Cleopatra busca a su príncipe

deshojando los tulipanes

de los ramos que olvidaba

en las cenas del pasado.

 

Las otras bailaban abrazando

a los hombres todavía sapos

y ella abría los papiros

después de observar los bailes.

 

Lo vio llegar

Lo vio mirarla

Lo escucho hablar

 

Era él, su príncipe encantado,

el hombre con el que había soñado

durante sus noches despiertas

antes de cantar los gallos.

 

Cleopatra lo arrancó del baile

cuando cantaban sus esclavos

la canción de la triste llegada

a un castillo donde ella reinaba.

 

 

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2

Cleopatra es feliz mirando el infinito

en sus ojos de hombre enamorado

y besa una a una sus pestañas

hasta caer en el pozo de sus labios.

 

Posa su mano en su brazo romano.

Baja su voz hasta acariciarlo.

Dice te amo y espera un te quiero.

Oye un te amo y la dicha la emborracha.

 

Ha encontrado al socio perfecto

para sus noches de estrellas caídas

en la cama donde yace su cuerpo

esperando sólo un compañero.

 

Sus números impares se le alejan

del destino seguro en los pares.

Una reina y un buen romano ahora.

No importa el mañana. Sólo hay ahoras.

 

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3

 

Recuerdo mis años de Cleopatra

danzando por el meetic y buscándote

entre la fauna masculina que ofrecía

un café para ponerme una cara.

 

No sabían que fui siempre la mujer

misteriosa de las mil y una caras,

la probadora que cata cada queso,

la sumiller que no se queda en una cata.

 

Yo buscaba sin buscar y encontraba

en los espejos que salían de mis manos.

Cada día un espejo maquillaba

la cara que yo nunca enseñaba.

 

Tal vez debería regresar a los espejos

cuando la pena cinceló mis maquillajes

y reír como ríen las que lloran

y sentir como sienten las que cantan.

 

 

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