la justicia y toda esa sarta de cosas que no vemos en los políticos y comerciantes, pero que no sembramos en nuestros hijos (y practicamos ocultamente) (Rom 1:28-32).

En las licencias que me tomo sin permisos, puedo hablar de bondad, pero sin practicarla. Incoherentemente, acoso a otros de sus fallas y defectos morales, y no reparo en ver mis propios errores (pecados) porque convenientemente le cambio de nombres, pues, a muchos les resulta ofensivo usar tales términos fuera de un contexto religioso, como que si esos valores –de las leyes del mundo- no hubieran tenido su primario origen en la “inspiración” filosófica dada por la Torá o el Antiguo Testamento, como si hoy fueran una obra filantrópica de la evolución del espíritu humano. ¡A la porra! Ese valor moral –no político- me es ajeno y no es mi herencia patrimonial contemporánea.

El decálogo de “No Matarás” “No robarás” “No mentirás”… Tuvo su origen en el desengaño de las primeras culturas del mundo. No puedo asegurar que la Biblia haya sido la única fuente “inspirada” para registrar ese sentir humano que HACE MILENIOS hizo falta plasmar documentalmente en letras. Es obvio que, culturas mucho más antiguas y “avanzadas” tuvieron que legislar el comportamiento humano, en cosas que nos son inherentemente afines, por naturaleza (pecaminosa, por cierto). Algunos inventaron códigos como el de Hammurabi, etc. Pero el tiempo ha sepultado tantos “misterios” y sus secretos, que sólo por los milagros arqueológicos se desentierran ciertos objetos que comprueban la inteligencia colectiva de otras eras (como las de esos monumentos de piedra, que nos dejaron ver “soldados” de China, con una data cronológica previa a Jesucristo).  La Torá, por otro lado, como el Antiguo Testamento, ha probado ser tan vieja como la referencia de esos 2.000 años que tenemos de historia, desde que Jesús vino al mundo, cerca del año 4 B.C. ¡Ja! ¡Ja! Hasta en eso somos imprecisos, aunque se especula que la cultura China antecedió a la hebrea. ¡Sabrá Dios! Tomamos de buena fe lo que nos dicen y no tenemos medios para probar la verdad, a menos que la experimentemos.

¿Qué es lo que nos molesta? ¿Qué nos desencanta de nuestro país o cultura política?

En Venezuela, por ejemplo, hay una abstención al voto de un 30%. Digamos que de los 100 habitantes que existan, sólo votan 70; pero -lo cierto- es que no hay 100 personas en edad para votar y, de ese 50% que sí tienen edad para elegir el destino político de un país, sólo dejan de votar 15 personas (30 % de esas 50 personas).

Si uno comparativamente calcula, para Colombia, una población de votantes (según DANE) de 17 millones de electores y sólo dejan votar un 50%, TENEMOS UN DESENCANTO POLÍTICO GENERALIZADO (grave) y peor –aún- es que esa gente no se manifieste con la única herramienta política que tiene para apedrear y censurar una mala gestión gubernamental.

Me explico mejor: Si 17 millones tienen que votar y sólo vota la mitad. Esas 8.500.000 personas -más de media mitad de adultos en Colombia- se están dejando gobernar por el error de la estupidez ajena, por la falta errónea de otros, por LA NEGLIGENCIA DE LOS QUE NO VOTAN (algo peor que en Venezuela, y vean a dónde marcha la economía y corrupción en aquel país).

Doy mi opinión y no me meto en asuntos suyos. No trabajo para ningún gobierno y ya recojo mis maletas…

¿Qué puede hacer Colombia, así de dispersa, contra una serie de cosas que LES AFECTA y LES MOLESTA?

En la calle hablan de esto y de aquello y, por comodidad y conveniencia, venden el voto por un plato de comida, unas botellas de cervezas, y luego pasan 4 años “mamándose” eso… ¡Son intensos! (hablo para que entiendan los de acá). ¿No embolatan más al país?

En Venezuela hay más corrupción que en Colombia. El gobierno es manipulado por un solo hombre y sus títeres. Uds, cuando menos, nominalmente separaron sus poderes judiciales, electorales, militares, etc. En una autonomía que ya no conocemos. Uds tienen acceso para la venta en sus mercados internacionales, y compran dólares (y los venden) y tienen soberanía alimentaria ( tienen más comida de lo que Venezuela produce) pero están manipulados por la indolencia y la apatía política que vende votos por un “beneficio” que manipulan por votos, un subsidio en que el Estado tiene años obligado a mantenerles (a menos que no voten).

