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Chemical attraction

Estaba parado y apoyado en el alféizar de la ventana del segundo piso de mi cuarto. Miraba hacia la calle por si ocurría algo interesante. Era mediodía, había poco tránsito, y de vez en cuando pasaba la gente por al frente de mi casa; todo en orden. Pero de pronto, una muchacha muy hermosa de aspecto, qué tenía los ojos azules, se acercó a la reja de mi casa dispuesta a tocar el timbre. La miré fijamente por unos segundos hasta que de pronto me escondí porque ella me miró. Era tan hermosa que me dio timidez en poder volver a verla. Entonces escuche que mi mamá la invitaba a pasar. Me agaché sigilosamente dispuesto a escuchar la conversación de mi mamá con la chica.

—Mucho gusto —dijo una voz suave y dulce—. Mi nombre es Javiera y yo soy la niñera que me contrató.

—Encantada de conocerte Javiera —dijo mi mamá—. Yo soy la madre de Lucas. Pasa, toma asiento.

Después de que conversaron un buen rato de temas que a mí no me interesan (temas de mujeres), mi madre le pidió que me vigilara al ciento por ciento. Luego se despidió de ella y con un fuerte grito se despidió de mi, y yo la despedí de igual manera, ella se fue. De aquí en adelante mi vida dio un cambio radical de trescientos sesenta grados. Una chica muy hermosa de ojos azules me iba a estar cuidando, mientras que yo solo soy un chico de diecisiete años y más tímido que un conejo, iba a estar muy nervioso. Después de un par de segundos, tomé toda mi valentía y me dispuse a bajar las escaleras como todo un caballero, dispuesto a saludar a Javiera, la hermosa chica de los ojos azules.

—Hola, mucho gusto —la saludé cordialmente con un beso en la mejilla— mi nombre es Lucas.

—Mucho gusto, —dijo ella con su suave y delicada voz— sé que te llamas Lucas. Por hoy seré tu niñera así te pido que seas obediente conmigo.

Me reí nerviosamente.

Mientras veía el televisor, ella estaba cocinando algo para el almuerzo, pero de pronto, sin querer comencé a mirarla demasiado y ella también hacia mi; entonces cada vez que nos mirábamos fijamente inmediatamente mirábamos a otra parte. Entonces apague el televisor y fui casi corriendo por la escalera directo a mi cuarto. Una vez que llegué, tomé mi celular y llamé a un amigo que era experto en temas del amor.

—Aló —contestó mi amigo.

—Hola Francisco —le decía en voz baja —. necesito que me respondas una pregunta.

—Si claro, dale.

—Lo que pasa es que tengo una niñera en mi casa que me mira mucho. Y cada vez que nos miramos, ella mira para el otro lado y yo también hago lo mismo. ¿Por qué pasa eso?

—jajajajajajaja. Compadre, tu niñera está loca por ti, le gustas; y ti también te gusta.

—Muchas gracias por el favor.

—De nada compadre.

Colgó el celular. No lo podía creer. Mis oídos no daban crédito de lo que había escuchado. Fue en ese entonces que comencé a tomar coraje y valentía y dispuse a tener una relación más allá con Javiera.

Al rato siguiente me encontraba con ella almorzando. Había preparado un rico "chop suey". No dijimos n una sola palabra hasta que terminamos de almorzar. No sabía como entablar una conversación, pero ella fue la que empezó.

—¿Cómo es que un chico de diecisiete años tiene que estar al cuidado de una niñera?

—Lo que pasa —la dije en tono serio— es que mi mamá no confía para nada en mí. No he sido un buen hijo.

—¿Rebelde sin causa?

—Digamos que sí —le dije mirando hacia arriba.

Ella comenzó a mirarme con otros ojos, como si estuviese interesada de mí.

—Y tú —dijo con una mirada de algo más que interesada —¿Has tenido alguna novia mayor que tú?

La pregunta era tan indirecta y tan sutil que titubeé por unos segundos.

—No, nunca —finalicé desviando la mirada.

—Bueno, deja lavar los platos y luego conversamos más cómodos en el living.

Asentí. Después que ordene la mesa y ella lavara los platos, nos fuimos a sentar al living. No podía creer lo que estaba sucediendo; era claro de un indicio de atracción química, algo que no ocurre todos los días y está claro que oportunidades únicas como esta no se podía desperdiciar. Tenía que ir con cuidado con mis palabras y movimientos que hacía, esto era similar a un juego de ajedrez; muevo las piezas correctamente y... Jaque Mate.

—Dime Lucas —comenzó ella —, ¿Qué edad crees que tengo?

Encogí los hombros e hice una mueca de que no sabía.

