Hace más de cuarenta y seis años García Márquez escribió una novela que ha sido un éxito literario a nivel mundial. Me refiero a Cien Años de Soledad, o la historia de la familia Buendía. Un libro con un aparente estilo ortodoxo o lineal: principio, medio y desenlace, tal como estabamos acostumbrados a leer tradicionalmente.

Pero la complejidad de esta obra está disfrazada por su inocente aspecto cronológico. Y he aqui que el tiempo, ese ente omnipresente, nos lleva por los vericuetos de una sospechosa relatividad temporal: el tiempo es un personaje fundamental y es quien maneja los hilos de la trama.

Con una influencia "faulkneriana" por su estructura temporal, y una casi influencia "hemingwayana", la obra es un prodigio de la narración atemporal, donde el lector acucioso debe hacer esfuerzos casi matemáticos para deshilvanar el carrete del tiempo, so pena de perderse por esos mismos laberintos atemporales. Asi mismo García Márquez introdujo elementos anacrónicos y asincrónicos que coexisten en el tiempo cotidiano que transcurre en Macondo. Aqui preciso yo que estos recursos literarios son como homenajes del autor a Jorge Luis Borges y Alejo Carpentier, verdaderos maestros en narraciones de ese estilo. A su vez,  el autor, sin copiar influencias deja entrever algunos recursos utilizados por Carlos Fuentes o Cortázar. Esto, en vez de restar méritos a la obra, la enaltece  por la acuciosa búsqueda emprendida por el autor durante más de veinte años para darle luz propia a su obra.

La forma intrínseca de la novela se da cuando el autor descubre que el tiempo no es rectilíneo ni uniforme.  Al colocar el tiempo en su justa dimensión: circular, o en reposo,veo una manera de homenajear a Einstein,supongo. Por otra parte, su aparente "barroquismo" en la repetición interminable de nombres, es apenas un esbozo de querer presentar la sentencia de Lampedusa: "cambiar todo para permanecer igual". Es decir, las situaciones se repiten. Ya Úrsula, la matriarca se da cuenta de que el tiempo es circular. "El tiempo no pasaba, sino que se movía en círculos", -sentenció. También la otra matriarca, la execrada, la pitonisa de las cartas, Pilar Ternera, luz y refugio de los varones Buendía, no tenía necesidad de leerle el futuro a cualquiera de ellos. De antemano conocía los secretos de esa generación, porque era consciente de que su destino era un engranaje repetitivo, desde el abuelo primigenio hasta el último Aureliano. Sobre éste, hay que destacar que fue el único sobreviviente, puesto que al leer las crónicas escritas por Melquíades un siglo atrás, se da cuenta que es un personaje de ficción creado por el alquimista y mago, encerrado en la ciudad de los espejismos, con la misión final de descifrar los viejos pergaminos del destino.

He aquí la grandeza de la novela, en mi modesta opinión: el tiempo juega con los personajes. Ya Melquíades cuando puso un pie en Macondo por vez primera, traía consigo su apocalíptica profecía: el fin de la estirpe.Pero, aunque conocedor del trágico final, no podía cambiar el curso de los acontecimientos. Acá estos se presentan lineales, continuos, sin retroceso. Pero dentro de la centuria histórica transcurren desplazamientos asincrónicos y anacrónicos, que obedecen a una perfecta topología matemática: la coexistencia de personajes de diferentes épocas en el polvoriento tiempo y espacio detenidos en Macondo.

 

 

     " Habent sua fata libelli"

 

Ildefonso

Febrero de 2013

 

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