CASO KENNETH ARNOLD

El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un hombre de negocios de 32 años, de Boice, Idaho, volaba en un avión monomotor a 2,800 metros de altura sobre las montañas Cascade, en el estado de Washington. Era una hermosa tarde soleada, y Arnold estaba admirando la espléndida vista cuando súbitamente un resplandor blanco azulado interrumpió su ensoñación. "¡Una explosión!", pensó de inmediato. Parecía cercana. El reloj del panel de instrumentos marcaba las 3 menos cinco minutos. Su corazón latía mientras esperaba el ruido y sacudón del estallido. Los segundos pasaron y nada ocurrió.

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Arnold examinó el cielo en todas direcciones. "El único avión real que vi -recordó más tarde- fue un DC-4 algo más atrás a mi izquierda, aparentemente en su ruta San Francisco-Seattle". Empezó a respirar con más facilidad y, entonces, otra brillante llamarada blanca y azul iluminó la cabina. Esta vez vio que la luz venía del norte, delante de su avión. En la distancia distinguió una formación de deslumbrantes objetos que pasaban rasando los picos a increíble velocidad. Arnold supuso que se trataba de un escuadrón de los nuevos cazas jets de la Fuerza Aérea que estaban empezando a ponerse en servicio.

La distancia era difícil de establecer, pero pensó que podrían estar a unos 30 kilómetros. Nueve de ellos volaban en estrecho escalonamiento. Cada pocos segundos, alguno se hundía o inclinaba ligeramente reflejando en forma enceguecedora la luz solar sobre su superficie brillante como un espejo. Arnold calculó que su envergadura era de unos 13 a 15 metros, y trató de medir su velocidad. Cuando el primer objeto pasó vertiginosamente sobre el Monte Rainier, su reloj marcaba exactamente las 3 menos un minuto. Cuando el último pasó rasando la cima del Monte Adams el tiempo transcurrido fue de un minuto 42 segundos.

Arnold examinó su mapa: los picos estaban separados entre sí por 75,6 kilómetros. Hizo un cálculo: la velocidad era de 2.664.5 kilómetros por hora, cerca de tres veces mayor que la de cualquier jet que hubiera oído hablar hasta entonces. Arnold aterrizó en Yakima a eso de las 4 de la tarde y corrió a contarle lo ocurrido a su amigo Al Baxter, gerente de Central Aircraft. Baxter llamó a varios de sus pilotos para que escucharan el sorprendente relato. Uno de ellos pensó que los objetos podrían ser una salva de misiles teleguiados provenientes de una pista de lanzamiento cercana. ¿Pero por qué las inclinaciones y giros? Tales capacidades no se ajustaban a ningún cohete conocido.

Un rato más tarde, Arnold despegó para dirigirse a Pendleton, Oregon. La noticia de su experiencia lo había precedido, y un enjambre de periodistas rodeó su avión en el aeropuerto. Cuando relató su historia, fue abrumado por preguntas, algunas de ellas suspicaces, como poniendo en duda lo referido. Pero él insistió en sus datos y al final hasta los escépticos se sintieron impresionados. Arnold parecía el más honesto de los ciudadanos. Era un exitoso vendedor de equipos contra incendios y un experimentado piloto de búsqueda y rescate.

Había acumulado más de 4.000 horas en el aire y había volado sobre las montañas Cascades muchas veces. Cuando se le pidió que describiera a los misteriosos objetos, luchó por encontrar las palabras adecuadas. Pensaba que parecían lanchas de carrera en aguas revueltas o tal vez la cola de un barrilete llevada por el viento. Después dijo: "Volaban como lo haría un platillo si uno lo lanzara por la superficie del agua".

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Algunos periodistas insistieron en cuestionar los cálculos de Arnold, preguntándose sobre la exactitud de los datos. No había usado ningún instrumento especial, sólo la vista. Aun así, el cálculo más bajo de velocidad era de 2.172 kilómetros por hora. Los objetos no podían ser jets, y no volaban como misiles. La mayoría de los que escucharon a Ken Arnold ese día se convencieron de que había visto algo en extremo inusual, algo que tal vez no era de este mundo. Era una idea fantasma, y algo alarmante.

El incidente de las Cascades provocó considerables debates y comentarios, algunos de ellos burlones, entre los científicos. Como Arnold era un hombre creíble, los críticos se centraron en la posibilidad de un error o ilusión honestos. Un científico señaló que el ojo humano no tiene poder de resolución para distinguir objetos de 13 a 15 metros de diámetro a una distancia de 30 kilómetros. Arnold debió equivocar la distancia: los objetos que vio debieron haber estado mucho más cerca. Probablemente se trataba de una formación de aviones a reacción militares que volaban a velocidad subsónica, lo que parecería fantásticamente rápido a corta distancia. Otro argumentó que como Arnold había establecido las distancias usando las montañas como puntos de referencia fijos, su estimación del tamaño debía de estar equivocada; los objetos eran mucho más grandes de lo que había creído, bombarderos probablemente. La Fuerza Aérea no negó ni admitió tener aviones en el aire cerca de las Cascades en aquel momento.

Los militares meramente descartaron el relato como una ilusión óptica, un espejismo en el cual los picos de las montañas parecían flotar por encima de la Tierra como consecuencia de una capa de aire caliente. Sea lo que fuere lo que Arnold vio o no vio, su relato marcó el comienzo de lo que llegó a conocerse como la moderna era del platillo volador. En los días siguientes al 24 de junio, por lo menos otras veinte personas en puntos ampliamente separados del país dijeron haber visto objetos similares en el cielo. Según se informó, algunos de los avistamientos ocurrieron el mismo día del encuentro de Arnold. Otros lo habían precedido. Unos pocos se dieron uno o dos días después. En todo caso, un historiador de la época escribió: "Las compuertas estaban ahora abiertas, y un aluvión de noticias semejantes se produjo a continuación. Pero no necesitó un hombre del carácter y profunda convicción de Arnold para abrirla".

Lo que siguió fue un fenómeno único. En aproximadamente los cinco años siguientes se informó sobre miles y miles de avistamientos de objetos voladores no identificados. Llegaban en oleadas, después de períodos de relativa tranquilidad, y en un sólo mes podían producirse cientos de informes. Los ovnis se convirtieron en un tema común en la prensa, y entre actores cómicos y autores de historietas. Y a medida que los ovnis empezaron a ocupar la conciencia del público, millones de palabras se escribían sobre ellos, y los científicos entablaban largos y a veces acalorados debates sobre el tema. ¿Podrían ser reales los ovnis? Si la respuesta es afirmativa, ¿qué inteligencia hay detrás de ellos? ¿Y qué busca esa inteligencia? ¿Es amistosa? ¿Simplemente curiosa?

