Cada referencia era importante para el regreso de Julio y Antonio, de ninguna manera podían desviarse de la ruta por la que caminaron al despedirse del grupo para salir en busca de alguna información que los ayudara. Ambos estaban conscientes de que cualquier cosa era un portal en el tiempo.

Quizás no corrieron peligro en aquella peculiar batalla porque no se encontraban en el momento en que ocurría, pero sí quedaron impactados.

Eso influyó en el silencio mantenido por los dos la mayor parte del tiempo, cada uno repasaba en su mente lo visto; pero esa cavilación se vio interrumpida cuando tuvieron a la vista los árboles donde se habían quedado sus amigos: ¡no estaban allí!

— ¡Nunca nos desviamos del camino! —dijo Julio.

— ¿Se habrán movido ellos? —respondió Antonio preguntando.

Revisaron más detenidamente el lugar y ni siquiera encontraron restos de fuego. Pero estaban seguros de que ese era el lugar. Miraron dos o tres veces más antes de tomar la decisión de regresar: allí no había nada, tenían que estar equivocados.

Entonces decidieron separarse nueve o diez metros por la misma línea de regreso; algún detalle se tuvo que haber escapado.

Avanzaron pocos metros, primero caminaba Julio y Antonio lo vio detenerse haciéndole una seña para que se le acercara, ya juntos escucharon muy claro el llanto de un niño.

El sonido los guió hasta un árbol bien ancho, de allí salía.

—Tiene que ser el hijo de Natalia —sentenció Julio, girando alrededor del tronco.

—No podemos asegurarlo…

La respuesta de Antonio fue interrumpida por el tremendo ruido de «algo» que se abalanzó sobre Julio, lo empujó y salió volando.

— ¿Qué fue eso? —Julio lanzó la pregunta mientras intentaba ponerse de pie—. Lo que sea es bien grande.

Antonio mantuvo silencio mientras observaba como las enormes alas se alejaban, él lo vio bien: del otro lado del árbol había salido un dragón. Indeciso se acerco a Julio y le tendió la mano; al tomarlo, una extraña fuerza lo jaló hacía el mortinato y ambos quedaron tirados en la hierba; pero ya no tenían el árbol delante.

Otro portal inesperado había sido cruzado y al parecer estaban ahora en un mundo bien complicado.

Por lo menos dragones había. Y quizás serían ellos lo necesitados de ayuda.

¿O los demás también estarían allí? A fin de cuentas fueron atraídos a ese lugar por el llanto de un niño, que volvieron a escuchar.

— ¡Julio, Antonio! —Félix los llamaba casi sin alzar la voz, estaba debajo de un puente y les hacía señales.

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