Pocas cosas atraen más a un niño que compartir con adultos, sobre todo con sus propios padres, cualquier actividad imprevista. Aunque su imaginación no tenga límites y sean capaces de jugar a todas horas, agradecerán que de vez en cuando, seamos nosotros quienes les sorprendamos proponiéndoles un interesante juego.

Compartir unos momentos de juego, no sólo es un buen estímulo para los niños. A los adultos, también nos reporta grandes beneficios. Cuáles son esas ventajas...? Bueno, los juegos nos descansan de las cargas de responsabilidad; compartimos el mundo de fantasía de los niños; fortalecemos las relación con ellos; participamos en la creación de valiosos recuerdos; desarrollamos como padres, nuestro lado creativo; recuperamos la infancia, por unos instantes; nos libramos de complejos; nos divertimos fuera de los cánones y es además, un buen ejercicio.

Pero... a qué jugar?  Lo recuerdos de nuestra infancia, nos dirán que no se precisan demasiados complementos para jugar. Una simple pelota puede dar mucho juego, además de ejercitar la fuerza, agilidad y la coordinación; los muñecos sirven para representar escenas vividas u observadas; los disfraces, facilitan interpretar otros papeles y la interacción con los demás; contar cuentos, es muy importante para el desarrollo del lenguaje y el vocabulario; pero además realizar juntos manualidades les estimula la creatividad. No hay que pensar demasiado en si, los juguetes son pedagógicos o no. Lo serán si los utilizamos para jugar con nuestros hijos.

Compartir las horas de juego con nuestros hijos, no solo afianzará los vinculos afectivos y emocionales con ellos, sino que además, permitirá que recuperemos el placer de jugar por jugar. Entonces...aprovecha estos días de descanso para ofrecerles, entre tantos juguetes nuevos, el mejor: tú

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