¿De dónde vienen esas cosas? ¿Se originaron en la Tierra? ¿O son máquinas y criaturas de algún lugar que está más allá, en alguna de esas misteriosas estrellas titilantes en la negra vastedad del espacio?

Los que creían verdaderamente en esos extraños objetos le encontraron sentido a casi todos los relatos, mientras que los escépticos totales se negaron a dar crédito aún a sus propios ojos. La Fuerza Aérea de Estados Unidos, guardiana de los cielos de su país, luchó durante años con el fenómeno, quitándole importancia a los ovnis públicamente, pero analizando al mismo tiempo los relatos sobre ellos, en particular los de sus propias tripulaciones aéreas, altamente capacitadas. Las investigaciones se iniciaron, interrumpieron e iniciaron nuevamente bajo varias clasificaciones de seguridad. Algunas veces los militares cooperaron con los investigadores privados. Otras, se negaron a divulgar cualquier información sobre los ovnis. Subyacía el constante temor de que tal vez algunos de estos objetos inexplicables eran armas secretas soviéticas.

A medida que pasaba el tiempo, Washington pareció llegar a la conclusión de que el tenaz furor de los ovnis era en sí mismo un mayor peligro para la tranquilidad y seguridad públicas que los propios ovnis. De manera creciente, la Fuerza Aérea y otras agencias gubernamentales se esforzaron por negar, ridiculizar, explicar naturalmente o descartar en alguna otra forma el fenómeno ovni. La campaña estuvo marcada por confusiones, contradicciones y, a veces, descarada falsedad. Y fracasó en su propósito. Los incansables ovnis continuaron intrigando al público norteamericano con una sucesión de visitas cada vez más fascinantes y perturbadoras.

Secuestradores del espacio

"Andábamos en el auto por un camino alquitranado cuando de repente, sin ningún tipo de advertencia o motivo, Barney se detuvo y se desvió abruptamente de la ruta". Así describe Betty Hill, hablando bajo hipnosis, el primero de una serie de hechos extraños que comenzaron una noche de septiembre de 1961 cuando ella y su esposo andaban en un auto por la zona rural de New Hampshire.

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Mientras que algunas personas informan haber tenido encuentros con extraterrestres en sus casas, la mayoría dice que los tuvo mientras viajaba en auto, de noche, por caminos oscuros y desolados. Estas personas creen ver un objeto luminoso volando sobre el auto o revoloteando en la distancia, o sienten que están siendo observadas. Cuando prosiguen su viaje, el volante parece estar fuera del control del conductor; una fuerza externa guía al auto hasta que finalmente se desvía del camino en forma abrupta.

Este es el recuerdo que tiene Steven Kilburn (un estudiante de la Universidad de Maryland) de su supuesto secuestro en 1973. Bajo hipnosis, describió: "dos luces en el cielo, deslizándose sobre la ruta, por encima de los árboles. Veo la sombra de algo. Estoy bajando por la colina y me salgo del camino. En realidad no quiero hacerlo, pero el auto se fue hacia la derecha, como si lo atrajera un imán gigante".

Justo antes que el auto de una víctima se detenga, parece que el sistema eléctrico deja de funcionar en forma misteriosa; la radio hace descarga estática y luego se apaga el motor. El conductor intenta volver a encenderlo con desesperación, pero es en vano. Algunas víctimas dicen haberse quedado dentro del auto, otras salieron. A pesar de su terror, la mayoría se queda paralizada en el lugar, sin poder obedecer a sus impulsos básicos de autoprotección para huir o pedir ayuda. Después de que su auto se detuvo en la banquina de un camino desierto de Maryland, Steven Kilburn observó perplejo cómo tres figuras se acercaban desde un campo cercano. "Son realmente extraños", recordó bajo hipnosis. "Son pequeños, por debajo de mi hombro. Veo los rostros y son blancos, como la tiza, se ven como si estuvieran hechos de goma. Hay uno que es el jefe. Sus ojos son realmente brillantes, parecen negros. No veo las pupilas. Su cabeza no es redonda, es como una lágrima invertida. Tiene una nariz, como una pequeña prominencia con dos pequeños agujeros, como hechos con un alfiler". 

La mayoría de la gente que dice haber sido secuestrada ha dicho que sus raptores extraterrestres son de baja estatura (entre 90 centímetros y 1,5 metros) pero destacan que el líder del grupo es un poco más alto. Algunos hablan de seres extraterrestres con grandes cabezas de forma redonda sobre cuerpos pequeños, ojos con forma de ranura, y dedos y manos largos y delgados. Todas las víctimas informaban haber sentido miedo a medida que los seres de aspecto extraño se acercaban. Pero también dicen que los invadió un entumecimiento o parálisis casi tranquilizante, tal vez impuesto por los extraterrestres.

Charles E. Hickson, de 45 años, capataz en un astillero, estaba pescando una noche de verano en 1973 cuando él y un compañero observaron un objeto oval alargado con brillantes luces azules. "El objeto (dijo) volaba a unos 60 centímetros del piso, luego pareció abrirse y tres criaturas salieron flotando hacia nosotros. ¡Sentí tanto miedo, no podía creer lo que estaba sucediendo!" Su amigo se desmayó ante esa imagen; Hickson recuerda haber permanecido de pie, con sus extremidades completamente paralizadas. Luego, recuerda que uno de los extraterrestres lo alzó y el grupo se deslizó hacia el interior de la nave espacial. Whitley Strieber no pudo explicar con exactitud cómo llegó al interior de una nave espacial la noche del 26 de diciembre de 1985. En un momento, dijo, se encontró en una zona de bosques y dos extraterrestres lo tenían cautivo; luego fue levantado del suelo. "Vi las ramas pasar frente a mi rostro, después las copas de los árboles. Luego un piso gris oscureció mi visión, moviéndose debajo de mis pies como un iris que se cierra". Pronto se encontró sobre una mesa en "una pequeña sala de operaciones", rodeado por seres de otro mundo. 

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La mayoría de las personas que informan sobre sus secuestros por parte de extraterrestres recuerda haber sido llevada a una habitación bien iluminada y haber sido sometida a un doloroso examen físico. Charles Hickson dijo que examinaron su cuerpo con un instrumento que parecía un gran ojo. Betty Hill recordó que se le extrajeron pedacitos de piel de un brazo, muestras de cabello, cera de los oídos y que le cortaron uñas de los dedos.

