¿Qué hace que el cielo sea azul?


     Las vastas regiones del espacio exterior están sumidas en la oscuridad. Lo que nosotros llamamos cielo es la atmósfera que rodea a la Tierra, la región del espacio observable a simple vista. Al levantar la mirada hacia la gran expansión celeste, muchas personas se han preguntado: “¿Por qué es azul el cielo?”. ¿Por qué no es violeta, verde, amarillo, naranja o rojo, los otros colores fundamentales del espectro solar?


     Las ondas de la luz solar son de diferentes longitudes, y cada longitud de onda corresponde a un color del espectro. Las ondas del rojo son las más largas, mientras que las del azul y el violeta, las más cortas. Las moléculas de gas de nuestra atmósfera difractan o dispersan mejor las longitudes de onda más cortas (que corresponden al azul) que las más largas (correspondientes al rojo)—. Por esta razón, cuando el cielo está despejado, es de color azul. Además, el aire que rodea la Tierra, con sus innumerables partículas sólidas en suspensión, como el polvo, dispersa la luz de tal forma que da una sensación de luminosidad, como si se tratase del reflejo de un espejo.


     Por otro lado, cuando el Sol está cerca del horizonte, sus rayos atraviesan una distancia mucho mayor dentro de la atmósfera hasta llegar al ojo y, como las ondas más largas penetran mejor que las cortas, el cielo se tiñe de un tono anaranjado subido y de rojo. Además, las partículas sólidas suspendidas en el aire acentúan ese efecto de enrojecimiento. De manera similar, cuando el cielo está cubierto de humo o de nubes espesas, se difractan ondas de todos los colores, y por eso el cielo se ve gris.

La majestuosa manifestación del uso que Dios da a la luz en los cielos físicos nos recuerda las palabras del salmista: “Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando”. (Salmo 19:1.)

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