No perderán la ayuda del Estado si votan DE LA MANERA QUE QUIERAN y, en caso contrario, si gana ése en lugar del que los presiona o les compra el voto ¿No se lo tienen que aguantar  y “mamar” esos cuatro años en el poder? Entonces, ¿qué es lo que pierden si todos los 17 millones de electores DE VERAS VOTAN y expresan su opinión política? No decidirá una minoría por Uds.

En la tierra no hay “santos”. Cuando están allí arriba, encumbrados en el poder, pierden la humildad que compra votos y se olvidan de las promesas electoreras, y bueno sería no esculpirlas en piedras, en mármol, SINO EN UNA NOTARÍA, EN UN CONTRATO, en un documento público que les garantice a Uds sus derechos contractuales de votantes ¡Uds los contratan para un trabajo burocrático y les dan un puesto de empleo bien remunerado! Pero no confío en un “filósofo” que desmiente a Dios, que se mofa en lo que dice “no creer” y me es obvio que utiliza a las gentes, para luego descartarlas con un “Gracias al votante, pero no creo en el pueblo” (parafraseo).

El poder electoral que Uds tienen es inmenso (en Vzla ya no lo tenemos). No me conciernen ni interesan los resultados y, en último caso, me afecta que Colombia no tenga a la persona que merece porque hay un enemigo armado en el vecindario de Latinoamérica. Es tan malo que, en lugar de dar empleo a los venezolanos, ha traído cubanos para ocupar puestos que debían ser de “venezolanos”, pero nuestra propia concupiscencia y corrupción dio paso a ellos y hasta hizo un negocio insano con la salud… Tal como pasa con Uds y otras zonas del mundo.

¿Por qué un Doctor se va a ganar 100 mil pesos por quitarme una caries, en una hora; mientras que el resto de nosotros –la mayoría- se gana 20 mil pesos diarios? (pero trabajando en una faena de más de 8 horas, sin poder cobrar esas horas extras pendientes, so pena de perder el empleo y “dárselo a otro” que les es extraño).

No soy socialista, ni de izquierda ni derecha (no creo en la política); pero mientras exista el estúpido presente, mientras llega un nuevo orden del Reino de Los Cielos (si es que llega, porque me voy “arrechando”) hay que lidiar con las verdaderas causas de nuestra debacle y corrupción moral y política.

El TLC no es malo para los políticos (ganan comisiones) sino para los sectores económicos que no comparten sus ganancias con ellos. El TLC no beneficia verdaderamente al populacho del pueblo -ni al pequeño productor artesanal- sino a los que tienen una clase de monopolio comercial local y pueden expandirse internacionalmente, porque tienen capital para ello. Si realmente fuera un “Tratado de Libre Comercio” no me molestarían tanto con el pago de patentes municipales, con pagos de impuestos (que no debo) y no tendría que pagar “vacunas” para poder comerciar libremente con mercancías lícitas que me tasan con IVA (hablo de Venezuela); pero la policía me “matraca” en cada visita para que le sirva libremente la mesa de sus mujeres e hijos, para que coman sin pagar y, adicionalmente, les dé algo (de $), porque –supuestamente- ellos “me protegen” y la verdad es otra: Cuando no les pago, envían los ladrones y ambos se comparten las ganancias.

¿Desea Colombia volver a los viejos tiempos y recrear su propio “Western”? ¡Allá Uds! Muchos desplazados (verdaderos) conocen si los expulsó la narco-guerrilla, “los paras” o los dueños de más de un 50% de las tierras colombianas. ¿Se subordina Colombia a un mendrugo de pan hoy, para tener hambre mañana?

En Venezuela, por no tener un conteo verdadero de votos, por no tener “comprobantes de votación personalizado” (como Uds) nos roban los votos de forma electrónica. El conteo manual sólo cubre un 50% del voto físico, en cada centro electoral; pero el margen electrónico se puede superar, en especial con una abstención política de un 30% y el precio que han pagado trabajadores ilegales para tener cédulas venezolanas… Pero Uds dejan de votar unos 8 millones de colombianos ¡Carajo! ¿Por qué se quejan de su país, de sus “malos” políticos, SI DEJAN QUE OTROS VOTEN (y opinen por Uds) y muchos venden su voto por un par de cervezas? ¡No joda! (pero me avergüenza de Venezuela) (Quiero arengarlos al voto colombiano, para que no se corrompa ese 50% de gente decepcionada x los corruptos y mentiroso políticos).