Los hombres hablaron de experiencias paralelas. Algunos describen relaciones sexuales por la fuerza con extraterrestres de sexo femenino, y varios recuerdan haber sido manipulados con un aparato para extraer muestras de esperma. Pero los casos más desconcertantes involucran a jóvenes mujeres que, durante supuestos encuentros con extraterrestres, son sometidas a una especie de inseminación artificial. Quedan embarazadas, aunque más tarde descubren que ya no llevan al bebé. Bajo hipnosis, estas mujeres recuerdan un segundo encuentro con extraterrestres y otro procedimiento ginecológico. Los investigadores de los secuestros realizados por los ovnis creen que, en esa oportunidad, se extrae el feto híbrido.

CASO MANISES ¿EXPLICADO?

"Tratar de resumirte más de doscientos folios de mi trabajo puede dar origen a confusión..." o, "sé que todo esto puede parecer poco creíble..." fueron algunas de las frases con las que me atendió, a mediados del mes de enero, el Ingeniero Técnico Agrícola Juan Antonio Fernández Peris, autor de un exhaustivo trabajo sobre el denominado "Incidente Manises" que recientemente ha sido galardonado por la Fundación Anomalía con el premio Ricardo Caruncho.

Fernández Peris inició sus pesquisas en el campo de la ufología en 1974 y publicó junto a Vicente Juan Ballester Olmos la Enciclopedia de los Encuentros Cercanos con OVNIS. Era lógico que el investigador valenciano me hablara con reservas pues conocía mi postura con respecto a su trabajo después de que en noviembre de 1994, tuviera conocimiento de algunas de sus conclusiones. En aquél entonces se me dijo que no era el momento oportuno de darlas a conocer pero me adelantaron que el incidente había sido producido por "una cadena de despropósitos"(sic).

Cuatro años más tarde sigo sin disponer del texto íntegro del informe -a pesar de haber sido solicitado oportunamente- aunque, en esta ocasión, sí dispongo de las opiniones de primera mano de su autor quien, desde el principio, aseguró no querer convencer a nadie con los resultados de su estudio. Y no es para menos ya que Fernández Peris atribuye "el origen del fenómeno a una confusión. Por un lado -me explica- las excelentes condiciones meteorológicas que facilitaban la visibilidad a muchos kilómetros de distancia y, por otra parte, que en 1979 el tema OVNI era un tema de actualidad muy presente en todos los foros. Cualquier luz -añade- era tomada en cuenta como un OVNI. Esta presión sociológica -concluye- es vital para entender mi estudio".

El denominado incidente Manises es, para muchos, uno de los episodios más emblemáticos de la ufología hispana. Un caso que, incluso, llegó al parlamento español y cuya desclasificación en octubre de 1994, lejos de disipar dudas, enturbió -aún más si cabe- las relaciones entre investigadores.

un poco de historia

El 11 de noviembre de 1979 un Super Caravelle de la compañía TAE (Trabajos Aéreos y Enlaces) procedente de Salzburgo y con destino a Tenerife, despegó del aeropuerto de Palma de Mallorca con 109 pasajeros a bordo. A los mandos del avión se hallaba el comandante Javier Lerdo de Tejada, un hombre con catorce años de experiencia y más de ocho mil horas de vuelo. Le acompañaban cinco tripulantes más. En la cabina, como segundo piloto, Ramón Zuazu. Detrás de él Francisco Javier Rodríguez, mecánico del avión y, junto al pasaje, las azafatas y el sobrecargo quienes, debido a las más de cuatro horas de retraso, se disponían a servir la cena a los crispados turistas, alrededor de las once de la noche.

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Obedeciendo el plan de vuelo previsto, el avión se situó a 23.000 pies de altura para, a continuación, tomar contacto con la torre de control de Barcelona quien les acompañaría hasta las inmediaciones de Alicante. El cielo estaba completamente despejado, con buena visibilidad y sin apenas viento. Desde su conexión con Barcelona los pilotos del avión habían notado algo extraño en las comunicaciones. Al parecer había sido detectada una señal en el canal de emergencia que, según el control aéreo de Barcelona, procedía de algún lugar situado a 40 millas al noroeste de Valencia, en la trayectoria del vuelo del TAE. De confirmarse podía haber una embarcación o avión en peligro. Se imponía, pues, prestar atención tanto a la radio como al cielo.

El comandante apagó las luces del habitáculo para prestar mayor atención al exterior. Fue entonces cuando el mecánico del avión pudo divisar dos extrañas luces rojas a la izquierda del vuelo. Miró su reloj: eran las once y ocho minutos. El objeto, según reza en la grabación que llegó a mis manos poco después de forma anónima, se hallaba situado a cuatro o cinco millas y, en cuestión de un par de minutos, empezaron a acosar al avión. Los tripulantes del TAE no podían distinguir estructura alguna sólo percibían las dos luces rojas, de un granate fijo para ser más exactos, sin destellos ni parpadeos. El OVNI seguía aproximándose y Lerdo de Tejada decidió, entonces, comprobar si aquello era inteligente. Ascendió a 28000 pies para dejar atrás aquellas luces pero, inexplicablemente el objeto aceleró mucho más rápido que el avión y se situó a menos de media milla, a unos 700 metros. En riesgo de colisión. Ante semejante maniobra decidió poner rumbo a Valencia y "aterrizar antes de seguir volando con este tío al lado"(sic)

interviene la defensa

Desde Barcelona se efectuó entonces una llamada telefónica al Centro de Operaciones de Sector, para que el radar de Pegaso, situado en Torrejón de Ardoz, Madrid, confirmara la presencia de un objeto no identificado. Pegaso es el centro neurálgico de la defensa nacional. Allí se encuentra el general Jefe de la defensa Aérea. El operador radar no salía de su asombro. Pese a localizar sin dificultad la traza del avión la pantalla del radar no reflejaba rastro alguno del misterioso objeto.

Por su parte -según figura en la página 18 del informe desclasificado por el Ejército- el Escuadrón de vigilancia Aérea de Benidorm, conocido con las siglas EVA 5, logró distinguir hasta cinco objetos entre los nueve mil y los once mil metros. Ahora no había duda, el TAE estaba siendo perseguido no por uno sino por ¡varios OVNIS. Desde tierra más de 40 testigos contemplaron las luces, entre ellos Miguel Morlán, director accidental del Aeropuerto de Manises, quien en contacto telefónico con un comandante del Ejército del Aire supo que se había ordenado un Scramble para interceptar el misterioso objeto.

