CINCO PREGUNTAS PARA EL COLEGIO ha sido el intento de articular algo del sentido común tan perdido en el COLEGIO. Algunas de estas reflexiones han sido fruto no solo de una observación cotidiana desde un punto de vista de aprendiz, lo que me ha permitido el privilegio de preguntar, sino especialmente de conversaciones con interlocutores especiales, alguno de ellos no se si poeta o humorista de la vida, que han ayudado a dar forma a esta búsqueda de lo común del sentido que parece haberse perdido en medio de los pasillos de un lugar que en otro mundo, podría ser diseñado para soñar e intentar ser: EL COLEGIO.

Es necesario nombrar a estos interlocutores especialmente en este texto, ya que es justamente la imposibilidad de construir con el otro, lo que atañe a la pregunta que hoy abordaremos: lo FEMENINO en el colegio. De antemano se lo complejo de este tema, y me disculpo por las posibles torpezas al abordarlo.

En mi llegada triste a un colegio que fue escogido por otro para mí, me encontré con un mundo gobernado por la confusión. Como característica de la escuela tenemos en el grupo de maestros, una representación de mujeres mucho mayor a la de los hombres, lo que para muchos puede ser una fortaleza y de hecho la sensibilidad femenina podría serlo, pero en este caso sospeché una y otra vez que nos encontrábamos en un espacio en donde hombres y mujeres se encuentran perdidos respecto a qué es una mujer, quedando no solo lo femenino sino también lo masculino enrredado en una batalla de poder, entorno a la perdición de enfrascarnos en quién tiene la razón, lo que devuelve a la educación a una pugna racional y moral de lo que debe ser, y cuyo público los niñas y niños, pierden la ocasión del destino para encontrar elementos más sencillos con los cuáles seguirse construyendo, no solo frente al conocimiento sino frente a la esencia.

Esta confusión se manifiesta de múltiples maneras, en las reuniones de equipo en las que lo FEMENINO pierde la capacidad dulce y contundente de la expresión diferente, para imponerse como un constante y agotador llamado al orden, la razón, el cumplimiento, la vigilancia, como garantes de lo que funciona.

Esta confusión se manifiesta en la descalificación constante y muchas veces irrespetuosa hacia los otros que por contraste no son tan ordenados, tan cumplidos, tan coherentes, dejando en el imaginario del pasillo la temible consigna, de que el colegio en cambio funcionaría muy bien si lo gobernaran estas ordenadas, estrictas, puntuales, racionales, formateadas mujeres.

Esta confusión se manifiesta entonces en hechos en los que las mujeres replican la fantasía de las varoniles guardianes de cárceles de película, pavoneándose con arrogante sentido de estar en lo correcto, de ser el modelo a seguir, o por lo menos la urgente necesidad de parecerlo.

Esta confusión se manifiesta en la connivencia constante por unirse para hacer dimitir cualquier orden, instrucción o propuesta, que vaya en contra de su certera razón; y esto además se hace como en las cruzadas en nombre de un supuesto amor y pertenencia por el colegio, que parece más la extensión de un territorio de la cuál ellas se consideran caciques.

Esta confusión se manifiesta en maestros hombres atemorizados por la agresividad de la mujer, optando por sostener los estandartes de un fantasmático compañerismo.

Esta confusión se manifiesta en la constante réplica, objeción, devolución, reproche a una alternativa o instrucción propuesta, pues siempre se tiene una mejor; esta confusión se manifiesta no tanto en tener ideas mejores, pues en muchos cosas de hecho sí lo son, sino en la certeza interna de que el otro no sirve, de tener que hacerse cargo para que las cosas funcionen, de aniquilar el lugar de voz y mando que pueda tener un otro diferente.

Esta confusión no tiene que ver con quién tiene más capacidades, o quién tiene más la razón, sino con qué es lo pertinente, con cuál es el lugar y voz que le corresponde a cada quien en las dinámicas de coordinación de eventos y situaciones, para que tal vez, algo intente funcionar por lo menos operativamente en el COLEGIO.

Esta confusión se manifiesta en las prosas recitadas una y otra vez a las niñas de lo que es una mujer y cómo no debe dejarse del hombre para así sentir que tiene autoestima; esta confusión se manifiesta en intromisión desvergozada en la vida de mujeres que son mamás y que no hacen las cosas a la manera decretada como correcta, por lo que según ellas, por eso se ganan la vida que tienen.

Sin importar cuánta razón se tenga en esta intuición de las mujeres, lo femenino tiene un mar de posibilidades abiertas en la vulnerabilidad, suavidad, dulzura, inteligencia, e impacto en un campo de relaciones personales en las que se puede intentar dejar al otro ser, en vez de formatearle un camino, un discurso. Podría decir que lo femenino está anclado a dar vida, a dejar ser, a guiar, apoyar, escuchar, hablar, sonreir, sonreir mucho en medio de la hostilidad. En su lugar los rostros mismos de nuestras maestras son ásperos para los niños, son ásperos con los padres, son ásperos frente a la guía de un jefe, son ásperos frente a las fallas de otros, son ásperos frente a la diferencia con el compañero, son ásperos en los espacios del compartir.

Lo FEMENINO tiene la feliz posibilidad de ser cautivante. Si lo femenino se pone en marcha estoy segura que se cautiva la atención, la escucha, el lugar, la ayuda, el corazón, el deseo, y el servicio a los que creo está llamada la EDUCACION.

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