Nuestros verdaderos problemas comenzaron ese día en que descubrí que podía mezclar agua y rendir la leche que vendía como lechero. Aprendí a “ganar” más cuando vendía más con menos costos de producción e inversión y esa mentira no la descubría ni la sabía nadie, porque controlé el mercado lechero adulterándola, de tal forma, que todo el pueblo terminó vendiéndome sus vacas, sus instrumentos de trabajo y sus productivas tierras y, sus obreros, terminaron pagando el precio que yo les pedía, porque tenían hambre (como todos los días) y yo era el dueño del ganado y las tierras de todo unl país… (¡Uff! ¡Qué mala leche!).

Al principio, tenía pocos clientes. Cuando mezclé agua (otros productos) pude vender más y reduje el número de mis empleados: no todos debían saber mis “secretos industriales” y debía controlar mis derechos con “patentes de invención”. El día que agregué más lactosa a mis 100 Lts del día, vendí 200 Lts en el mercado, y eso me dio más ganancia$ ¿Quién ganaría tanto como yo, si pusiera a trabajar -en mi planta- solamente unos 5 obreros con un turno de 24 horas?

La gente (y sus hambrientos niños) necesitan mi leche TODOS LOS DÍAS. Cuando descubrí que podía desplazar y quebrar a los que producían queso, mantequilla y otras cosas, entendí que crearía un negocio mundial y todo el dinero del mundo vendría a mis manos (con poco esfuerzo de mi parte, poniendo a trabajar mi dinero y mi cerebro). ¿Es esto una fábula, acaso?

En el fondo, el TLC mundial debería ser más dinámico y menos excluyente. Si en mi país, si en el suyo, alguien llegase a producir mejores productos y más baratos, debía tener un espacio en la competencia; pero cuando se hace un pacto, ambas partes quedan obligadas y, normalmente, una parte siempre pierde (gracias a los políticos que se ganan sus comisiones).

La integración para la soberanía alimentaria sería posible si alguna parte dejara de robar y la otra de depender… En Venezuela, decimos: Vendo un litro de leche, pero, en la práctica –el envase Tetrapak- dice 900 cc ¿Dónde van 100 cc pagados? ¿Realmente hay 900 cc en el contenido? ¿Cuánto es agua con leche? ¡Se vende! Ponen un sobreprecio al que tiene regulado y la gente de Petare tiene que pujar para no quedarse sin un poco, especialmente los domingos.

Nuestro pecado –No robarás, No mentirás, No codiciarás- es la razón para tanto desengaño en el mundo. La Torá, el pentateuco, La Biblia, habla claramente de no falsear el peso –el volumen- de las cosas. La práctica comercial, por el contrario, nos enseña a especular con la necesidad y la mentira ajena  y somos torpes para entender que, al falsear el peso, la calidad, la naturaleza del producto, no sólo alteramos una verdad, sino que MENTIMOS. Para el comerciante es “ganar”, para el prójimo mentirle y robarle…  ¿No es eso pecado?  Soy comerciante pero, ¿Me gusta que me lo hagan? ¡No! ¡Ni lo piensen!

En nuestra doble moralidad (debida, en parte, a malformación familiar) los ladrones son otros. Si soy comerciante, me parece lícito despojar a otros de sus derechos y codiciar su dinero; pero, si soy robado por el ventajismo de otro, aquel es un ladrón ¿Y yo no robo cuando miento y altero el peso y las medidas? ¡Pobre de mí! (soy un ladrón).

Ignoro si alguien me lea ¡No me importa! Escribo para mí, para Dios y lo que quede en el mundo. Los políticos son un mal necesario, hasta que Cristo vuelva y nos aclare el panorama… ¡Voten en Colombia! La culpa no será de Uds, sino de quienes les mientan, les defrauden y hagan mal las cosas.