Poco después de que el TAE tomara tierra, tres luces que no habían sido detectadas por el radar se aproximaron al aeropuerto. Debían de ser tan potentes como las luces anticolisión de un avión. Así lo interpretaron los ingenieros de pista quienes procedieron al encendido de las luces de pista. Finalmente, a las dos de la madrugada el capitán Fernando Cámara se situó en la cabecera de pista de la Base Aérea de los Llanos, en Albacete, a bordo de un caza Mirage F-1, listo para despegar. El avión, en pocos minutos, localizó sobre la vertical de Valencia una luz extraña pero, a pesar de que viajaba a 1000 kilómetros por hora, no consiguió disminuir la distancia con aquel objeto.La luz cambiaba de color y estaba situada a la izquierda de la Luna que ahora se encontraba majestuosa en la bóveda celeste. Al llegar a Valencia, Cámara solicitó incrementar su velocidad a 1.4 de Mach, es decir, a velocidad supersónica. Era la única forma de disminuir la distancia entre aquellas misteriosas luces y el moderno caza de combate.

Fue entonces, al aproximarse, cuando distinguió una forma como de un tronco de cono del que emanaba la luz. El capitán notó, entonces, unas extrañas interferencias. Se parecían a la que días antes había detectado al sobrevolar los buques de la sexta flota norteamericana en unas maniobras en el Mediterráneo. "Aquel objeto –según reconoció más tarde- no daba señal de infrarrojos, es decir, no emitía ninguna fuente de calor. Debía de propulsarse por alguna energía desconocida". La tensión iba en aumento y las molestas interferencias y los blocajes (señales de los dispositivos del avión que avisan cuando se está a tiro de un eventual enemigo) por la derecha y el morro del avión estaban asustando al veterano piloto. El OVNI en pocos segundos aceleró y ganó distancia. El F-1 cambió de rumbo y se dirigió de nuevo hacia la costa. Allí detectó un segundo objeto. Alternaba destellos rojos y verdes y se encontraba estático frente a la costa. Cuando el caza se aproximó, el misterioso objeto aceleró bruscamente en dirección a las Baleares.

Después de una hora y media de persecución estéril y a riesgo de no tener suficiente combustible Cámara puso rumbo a la base. La aventura había terminado.

habla la ufologia critica

"Prácticamente desde el día después del incidente empecé a trabajar en el incidente", me confesó Fernández Peris. La investigación premiada por el Patronato de la Fundación Anomalía en la reunión mantenida en Santander a principios de diciembre de 1998 recoje "mi opinión respecto al caso. No soy amante de polémicas" -sentencia-.

A pesar de su buena voluntad el ingeniero valenciano va a encender con los resultados de la encuesta los ánimos del sector pro-extraterrestre de la ufología porque deduce que "los pilotos del TAE pudieron confundir las luces de la refinería de Escombreras con las luces rojas que motivaron la alarma". Fernández Peris llega a esta conclusión tras estudiar la trayectoria del avión, dirección, altura y del análisis de fotografías aéreas de la propia refinería que muestran las dos torres de combustión que pudieron confundir los pilotos" Pero, me pregunto, ¿cómo dos chimeneas situadas a 500 kilómetros, en Cartagena, son capaces de poner en jaque la defensa nacional? ¿Cómo unos experimentados pilotos primero, el personal del aeropuerto después y un caza del Ejército pueden confundir dos llamaradas con un objeto físico?

Según Fernández Peris cada episodio del incidente no tiene relación con el anterior. Así de simple. Esta línea de investigación es la mantenida, asimismo, por el juez informador del Ejército que, paradójicamente, es el capitán que se hallaba de guardia aquella noche en Manises. "El origen de la confusión -asegura en tono más distendido- fueron las excepcionales condiciones de visibilidad de aquella noche. Las mejores de todo el siglo" que facilitaban la observación de puntos de luz muy lejanos. "Por cálculos trigonométricos desde la posición del avión y el ángulo de visión de la cabina se deduce que la separación angular de las chimeneas, el tamaño de las llamaradas y el diámetro angular coincide con las declaraciones de los testigos". Pero, entonces, ¿Qué persiguió el caza de interceptación?

"Cámara no despegó por las luces de Lerdo de Tejada. -Explica- Lo hizo una hora y media después de que el avión de la TAE aterrizase y nunca alcanzó su objetivo porque éste se hallaba muy lejos". Partiendo de la conversación que figura en el informe del Ejército del Aire "deduzco que estuvo persiguiendo cuerpos del firmamento. Concretamente Vega, Júpiter y las chimeneas de Arczew en Argelia" ¿Y las interferencias que alegó? -pregunté incrédulo "Fernando Cámara fue objeto de una guerra electrónica. Se vio envuelto en contramedidas electrónicas procedentes del buque LHP2 Hiwojima".

algunas contradicciones

Desde el principio los "ufólogos críticos" trataron de relacionar el incidente con la presencia norteamericana en la zona. El 25 de enero de 1980 el periódico "El País" publicaba que "el ovni de Manises pudo ser un caza norteamericano". La información procedía del ufólogo Ballester Olmos quien, tras las oportunas investigaciones, averiguó que acababan de finalizar en Almería las maniobras hispanoamericanas Crisex 79 y que, "coincidiendo con la aparición del OVNI, la unidad Task-Force de la VI Flota americana regresó a su base de la OTAN en Nápoles.

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Por aquellas mismas fechas -aseguró Ballester Olmos- llegó a Valencia, también, el portahelicopteros Iwojima lo que "nos permite pensar que el OVNI pudiera ser un caza que acompañó al avión hasta 30 millas de Valencia por tratarse del límite de las aguas jurisdiccionales españolas". Pero, a pesar de la rotundidad de las afirmaciones, el folio 31 del expediente desclasificado por el Ejército del Aire español es muy preciso. El General en Jefe de la USAF declara que "ningún avión de la Sexta Flota estaba en el aire en el momento del incidente informado por el Caravelle de la TAE y por el piloto del interceptor del Mando Aéreo de Combate. Ningún portador de la Armada americano se hallaba en el área del incidente".

¿Qué pasaba con el radar? ¿Por qué los controladores abrieron las pistas al OVNI?

"Bueno, ahí -reconoce Fernández Peris- hay que hilar muy fino porque en el informe no figuran las horas pero deduzco que las pistas se abrieron, en realidad, al caza de Cámara" Fernández Peris habló personalmente con los controladores civiles Evelio Tabernero y Antonio Bernabeu quienes reconocieron que las luces que observaron a través de los prismáticos eran simples estrellas. "Sirio es la que llamaba más la atención". A la luz de todos estos datos ¿Tenemos explicado el caso Manises? En mi opinión, no. ¿Qué hacemos con las fotografías que obtuvo el contactado Pep Climet y que, posteriormente le fueron requisadas por miembros del ejército en el Bar Menfis de Sóller (Palma de Mallorca)?

¿Cómo interpretar el registro del DISCRIMINADOR DE OBJETOS del EVA 5 que logró distinguir hasta cinco ecos a una altura de 9.000 a 11.000 ft?

