Llegan las fiestas de Navidad y los miedos de muchas que tememos encontrarnos con toda la familia alrededor de una mesa. ¿Qué hacer para que la reunión sea llevadera? Yo soy un mar de dudas en este caso. Por eso he probado de todo para evitar que la suegra borde me saque temas de los que no me apetece hablar. Lo que no voy a volver a probar serán los chistes de Navidad.

Hace comos dos años invité a mi mesa de Nochebuena a una amiga que tenía el cometido de animar la sobremesa con unos chistes. No fue una buena idea. Todos se apuntaron a decir chistes y mi cabeza casi estalla. No aguanto el mal gusto.

Los chistes son como las bromas: dan juego para decir lo que no se debe decir y para que muchos se sientan molestos con a gracia de turno. Yo soy de las primeras en sentirme molesta. Los chistes verdes los odio por machistas. Los chistes de Jaimito me aburren. Los chistes ingeniosos para otros no suelen ser ingeniosos para mí.

En consecuencia, os recomiendo prohibir los chistes en Navidad en vuestras mesas de comidas familiares. Son capaces de inventar sobre la marcha un chiste en el que anuncien los cuernos que le pone tu suegro a tu suegra y, lo que se suponía que era una fiesta feliz, acaba como el rosario de la aurora.

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