delincuencia

Cinco días escondido

Luego de los acontecimientos acaecidos en días pasados, cinco días exactamente, esos mismos días los tenía escondido en esta vieja casa abandonada en medio de una montaña a unos siete kilómetros de la ciudad, la casa en cuestión se encontraba completamente desvencijada, una completa ruina, con el techo convertido en una criba y sus paredes con más huecos que ladrillos. Lo curioso, aunque ustedes no lo crean es; el buen estado, relativamente, de sus puertas y ventanas.

En términos generales, esta ruina de casa, se prestaba para mis propósitos de estar escondido el tiempo que fuera necesario. No en balde necesitaba desaparecerme de la vista de mucha gente, a los cuales mi desaparición física les resultaba conveniente, por ser testigo presencial (presuntamente), de un hecho delictivo donde estaban mezclados un alijo de drogas y un presunto homicidio, que involucraba a personas pertenecientes a un cártel de la droga.

Hay un viejo adagio que reza de la siguiente manera “este fulano cuando no está preso lo andan buscando” lo que hace referencia a un individuo que recurrentemente se encuentra metido en líos. Mi comportamiento en lo personal no es mejor ni peor que el comportamiento de otras personas. Se vive como se puede, tirando de aquí para allá y de allá para acá, tal vez mi pecado como el de muchos, es; estar relacionado con mucho “vicho de uña”, relacionado; no es la palabra adecuada, más bien conocidos y nada más.

Desde pequeños, Toni y yo; éramos muy unidos, nos conocimos en la escuela y de ahí en adelante nos hicimos inseparables, luego el dúo formado por nosotros se convirtió en un trío, cuando se nos unió Rachel, una niña pelirroja, pecosa, hija de uno de los ricacho de nuestra ciudad, ella; era una muchacha despierta y muy linda. Andando el tiempo, nos llegó la adolescencia casi sin darnos cuenta. Toni, tenía un problema, le encantaba lo fácil, la apariencia, presumir, pero; era extremadamente holgazán. 

policías

Rachel, por el contrario, era estudiosa, dedicada y, como corolario la gran fortuna de su familia, sin embargo, ella; tenía aspiraciones de llegar a la universidad y convertirse en médico, sus esfuerzos estaban concentrados en esa dirección, su única distracción, estar con nosotros todo el tiempo posible, lo cual le causó algunos problemas con su padre pero ella de alguna manera encontró la fórmula para no separarse totalmente de nosotros.

Después de salir de la educación media, nos tocó a los tres separarnos para emprender cada uno su camino y tratar de construir su sueño. Los tres andábamos por alrededor de los veinte años, lógicamente; habíamos dejado atrás la adolescencia. Rachel ya era el preludio de una bella mujer, blanquísima, bien hecha, con sus ojos color miel y su pelo color de zanahoria. Toni, no quiso ingresar a la universidad, quería ser militar de carrera, pero fue rechazado una y otra vez de la academia militar, lo cual lo desmoralizó y lo convirtió en un hombre amargado, decantándose por llevar una vida irregular.

Por mi parte; soy Tristán, a lo que mis amigos transformaron en Stan, ingresé en la universidad para estudiar psicología. Así transcurrieron tres años, en los cuales los tres prácticamente estábamos definidos en lo que esperábamos de la vida, sueños, objetivos, metas, en lo que respecta a Rachel y yo; lo de Toni, nos rompió el corazón, según lo que pudimos averiguar, él; se convirtió en un consumidor de drogas y luego traficante. Los amigos que en verdad lo queríamos, lo lamentamos amargamente, no nos explicábamos, como una persona como Toni, un muchacho honesto, dulce, destacado en los deportes, pudo deslizarse por esa vorágine de horror que es el submundo del consumo y tráfico de drogas.

En estas vacaciones, Rachel y yo; nos hemos reencontrado para revivir todo lo vivido en la edad escolar, las anécdotas, las fiestas, hasta las peleas y los malos ratos, nos daban motivos para reírnos y celebrar esa época tan linda, tan llena de recuerdos buenos y malos como es la vida, su realidad. Hicimos el compromiso de buscar a Toni, para celebrar con él, nuestras cosas, juntos, con alegría y cariño. No fue fácil, nadie nos daba razón de donde poder encontrarlo, hasta que; alguien le dijo de nuestra insistencia de verlo, que nos mandó un emisario con una nota, citándonos a un sitio especial.

Llego el día, el momento y la hora de vernos. Hacían tres años que no nos veíamos, nuestra sorpresa fue mayúscula, al ver a aquel hombre gordo, con una larga melena, enjoyado de pies a cabeza, bien vestido de blanco y con los ojos rodeado de grandes círculos azules alrededor y, lagrimosos, con un brillo afiebrado. Rachel se quedó de una pieza, no podía reaccionar, a mí se me quedó una sonrisa helada en los labios. Toni tenía los ojos entrecerrados, yo quise ver más adentro en su mirada y creí ver una honda tristeza, de repente sentí lástima de mi amigo. Toni, echó a andar hacia nosotros con los brazos abiertos, abrazándonos al unísono, corriéndole por las mejillas dos ríos de lágrimas- nos quedamos abrazados por largos minutos sin decir palabras, confundidos en un coro de sollozos entrecortados.

La vida, no te pide explicaciones ni las da. De repente se escucha un tropel de pisadas violentas y un número indeterminado de policías, disparos y voces- Toni exclama, ¡corran, váyanse! Que no los encuentren conmigo ¡por favor! Rachel corre desesperada junto a mí, yo la llevo agarrada de la mano y alguien me la arranca- ella me dice, sigue, no te detengas- Por eso estoy escondido aquí.

Una voz de mujer grita mi nombre- Stannnn, Stannn- aguzo el oído, es Rachel- Salgo a lo claro, ella corre a mis brazos, diciendo entre sollozos todo ha terminado- Toni, está vivo y confesó todo. Estamos salvados- Reía y lloraba.

mancha1

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