¿Qué límites tiene la ineptitud de los pilotos para confundir las luces con las llamas procedentes de un complejo petroquímico? Sólo tú, amigo lector, tienes la respuesta.

CASO CASH-LANDRUM

La noche de diciembre era fría y húmeda, y las dos mujeres de edad mediana habían encendido la calefacción del automóvil, que rodaba por una desértica ruta de Texas. Era poco después de la Navidad de 1980. Las mujeres y el chico de corta edad que las acompañaba habían viajado hasta un pueblo a unos 24 kilómetros de Houston para cenar allí; ahora, mientras volvían a casa, el chico notó algo extraño en el cielo. Una luz deslumbrante brillaba por encima de los pinos.

A medida que se acercaba, la luz se perfiló como un reluciente objeto de la forma de un diamante. De su parte inferior salían llamas. En sus cincuenta y un años, Betty Cash, que conducía el auto, nunca había visto algo así. Tampoco lo había hecho Vickie Landrum, de cincuenta y siete años, quien abrazó estrechamente a su nieto Colby, de siete, cuando el objeto disminuyó la marcha y luego se mantuvo suspendido sobre la ruta como preparándose para aterrizar. Betty Cash detuvo el coche y los tres miraron mudos de asombro. La extraña nave continuó revoloteando a unos 60 metros de distancia mientras emitía un sonido del tipo bipíbip.

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Como la curiosidad superaba al temor, los tres bajaron del auto para ver mejor, aunque el chico, aterrorizado, pronto convenció a su abuela de que retornaran al vehículo. Un intenso calor irradiaba del objeto, lo que obligó a Betty Cash a envolverse la mano en la chaqueta para tomar la manija candente de la puerta.

Pasado un tiempo, la nave comenzó a elevarse y alejarse. Mientras lo hacía, sucedió algo aún más extraño. Un escuadrón de helicópteros -veinte en total, muchos de ellos máquinas grandes, de doble rotor, como los usados para cargas militares- hizo su aparición intentando, en medio de un gran estruendo, rodearlo. Cuando el objeto se alejó a gran velocidad, acompañado por el enjambre de helicópteros, las dos mujeres con el chico trataron de seguirlos con el coche. Desde un ángulo diferente, el buque fantasma se convirtió en un brillante cilindro oblongo de forma de cigarro. Luego se desvaneció, junto con los helicópteros, en la distancia.

Betty Cash dejó a sus pasajeros en casa de éstos y se dirigió a la suya. Para entonces se estaba sintiendo enferma. En las horas siguientes, los tres testigos desarrollaron quemaduras como las de Sol, y tuvieron náuseas y diarrea. Los síntomas de Betty Cash fueron los peores, presumiblemente porque se expuso más tiempo al radiante calor del objeto. Enferma y asustada, buscó ayuda médica y fue hospitalizada durante dos semanas con serias quemaduras. Pero pasaron varios días antes de que los médicos escucharan, de Colby, algo sobre el incidente que precedió a las lesiones del grupo.

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Los investigadores estudiaron al caso durante varios años sin siquiera acercarse a la identificación de la temible nave o rastrear por lo menos el origen de los más mundanos helicópteros. Aunque otros testigos de la zona informaron que ellos también habían visto una luz deslumbrante y helicópteros de doble rotor esa noche, identificando a los más grandes a partir de fotografías como CH-47 Chinooks, todas las bases militares locales negaron haber tenido tales aviones en la región esa noche de diciembre. El gobierno estadounidense negó ser propietario de la brillante aparición. Betty Cash, Vickie Landrum y su nieto se quedaron tan sólo con sus persistentes lesiones y un relato sin terminar.

CASO SUTTON

Billy Ray Taylor tenía sed. Caía la noche, pero el calor de agosto permanecía en las colinas sudoeste de Kentucky. Taylor, de veintiún años, sólo buscaba un trago de agua fresca cuando salió de la casa para ir hasta el aljibe de la granja. Pero en el trayecto vio algo que lo hizo regresar de inmediato a la casa, en un estado de excitación total.

Los once miembros de la familia Sutton, que vivían y trabajaban en la granja, oyeron la historia con descreimiento. Un plato volador contó Billy, una nave rodeada de humo de todos los colores del arco iris, acababa de volar sobre su cabeza y había aterrizado en una hondonada a poca distancia de la casa. Los Sutton se rieron de él. Pero media hora después empezaron a tomarlo un poco más en serio, cuando el perro de la familia comenzó a ladrar y luego se ocultó en un rincón con la cola entre las patas.

Según la historia que narraron después, Taylor y otro adulto, Lucky Sutton, se asomaron a la puerta y vieron una figura luminosa que se aproximaba a la casa, acercándose lo suficiente como para que los dos hombres pudieran apreciarla bien: se trataba de una criatura de un metro de altura con una cabeza redonda de gran tamaño, ojos luminosos de color amarillo y brazos que terminaban en garras que casi tocaban el piso. Sutton y Taylor no se molestaron en darle la bienvenida. Se metieron a la casa y volvieron a salir empuñando una escopeta calibre 20 y un rifle calibre 22.

Cuando la criatura estuvo a unos seis metros de la puerta, Taylor y Sutton dispararon. La figura dio un salto y desapareció. Los dos hombres salieron de la casa y descubrieron una criatura similar sobre el techo. Sutton disparó y el extraño ser se desplomó. Notaron entonces que había un tercer extraterrestre colgado de un arce y volvieron a disparar. La criatura flotó hacia el suelo y huyó con un extraño y desequilibrado andar. Cuando apareció otra criatura a un costado de la casa, Sutton atacó con su escopeta en forma rotunda; los perdigones sonaban como si hubieran pegado contra un balde de metal, y la criatura no se perturbó, aunque se alejó.

Después de un rato, los dos hombres dejaron de disparar. Regresaron a la casa y cuando trataban de calmar a los niños vieron que los extraterrestres espiaban por las ventanas. La aterrorizada familia optó por huir en auto hacia el pueblo cercano de Hopkinsville para informar a la policía. La respuesta oficial fue rápida y detallada. La policía local y estatal y un fotógrafo regresaron a la granja Sutton con la familia y recorrieron el área. Encontraron, según un informe, sólo una mancha luminosa en el sitio en donde supuestamente había caído después de ser volteada del lugar donde se había resguardado. Los investigadores se retiraron minutos después de las dos de la madrugada y la familia volvió a la cama. Pero la tranquilidad no duraría mucho tiempo.

