Saguna abrió muy despacio los ojos cuando comenzaba a salir el sol del cuarto día, después de haber sido encontrados, ella y Antonio.

Todo ese tiempo los alimentaron con leche de Natalia, cuando Julián se dormía.

La joven mira lenta e interrogadoramente, pero es sorprendida por el llanto del niño que también acababa de despertarse. Ese mismo llanto hizo que Antonio reaccionara; solo que él no se quedó acostado, apoyándose en una piedra que tenía a su lado se puso de pie y se acercó a Saguna.

—¿Quiénes son? —preguntó en un tono entre la defensa y el ataque.

—Creo que primero deben aclararlo ustedes —le respondió Félix muy despacio—. ¿Están vivos o pertenecen a alguna categoría de muertos?

La pregunta los sorprendió mucho, «categoría de muerto». Qué habría querido decir. Ambos, de manera refleja estiran sus manos para tocarse, pellizcarse y comprobar que sí existen. Que todo no es un sueño, o quizás que en realidad están muertos y así sea del otro “lado”.

La propia reacción le da la respuesta a Félix, que mira a los demás y comienza a hablar:

—Les resultará extraño lo que van a escuchar…

—Somos todo oídos —lo interrumpió Antonio.

—Nosotros, menos el niño, estamos muertos —hizo una pausa en espera de alguna reacción que no llegó; entonces continuó—. Me llamo Félix y él es Julio, los dos somos mortinatos. Ella es Natalia que murió a los pocos días de nacer —volvió a detenerse y Antonio aprovechó para ayudar a Saguna hasta que logró ponerse de pie junto a él.

—Yo me llamo Gricel, la madre de ella y perdí la vida en un accidente, junto a su padre y su hermano menor.

—Y yo soy Natalia, morí muy pequeña, pero mi madre continuó cuidándome, para ella siempre seguí existiendo —con un gesto detuvo a Saguna que iba a decir algo—, este es mi hijo Julián, su padre fue un mortinato que ya no existe; pero paradójicamente su corazoncito late como el de ustedes.

Antonio y Saguna no se deciden a hablar, ambos sienten que se burlan de ellos; entonces es Félix quien les comenta:

—Entiendo que es muy difícil que nos crean. Tenemos como demostrar todo esto, pero primero necesitamos saber quiénes son ustedes.

—Mi nombre es Saguna y nací en un planeta que se llama Myyeria…

—Yo soy Antonio —la interrumpió él—. Yo sí soy terrícola. Y si quieren que entendamos todo eso, tienen que creernos a nosotros: “luchábamos junto a otros colegas, terrícolas y myyerianos, contra un ataque lanzado desde Myyeria con la intención de conquistarnos…”.

—¿Un ataque myyeriano? —preguntó Natalia.

—Sí —dijo Saguna—, en mi planeta sueñan con la conquista del Universo. Y la Tierra era un objetivo primario. ¿Nos creen?

La pregunta de Saguna dejó una atmósfera total de duda: muertos que hablan, extraterrestres que atacan y al mismo tiempo defienden un planeta, niños nacidos vivos de alguien que no respira, un planeta que intenta conquistar el Universo…

Sin embargo, lo principal: cuándo y dónde estaban, eso se les había escapado de la mente.

Dos mundos.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: