Cada día estoy más convencida de que los chollos en las rebajas no existen. Los comerciantes no son tontos y, en periodos de rebajas, se dedican a deshacerse de productos que ni les interesan a ellos ni nos interesan mucho a los compradores. Pero caes en la trampa de los bajos precios. Entras en las tiendas pro mirar y sales con unos productos que no necesitas.

Cuando te das cuenta de que los chollos en las rebajas brillan por su ausencia es cuando vas buscando un producto concreto. Yo iba el pasado sábado buscando unas botas. No las encontré rebajadas, al contrario. En muchas zapaterías habían subido los precios aprovechando que estos días llueve como cuando Noe fue salvado por Dios con una lancha.

Sé que no encontraré las botas que estoy buscando a un precio rebajado. Por eso pasó de ir de rebajas estos días. Me niego a picar el anzuelo de los precios rebajados estratégicamente en productos que no necesito, pero que sé que acabaría comprando porque un precio rebajado es para las compradoras compulsivas como yo como un caramelo para un niño. La manera más eficiente de no picar el anzuelo de los precios rebajados es no entrar en las tiendas que proclaman las rebajas con grandes carteles en sus escaparates.

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