Los extraterrestres regresaron. Insistieron con espiar por las ventanas de la granja, y de nuevo en los campos de Kentucky resonaron los disparos de las armas de los hombres. Las balas y los perdigones produjeron muchos agujeros en los vidrios de las ventanas, pero no pudieron hacer salir sangre del cuerpo de los intrusos de otro mundo. A las 5 y 15 minutos, justo antes del amanecer, según los Sutton, las criaturas desaparecieron, y nunca más volvieron. Sin embargo, la aventura no había terminado. Durante varios días, periodistas de todo el estado y los estados vecinos invadieron la granja. Llovieron curiosos, que pisotearon las tierras en busca de huellas de los extraterrestres y se metieron en la casa pidiendo fotografiarse con los exasperados granjeros. Los investigadores de ovnis también estuvieron allí, registrando minuciosamente el lugar.

No se encontró evidencia física, salvo la supuesta mancha luminosa que quedó sobre la tierra, que fundamentara la historia narrada por Taylor y los Sutton. Sin embargo, los investigadores llegaron a la conclusión de que esta gente era sincera y mentalmente sana y que no tenían interés en explotar el caso para obtener publicidad. Y así quedaría el asunto.

CASO DEL CABO VALDES

Eran las 20:40 horas y en los pasillos de Televisión Nacional de Chile (TVN) todo era expectación. Es que dentro de unos minutos se produciría un acontecimiento considerado por muchos como histórico y el más esperado de los últimos tiempos. Después de 22 años de silencio, Armando Valdés Garrido, el mítico cabo Valdés rompería su silencio y entregaría datos desconocidos de su abducción ocurrida el 25 de abril de 1977 en Pampa Lluscuma, en pleno desierto de la Primera Región de Chile. Valdés viajó a Santiago desde la ciudad de Coihaique, junto a toda su familia. Sólo cinco días antes había presentado su renuncia al Ejército. Ahora comienza para él una nueva vida cargada de entrevistas, invitaciones y un nuevo acoso de los ufólogos. Es el precio que deberá pagar por ser uno de los abducidos más famosos del mundo.

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la entrevista

Ante las cámaras de TVN y las preguntas de Pedro Carcuro, Valdés explicó por qué, después de 22 años, en los que fue acosado por investigadores y periodistas de todo el mundo, decidió contar su experiencia y dejar el Ejército. "El dejar la institución fue una decisión difícil que me costó mucho, pero pienso que en beneficio de un mensaje que tengo, de algo que estoy trabajando, era tiempo de que tomara esta decisión. Insisto, una decisión muy difícil." ¿Y por qué rompe el silencio en este momento? Porque según Valdés, "es el momento. Es el año del fin de milenio. Pudiera ocurrir algo grande y creo que ésa es mi decisión".

Más adelante el ex suboficial corroboró lo dicho por los hombres que en 1977 estaban a su cargo y explicó, ayudado de un mapa, todo lo ocurrido aquel día. "El servicio nuestro se origina en esta pesebrera en donde hay alrededor de mil caballos. Era un ganado que era utilizado para fines militares. Yo me ocupo de ellos, prendo fuego, de hecho son 20 grados bajo cero todos los días del año, por lo que es imposible guarecerse bajo techo. A las cuatro de la madrugada, estábamos reunidos y el tema de esa noche era la pregunta del soldado conscripto, es decir ¿cuándo me voy a ir? ¿Cuándo me voy a licenciar? Así que estábamos hablando de estas cosas y cantando. Había puesto dos hombres a 20 metros... no los podía poner más lejos porque la distancia en la noche no permitía verlos porque la noche aunque estaba estrellada estaba muy oscura.

No los veía pero los llamaba y ellos me contestaban. Si me contestaban diferente era señal de que algo había pasado. Estábamos en esto cuando siento el grito de Pedro Rosales y él me dice: mi cabo viene bajando una luz. Yo le ordeno a mis hombres reordenarse y salgo afuera pero mi primera mirada fue hacia el camino de Putre que está en subida, pensando que venía algún vehículo, a vigilarnos, a controlarnos. Pero me dice no arriba y mi mirada se dirige al camino internacional que va hacia Bolivia. Cuando me acerco al soldado yo le digo: no veo nada, y él me dice es una estrella que viene bajando. Ahí me acerco y veo un objeto luminoso en velocidad, y le digo que es imposible que sea una estrella, que es un aerolito que se viene bajando y que se va a desintegrar en cualquier momento. Ya mis hombres salen todos a mirar, pero este objeto se pierde detrás de un cerro y queda mucha luz que salía detrás de los cerros. Eso me indicó inmediatamente que al otro lado había algo posado."

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aerolito

Efectivamente, la primera impresión del cabo Valdés al ver la luz, fue que se trataba de un aerolito desintegrándose en la atmósfera. "Dije voy a ver el aerolito, voy a sacar un pedacito y lo voy a guardar. Yo pensaba, van a llegar los científicos, la gente... pero cuando estábamos en eso, un segundo hombre me grita, mi cabo acá y aparece un segundo objeto. Los soldados me dicen que bajó, pero cuando yo lo vi ya estaba allí. Entonces eran dos objetos. El primero que llega, y el segundo que se posa frente a nosotros", relata Valdés.

-¿Y ahí fue usted a encontrarse con ese OVNI?

-"No, cuando quisimos movernos esta luminosidad, estos 25 metros de diámetros, este objeto agranda su luminosidad y se avecina sobre nosotros. 500 metros a la redonda, se ilumina y nosotros podíamos ver todos los accidentes geográficos del camino, hasta un palo en el camino se veía, lo que es imposible."

la abduccion

Más tarde en el programa se mostró el testimonio de dos de los soldados de las patrullas, que relatan el momento en que Valdés es tragado por la luz. Muy emocionado Valdés continúa con su relato. "Es interesante aclarar que aquí ocurren una serie de detalles que no han sido comentados por mis hombres, lo que nunca he olvidado es que ellos dicen que nos tomamos de las manos y rezamos, es que en un momento dado, como jefe de la patrulla entendí que lo que yo tenía enfrente era algo con inteligencia. Pero yo le pregunto a mi gente, qué es lo que están viendo, y ellos me corroboran lo que estábamos viendo", afirma Valdés.

-¿Usted parte al encuentro de la nave?

-"No, yo estoy tomado del brazo con ellos, llorando algunos, rezando el ave María otros. Y yo siento que tengo que hacer algo porque teníamos un objeto delante que nos estaba asustando, que nos transmite miedo y que nos tiene a todos apabullados. Yo avanzo y grito "en nombre de Dios identifíquensen quiénes son", aún haciendo el ridículo, porque yo sabía que lo que estaba delante era algo extraño."

-Sus compañeros lo ven desaparecer ¿Qué siente usted don Armando?

