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Un terrible seísmo causó 87.000 muertos, gran cantidad de heridos y numerosas familias sin hogar en la región china de Sichuan. La ciudad de Beichuan enterró a sus muertos y en sus calles se hizo el silencio, un silencio que sigue donde todo permanece tal y como se quedó tras el fatídico terremoto como si se encontrara congelado en el tiempo. Solamente rompen el desolado paisaje las voces de los visitantes pues la región afectada se abrió a un turismo curioso por ver de cerca la magnitud de una tragedia ocurrida en 2008 que paralizó los relojes de Beichuan para siempre.

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Considerada la Chernóbil china, Beichuan presenta la viva imagen de la desolación ya que los desperfectos fueron tan grandes que ha sido imposible reconstruirla y ha quedado como testimonio de una tragedia difícil de olvidar y donde el viento se encarga de derribar los muros dañados que poco a poco terminan por caer. Son paredes de las casas que alojaban familias felices que de forma inesperada vieron sus vidas truncadas y las pocas personas que sobrevivieron tuvieron que comenzar de nuevo lejos de la ciudad que los vió nacer.

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Cuando de forma inesperada el terremoto sacudió la ciudad los niños se encontraban en clase, los hombres en sus trabajos y muchas familias comían tranquilamente en sus casas y a nadie se le dio la opción de ponerse a salvo. Debajo de los escombros y ruínas se han quedado muchos cadáveres de personas que no se han podido encontrar y que se decidió finalmente renunciar a su recuperación. Las manecillas de los relojes aparecieron paralizadas a la hora que la la tragedia comenzó. Ha sido una forma de dar testimonio del fatídico momento que la fatalidad cayó en esta ciudad que se ha querido mantener igual como un escenario real de una tragedia imposible de olvidar.    

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