El hombre se cree libre, ¿Pero no está más bien cautivo como un pájaro en su jaula? Al desobedecer a Dios se colocó bajo el dominio despiadado de Satanás. Mas Jesús vino a este mundo para destruir las obras del diablo, para proclamar “libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel” (Isaías 61:1). Convertirse, recibirle como Salvador y Señor, no es otra cosa que cambiar de dueño. Es pasar del dominio de un amo cruel a un Amo dulce y humilde, infinitamente cariñoso y que merece ser amado (Mateo 11:28-30).

El apóstol Pablo y Silas, aunque estaban encarcelados en Filipos, cantaban y oraban (Hechos 16:23-25). Su fe triunfaba sobre sus sufrimientos. Todas las circunstancias de su vida, atravesadas con su Maestro, llegaron a ser fuente de paz y de gozo. Esta es la verdadera libertad.

El primer texto bíblico del encabezamiento nos invita a no dejarnos esclavizar por la atracción de las riquezas, del poder, de una vida hiperactiva, del sexo…

Todas estas son trampas tendidas por Satanás, quien quiere arruinar no nuestra alma, pues no puede hacerlo, sino nuestra vida cristiana en la tierra.

El secreto para escapar a sus ardides es conocer la gracia de Dios, la cual nos exhorta a esto: “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12).

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