-"Realmente es muy difícil. Son 22 años de silencio, de buscar en mi interior, buscar en estudios, en noches enteras buscando la respuesta a este fenómeno, pero en el tiempo que me ocurre esto hay un momento de sueño, de inactividad."

-Pero ¿usted siente que traspasaba el umbral en ese momento?

-"Por eso cuando hablan ahora de abducción, de levantada... yo siento que paso... que paso el portal."

-¿Cuánto tiempo estuvo en la nave espacial?

-"Si es que estuve, fueron 15 minutos para los soldados." Cabe destacar que cuando el cabo Valdés es abducido y traspasa ese umbral no presentaba bello facial y cuándo es encontrado tiene una barba ya crecida, lo que hace sospechar en la pérdida de tiempo, un tiempo faltante como en la mayoría de los casos.

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-Usted traspasa el umbral ¿Qué ve, qué siente?

-"Siento una risa tipo burla. Lo que yo quiero dar a entender que en esa cosa que yo tenía enfrente, tenía una inteligencia sub humana. Una inteligencia no humana, de otra parte, Extraterrestre."

-¿Vio alguna imagen o ser?

-"Estoy trabajando en regresión hipnótica, porque quiero ser muy responsable en confirmar, porque yo recibí ciertas cosas telepáticas, pero tengo que tener la certeza de que lo que yo vi es real. He ido recordando día a día."

-¿Había contacto a través de palabras?

-"No, todo era telepático."

-Todo ese tiempo ¿usted está viendo a sus hombres?

-"En todo momento yo veía a mis hombres. Por eso insisto en haber pasado una barrera, es decir ubicarme en un lugar y estar viendo siempre a mis hombres."

-¿Y sus compañeros permanecían inmóviles o gritaban? ¿Trataban de acercarse a usted?

-"Ellos gritaban y trataban de ir hacia la luz"

el mensaje

Sin duda, uno de los momentos más impactantes fue cuando Valdés se refirió al mensaje que habría recibido de los supuestos seres extraterrestres. Pese a que no revela su contenido, argumentando que tiene que realizar un trabajo de hipnosis, el ex suboficial asegura que se trata de algo muy importante para la humanidad e incluso no descartó una invasión extraterrestre.

-"Sí, hay un mensaje. Siempre me pregunte los motivos de esto. Tengo muy claro, bajo el orden universal, bajo la mano poderosa del creador, que todas las cosas no ocurren porque sí. Yo siempre supe que lo que me ocurrió el 25 de abril de 1977 a las cuatro de la madrugada debería tener una motivación que no podía ser algo al azar. La percepción que yo tuve no es buena. Si estos seres fueran buenos yo no tendría que haber sentido pánico, angustia, sobrecogimiento y todo lo que vino después."

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-¿Tiene miedo por el futuro de la humanidad entonces?

-"Correcto. Tengo muy claro lo que va a ocurrir a futuro."

-¿Tiene miedo de una invasión extraterrestre?

-"Estoy trabajando en eso para poder entregar el mensaje. Pudiera ser."

CASO HILL

La historia de los Hill comenzó la noche del 19 de septiembre de 1961, cuando el matrimonio regresaba a su hogar de Portsmouth, en New Hampshire, de sus vacaciones en Canadá. Cuando su auto transitaba por la ruta 3, la pareja divisó un objeto brillante parecido a una estrella moviéndose en la parte sudoeste del cielo.

Barney Hill detuvo el auto varias veces para que su esposa pudiera ver el objeto con unos binoculares de 7 x 50. El hombre supuso que se trataba de un avión pequeño, hasta que el objeto cambió de dirección y haciendo una curva se dirigió hacia ellos. Se encontraban a algo más de tres kilómetros al norte de Woodstock cuando el ovni se desplazó frente al auto y voló hacia la derecha del camino.

Barney Hill le quitó los binoculares a su esposa, salió del auto y se paró en la ruta desierta para observar desde más cerca. El ovni con forma de plato se desplazó silenciosamente hacia la izquierda y se acercó de frente al auto detenido. Entonces Barney sufrió un enorme shock: a través de los binoculares pudo distinguir unas ventanitas iluminadas a los costados de la nave, y detrás de las ventanitas pudo ver el interior iluminado donde había entre cinco y once figuras de aspecto humano que estaban ocupadas trabajando. Para Hill, los humanoides parecían vestir una especie de uniforme negro brillante con gorras puntiagudas. Sus movimientos le recordaron a los soldados alemanes realizando un ejercicio militar. Desde adentro del auto, Betty Hill podía oír a su esposo exclamando: "¡No lo puedo creer! ¡No lo puedo creer! ¡Esto es ridículo!"

Los Hill dijeron que la nave se acercó tanto a ellos que cubrió el campo de visión de los binoculares. Barney volvió al auto en estado de histeria, según recordó su esposa, lo puso en marcha y se alejaron por la ruta. Los Hill llegaron a su casa sin más novedades, pero esos pocos minutos los iban a perseguir durante años. Betty Hill empezó a soñar todas las noches con una aterradora experiencia con un ovni. Barney Hill sufría de aprensión, de insomnio y su úlcera de duodeno empeoró. Cuando trataba de revivir el hecho en su mente, Hill se sentía perturbado al advertir que no podía explicar todo lo que había sucedido en el lapso de las dos horas transcurrido desde el momento en que encontraron al ovni hasta el instante en que llegaron a su casa. ¿Adónde había estado? ¿Qué había ocurrido, realmente?

Como su anciedad aumentaba, los Hill decidieron buscar ayuda médica. Un clínico de su pueblo les recomendó que consultaran a un eminente psiquiatra de Boston, Benjamín Simon, para ver si mediante regresión hipnótica podrían revelar el misterio que rodeaba a la noche del 19 de septiembre y retomar sus vidas. El tratamiento psiquiátrico comenzó en diciembre de 1963, más de dos años después del supuesto encuentro con el ovni. Bajo un estado profundo de hipnosis, Barney y Betty narraron una historia mucho más extraña que la que aparentemente se encontraba en su nivel consciente. El doctor Simon tuvo encendido su grabador todo el tiempo que le llevó a Barney Hill describir su secuestro a manos de raptores extraterrestres.

Hill recordó haber sido llevado por una rampa hacia el interior de la nave. De inmediato dijo que lo trasladaron a una habitación para someterlo a un examen. "Podía sentir cómo me revisaban con sus manos...Miraron mi espalda, y los podía sentir tocando mi piel..., como si estuvieran contando mi columna vertebral... y luego me dieron vuelta, y de nuevo me revisaron. Me abrieron la boca, y yo podía sentir dos dedos que la cerraban. Después oí como si vinieran más hombres, y los podía sentir que se desplazaban por el costado de la mesa en que yo me encontraba. Algo me raspó con suavidad, como un palito contra mi brazo izquierdo. Y luego esos hombres se fueron. Al rato volvieron, me pusieron los zapatos, y pude bajar de la mesa. Pienso que me sentí bien porque supe que había terminado...

