Chapas, el ciclismo de los niños.

 

Chapas de Coca-Cola, de Fanta naranja o limón, de San Miguel o de Mahou, todas valían para hacer un pelotón de chapas, que con un poco de paciencia, y mucha imaginación, se convertían en un pelotón ciclista. Recortar unas cuantas fotos de periódico, de la revista de turno, o en alguna ocasión de los cromos repes y con un poquito de maña tenemos todo listo para emular a los ciclistas de la tele.

Nos falta la carretera, y qué mejor para ello que un bordillo de la acera de delante de casa, es la anchura justa, y si tenemos suerte que que la calle no sea completamente llana, tendremos incluidos los puertos de montaña. En el peor de los casos, con una tiza y un poco de espacio donde dibujar, también se podía hacer una carretera por donde correr con nuestros queridísimos juguetes. Imaginación y ganas de pasárselo bien era lo que hacia falta, y con poca cosa, se lograba.

Aún me acuerdo de Juan, el dueño del bar de la esquina, que según me veía entrar por la puerta ya me tenía preparada una bolsita con las chapas que había podido separar de las ventas del día anterior; qué tiempos aquellos, en los que las tardes se hacían mas cortas si la lluvia me permitía salir a la calle a poder echar una etapita con mis recordadas chapas.

Unas chapas de refrascos y unas fotos eran suficientes para organizar una tarde de diversión jugando a ser ciclistas

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