—Puede que tengas... Em... ¿Veinte?

—Es correcto —dijo con una leve sonrisa —. Quisiera conocerte un poco más porque te encuentro una persona distinta al resto.

—te refieres porque soy un "rebelde sin causa"

—No es eso, es que —dijo en tono titubeante— ... siento una leve fuerza química de atracción.

Casi me dio un ataque al corazón por lo último que me dijo. Nunca en mi vida me habían dicho eso. Estaba claro que estaba más nervioso que nunca.

—Javiera —dije entrecortadamente y mirando hacia abajo —soy una persona muy tímida y me cuesta expresarme.

—¿También te atraigo no es cierto?

—Sí —dije murmurando.

De pronto, empieza acercar su cara lentamente hacia la mía, y me da un suave y tibio beso en mi boca, que no duro mucho tiempo, después, me dio un fuerte abrazo.

Cuando ya estaba atardeciendo mi madre todavía no llegaba, así que nos quedamos conversando por muchas horas de temas diversos, la mayoría de las veces, Javiera se reía mucho por las locuras anécdotas que tenía. Entre ellas le conté que una vez mis amigos me robaron la mochila cuando me pillaron desapercibido; entonces de tanto buscarlo por el colegio al final lo encontré en el basurero del baño de las chicas, obviamente lo pensé muchas veces antes de entrar. Y cuando entré y saqué la mochila del basurero me caí justo en la entrada del baño porque me resbalé en el charco de agua que había en el umbral. Entonces pese a la caída que tuve al estilo "Charlie Brown" todo el colegio se rió. Eso fue unos de mis peores recuerdos. Pero al fin al cabo hice reír mucho a Javiera. De pronto, el teléfono comenzó a sonar.

—Aló —contesto Javiera —. Ya... Si claro, no hay problema... Bueno. Adiós.

—¿Quien era?

—Era tu mamá avisando que iba a llegar un poco tarde.

—¿Qué tan tarde?

—Como a las doce y media o quizás a las una de la mañana. ¿Sabes adonde fue?

—Hacer una "diligencia". —finalicé haciendo un entrecomillas con los dedos.

Ya era las diez en punto de la noche; estaba de lo más bien con Javiera viendo una película de terror, cuando de pronto, la luz se cortó justo en el momento exacto cuando la película mostraba una escena de pánico. Así que ambos gritamos al unísono. Teníamos que hacer algo urgente para ver luz, así que buscamos velas por todos los rincones de la casa usando el tacto y la luz de mi celular pero no había ni linterna si quiera. Entonces de tanto buscar nos aburrimos y nos sentamos en mi cama con esa masa de oscuridad eterna que ni siquiera podíamos ver la palma de la mano. De pronto, se escucha unos pasos en el piso inferior.

—¿Mamá eres tú?

No respondía. Volví hacer la misma pregunta pero más fuerte. pero no respondió.

—Debe ser un ladrón —dijo Javiera asustada —. O a lo mejor...

—Un demonio —dije en tono serio —. Voy a bajar.

—No Lucas no lo hagas. —finalizó abrazándome.

—Tranquila, estaré bien, te lo prometo. —finalicé dándole un tierno beso en su boca.

—Te quiero.

—Y yo a ti.

 

Entonces me paré y bajé por las escaleras guiándome por la tenue luz de mi celular.

Una vez abajo, apenas podía distinguir las cosas que había en el mueble ya que era tan tenue la luz de mi celular que el alcance de la luz no superaba los dos metros. De pronto, escuché los pasos que se dirigían a la cocina; no podía juzgar inmediatamente si se tratara de una persona o un ente desconocido. Y a pesar de que las cosas estaban empeorando, igual estaba contento, ya que era la primera vez que tenía una atracción química. De eso se trata la atracción química, que dos personas se atraigan como dos polos opuestos sin haberse conocido antes; pero la única desventaja es que no dura para siempre a menos que ambos se enamoren.

Cuando me había acercado al umbral de la puerta de la cocina, alargué mi brazo para ver un poco más distanciado con la tenue luz, y lo más impactante fue que la cocina estaba completamente deshabitada; pero de pronto escuche susurrar la voz de mi mamá.

—Hijo por favor ven.

Muy asustado salí del umbral y me dirigí a la cocina que estaba a mi derecha, de pronto, una persona en miniatura salió del sofá y se dirigió a mi. Y en menos de un segundo, salí corriendo y gritando a todo pulmón derechito a mi pieza. Subí casi tropezando por las escaleras y llegue jadeando a mi pieza, e inmediatamente Javiera se me acerco con una cara muy pálida.

—¿Qué paso? —me preguntó con una vos quebrada.