La cultura popular me enseña que, “si no cojo una papaya, soy una güeva”, un pendejo tonto (en Venezuela). Pero ¿por qué defraudo a los demás y no tolero cuando soy yo la víctima? (Me gusta pecar, pero soy inquisidor cuando son otros los que lo hacen –particularmente- a mí o a los míos).

La Biblia va más allá del alma de cualquier constitución y hombre. Hoy, sin censura alguna, puedo casarme con otro hombre y acostarme con la mujer del vecino (si soy un alcahueta swinger). Legalmente puedo consumir drogas en ciertas naciones (y traficarlas) pero en otras no debo pensar en consumirlas, ni venderlas, so pena de muerte (ni pagando el precio de altas multas o vacunas). ¿Qué pasó? Algunas culturas se relajaron, unas cedieron por aquí o por allá, pero pocas se bajan al nivel de la justa equidad y, lo que no se parece corromper, está en riesgo de ello y lo podrido se esconde en el núcleo de las familias porque, ni remotamente, tememos a Dios.

Hemos visto tanta corrupción, nos hemos desencantado y decepcionado tanto, que no nos queremos mover para opinar con un voto por gente “ímproba” que puede ser peor que nosotros… pero no comprendemos que les damos una oportunidad en medio de TANTO DESEMPLEO y LES DAMOS UN TRABAJO para un empleo que no podemos atender cuando dudamos ir unos minutos a expresar una opinión política con nuestro voto y, si ellos fallan ¡el problema no es nuestro! (No votemos. Si la narco-guerrilla, la corrupción de la droga nos mata y manda mañana… ¡Igual moriremos!).

En Venezuela imperó la dejadez. Dejaron que la escoria votara su opinión (y tiene derechos) pero somos pobres siendo ricos; somos débiles siendo fuertes: No quisieron votar ni pelear, sino que dejaron que una minoría se hiciera “mayoría” y hasta un error (miles de errores) dejaron un congreso en manos de otros más corruptos ¡Estamos casi en quiebra!

No digo ciertas cosas para no ganarme más antipatías; además, si abro mi bocota, una bala sale más barata que dejarme decir y escribir ¿Soy yo quien debe votar?

Pido a Colombia, a Venezuela, que haya un acercamiento. Primeramente a la conciencia: Tenemos culpa de muchos errores. El futuro, si es que esta rueda va a seguir adelante, necesita el milagro de que nos pongamos en movimiento y ¡efectivamente! El pueblo colombiano ha dicho no al chavismo cuando votó en la frontera y manifestó su opinión y, aunque no hubiera hecho un voto político, los que se están viniendo a Colombia están diciendo: Venezuela ya no es confiable (aunque indigno de confianza no es el pueblo, sino el gobernante que se dejaron poner en un abstencionismo de un 30%).

¡Colombianos!

¿Dejarán que 50% de los que no votan bien decidan por ustedes?

No dejo que otro decida por mí. Tienen soberano derecho a dejarse gobernar por una persona que no les guste y no tenga nada de santo y nada de intelectual, economista o filósofo (excepto un papel que lo avale y “certifique” con la confianza ajena y una universidad que nos parece otro imosible).

¡No voten! Y dejen que Venezuela se vuelva Cuba y ésta dé trabajo a sus expatriados y todos Uds sean soldados en las milicias del desempleo… Llegar a 30 ó 40% de desempleo no se justifica en una nación tan grande y tan hermosamente rica.

¿Qué hacemos cuando no hallamos dinero y trabajo?

Nos volvemos ricos en ideas para delinquir robar y matar. Cuando hay hambre en la familia, maldecimos a Dios y nos ponemos a robar, a maldecir a otros, y no vemos que nuestros pecados no son ajenos a nuestras culpas, mismas que pretendemos endosar para culpabilizar a otros: El hijo se auto-secuestra para que el padre pague el rescate, y ese dinero sirve al hijo para comprar la droga o pagar el servicio de nuestras prostitutas... ¡El pecado nos envilece! (aunque se desvirtúe la verdadera significancia con tecnicismos y alteraciones a los principios universales del hombre y la ley divina para nuestra coexistencia presente y futura).

Si no me dejan publicar aquí, lo haría allá, donde sea.

Si Uds se rinden, yo volveré a mi frente de lucha (con muchas desventajas) pero toca a cada uno de nosotros defender lo nuestro (aunque ya no tengo nada).

¡Que el Dios Altísimo y Supremo nos bendiga!

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