lluvia en el cristal

LA CIUDAD Y LA LLUVIA

Llueve en la ciudad

Me gusta la lluvia. Me gusta ver como cae la lluvia al otro lado del cristal e incluso ir bien tapado por la calle, dejando mi cabeza al descubierto para que el agua me dé en la cara; pero lo que más me gusta es caminar una vez que la lluvia ha cesado y pasear por mi ciudad mojada, porque ésta se abre a escenas distintas: las luces, el brillo de las calles, y, sobre todo, las imágenes que se pueden ver como en un espejo a través de los charcos que se han formado. Después de la lluvia, la ciudad parece que ha cambiado.

Cúpula del Vaticano

La ciudad, la lluvia y su espejo

Casi siempre, en mi paseo, me detengo a mirar cada charco y observar la ciudad desde otro prisma; dejando volar así mi imaginación y soñar a través del charco, a través de lo que pudiera ser el espejo de la ciudad.

Cada vez que nos miramos en un espejo es como si viéramos nuestra imagen invertida: la izquierda es la derecha; vemos lo que tenemos detrás y no lo que está delante, que es el espejo. Cambian las cosas y las percepciones de nosotros mismos; incluso nosotros nos vemos al contrario de lo que nos ven los demás, pues el reflejo en el espejo tiene esa característica, que a pesar de parecernos normal, es singular.

¿Y cómo es el espejo de la ciudad? Es ciertamente como cuando nosotros nos miramos, pero, ¿y si la lluvia tuviera la magia de cambiar le realidad? Mi imaginación vuela y miro al charco imaginándome que no es una imagen invertida, sino que a través del espejo de la lluvia, la ciudad se ha vuelto al revés y todo ha cambiado.

charco en la lluvia

La ciudad al revés

Vamos a soñar por un momento, y ya que soñamos, vamos a soñar un sueño ideal en el de una ciudad al revés. No vamos a cambiar todo al revés, pues al final quedaría más o menos todo igual; simplemente vamos a imaginar que todo lo que anhelamos se convierte en real: el caos del tráfico se vuelve ordenado; los malos se hacen buenos; los pobres se convierten en ricos; los enfermos sanan y salen de sus camas; los políticos se dedican a servir de verdad a las necesidades de los ciudadanos; los impuestos y la crisis se tornan en algo inexistente. De repente, a través del charco, todo está bien, todo funciona bien y todos nos llevamos bien... ¿No dan ganas de entrar en el charco y ver que todo cambia? Todos nuestros deseos se convierten en realidad y el mundo cambia. Es bueno imaginar que puede ser posible; es bueno imaginar que a través de un simple charco podemos cambiar nuestras vidas.

tráfico en Madrid bajo la lluvia

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