—Vi a un duendecito acercándose hacia mí —le dije muy asustado —¿Y a ti qué te pasó?

—Unos ojos rojos que estaban como a dos metros del suelo pasó al frente de tu pieza y luego bajó.

De repente, la luz volvió.

—Bajemos —le dije —supuestamente escuché la voz de mi madre que estaba en el baño.

Ella asintió y me siguió.

Cuando bajamos por las escaleras nos dirigimos al baño caminando de la mano con nuestros dedos entrelazados. Ya el duendecito no estaba, quizá era imaginación mía o tal vez no. Cuando llegamos a la puerta del baño vi que estaba un poco junta; así que la abrí de una sola patada... Y no había nadie.

Mis ojos y mi entendimiento no daban crédito de lo que estaba ocurriendo. Todo era una enorme confusión y más encima ocurría muy rápidamente; como si el tiempo apretara el acelerador. Me senté con ella en el sillón, vi mi reloj de pulsera y marcaban las... ¿Ocho con cuarenta de la noche?. No espera. Las cinco y media. Ahora son las ¿Tres y cuarto?. Algo andaba mal, mi reloj de forma variable cambiaba aleatoriamente los números ¡Se volvió loco! Ya no sabía lo que estaba ocurriendo; intenté conversar con Javiera pero no me respondía, no me hacía caso. De pronto, me mira fijamente, se levanta y se me acerca dispuesta a ahorcarme; pero logré evadirla y salí despavorido de la casa. Corrí lo mas lejos que pude y logré llegar a una plaza deshabitada; menos mal que perdí de vista a Javiera porque iba caminando lentamente detrás mío. Después miré la luna y me dio más pavor porque la luna se estaba ensangrentando, y las gotas de sangre solo llegaban hasta el firmamento y ahí se desintegraban. Entonces de repente una espesa neblina comienza a cubrirlo todo, ya no podía ver lo que estaba al frente mío y más aún para empeorar la situación, se cortó la luz otra vez. Entonces me quedé quieto y cerré los ojos para concentrar mi oídos y estar listo por si escuchaba cualquier amenaza. Pero de repente, escuché unos leves pasos que se dirigían hacia mí, entonces sin pensarlo dos veces, corrí hacia donde escuché los pasos gritando y con mi brazo derecho lo extendí encerrando mi puño, dispuesto a pegarle. Justo en ese momento, una luz brillante cegó mis ojos y caí de bruces.

Desperté en mi cama sudando y con mucho calor en una cálida mañana con un sol abrasador; entonces comprendí que todo lo acontecido era un sueño. El sueño había parecido tan realista que me lo creí todo, fue entonces que sentí una profunda tristeza porque la "atracción química" que tuve había sido en vano y Javiera solo era parte de mi sueño. Pero mi historia no acababa ahí. Entonces me levanté y con pijama bajé a la cocina a tomar mi desayuno, pero cuando llegué a la mesita de la cocina encontré una nota escrita por mi madre; la tome y la leí calladamente.

Hijo: Tuve que hacer una diligencia urgente al centro, llegaré como a las diez de la noche. Pero no te preocupes, ya llamé a la hija de una amiga para que te venga a cuidar a eso como a las una. Besos.

Después de haberla leído un par de veces, abrí mucho mis ojos por la impresión. ¿Acaso tuve una premonición? Si la hija de una de las amigas de mi madre verdaderamente fuera Javiera, y más aún tuviera la misma apariencia y los mismos ojos azules como los de la chica de mis sueños; positivamente caería de bruces. Entonces, al pasar los minutos tranquilamente desayuné, me cambié de ropa e hice el aseo en mi cuarto dispuesto a esperar con toda la calma posible a la chica misteriosa. Pero cada minuto que pasaba, más me iba asustando y cada vez mi corazón latía con más velocidad que nunca. Y miraba el reloj análogo del living para esperar aquel acontecimiento con mucho susto. Intentaba tranquilizarme. Pero no podía. Cuando el reloj análogo mural del living miraba las doce y media y mi reloj digital las doce y treintaicinco minutos, el timbre sonó. Siempre tenía que hacerme la idea que el sueño es la fantasía de la realidad, así que muy despacio me acerque hacia la puerta. Abrí con cuidado la puerta y me asomé hacia el portón de afuera. La mujer que estaba afuera era una mujer de piel blanca, pelo castaño oscuro y unos ojos azules como el zafiro. Su tierno pelo le llegaba hasta la cintura y a era un poco más alta que yo. La hice pasar y la invité a sentarse en el sillón. Le pregunté su nombre y con una voz muy suave me dijo: Javiera

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