Bajé por la rampa y abrí mis ojos y seguí caminando. Vi mi auto... y Betty venía caminando por la ruta, y luego abrió la puerta."

Betty Hill contó una historia similar sobre el examen físico. A ella le pareció que tomaron muestra para luego analizarlas. "Al entrar en esa habitación (comenzó su relato) vienen con un hombre que habla inglés. Se queda por un minuto, no sé quienes son; creo que tal vez sea la tripulación... y entra otro hombre. No lo he visto antes. Creo que es un médico. Traen la máquina... es algo parecido a un microscopio, pero un microscopio con gran lente. Me dio la idea de que estaban tomando una fotografía de mi piel. Luego toman algo similar a un abrecartas, pero no lo era, y raparon mi brazo aquí... había como un trozo de celofán o plástico, o algo así, ellos rasparon y colocaron lo que sacaron en ese plástico". Betty Hill dijo que pidió al que parecía el líder que le informara de dónde venía su nave, y él le mostró la ubicación en un mapa de estrellas. Luego fue escoltada de regreso a la rampa y entonces pudo regresar al auto.

Dos aspectos particulares de la historia de los Hill han ayudado a darle una cierta credibilidad ante muchos investigadores. El primero es un mapa de estrellas que Betty Hill dibujó siguiendo sus sesiones de hipnosis. El mapa se basaba, según dijo, en el que le mostró el líder de los extraterrestres. A fines de la década de los `60, un maestro de escuela primaria y astrónomo aficionado, de nombre Marjorie Fish, leyó la historia de los Hill y decidió ver si el mapa de Betty coincidía con algún sistema estelar cercano. Después de construir un modelo en escala de las estrellas que se encuentran dentro de un radio de treinta y tres años luz de la Tierra descubrió que el mapa se correspondía bastante (aunque no de manera exacta) con una visión de nuestro Sol y las estrellas vecinas desde unos pocos años luz más allá del sistema estelar de los Retículos Zeta. Varios astrónomos verificaron la exactitud del modelo de Fish.

 

Curiosamente, muchas de estas estrellas eran desconocidas (al menos para los terrícolas) hasta que se publicó el catálogo de 1969, es decir, ocho años después de la experiencia de Hill. Para estar seguros los críticos argumentaron que la coincidencia entre el modelo y el mapa de estrellas de Betty Hill fue una afortunada coincidencia, pero los defensores del relato de Hill sostienen que las diferencias parecen no tener importancia.

CASO WILLIAM HERRMANN

A eso de las 8:10 a.m. del 2 de diciembre de 1977, William Herrmann, residente de Charleston, Carolina del Sur, fue despertado por un intenso retumbo que sacudió su casa móvil. Tomando a su asustada hija que lloraba, se fue a la puerta, la abrió y vio un objeto plateado en forma de platillo que sobrevolaba las torres de energía eléctrica cerca del Río Ashley, no muy lejos de su casa. Entre noviembre de 1977 y marzo de 1978, Herrmann y otros residentes de North Charleston fueron testigos de quince avistamientos de objetos voladores no identificados. Herrmann, al igual que sus vecinos, llevaba una vida imperturbable hasta que la tranquilidad fue rota por el sobrevuelo de estos extraños objetos en forma de disco.

Su casa móvil, en las vecindades del Río Ashley, se convirtió en uno de sus más importantes puntos de observación del fenómeno. El ruido que los despertó a su hija y a él esa mañana de diciembre había procedido de la misma zona del objeto en forma de platillo. Herrmann lo comparó a un ruido causado por un serio descarrilamiento de trenes. Esa mañana del 2 de diciembre, William no encontró extraño el suceso. El mes anterior, él había visto OVNIs los días 12 y 27 en la misma zona. De hecho, el 27 de noviembre tuvo la suerte de tener a mano su cámara Instamatic 126, con la que había tomado fotografías a su hija en la fiesta de su cumpleaños. Herrmann logró tomar varias instantáneas del objeto, las que hizo llegar a la Base de la Fuerza Aérea de Charleston a petición del oficial de información de la base.

"Fui para ver al, en ese entonces, capitán Wade King. En la puerta de la base me saludaron el capitán King y un sargento de la policía militar. Este último me pidió las fotos y negativos para analizarlos en la base." Herrmann se rehusó y se llegó a un compromiso: permitió que el capitán tomara una foto para el análisis; en cambio, a Herrmann se le entregó un recibo. Unas tres semanas más tarde, después de haber hecho ampliaciones de 20 cm x 28 cm a todas las fotografías que había tomado, Herrmann volvió a la base para recoger la foto entregada al capitán King. "Su opinión era que yo había fotografiado un Jet Phantom F4 de la Fuerza Aérea. Me dijo que si yo observaba bien de cerca, podría ver las alas y el estabilizador del avión. En ese momento saqué la ampliación que claramente mostraba el objeto en forma de disco. Él se enfureció y me dijo que me olvidara del incidente y que lo borrara de mi mente."

Para William Herrmann, ese avistamiento y los que siguieron sólo reforzaron su convicción de que él y otros residentes de Charleston estaban siendo visitados por vehículos de otro mundo. La respuesta estándar ofrecida a Herrmann por la Fuerza Aérea era la de que habían dejado de recoger información acerca de los OVNIs desde que cerraron sus archivos con el Proyecto Libro Azul, pero Herrmann no lo creyó. El empezó a enlazar los retumbos asociados con algunos de los avistamientos de OVNIS con el fenómeno sky quake ("aeromoto") experimentado por los residentes de la costa este de Estados Unidos. Para Herrmann, la tarea fue formidable. Con sólo la educación secundaria y un trabajo en mecánica de inyectores de diesel, él sabía que obtener credibilidad iba a ser difícil.

Para hacer las cosas más difíciles, el 3 de marzo de 1978, el Departamento de Defensa de Estados Unidos informó que los sky quakes se debían a los estampidos sónicos causados por aviones militares a propulsión. Curiosamente, la noticia daba conocer que la fecha inicial en que se habían manifestado los sky quakes había sido el 2 de diciembre, el mismo día en que Herrmann se había levantado sobresaltado por los retumbos y había visto un OVNI. La primera parte del documento titulado "Ondas de choque de la costa este aparentemente causadas por raro efecto de estampido sónico", dice lo siguiente: "El Departamento de Defensa anunció hoy que las ondas de choque atmosféricas reportadas por los residentes del litoral en Nueva Jersey y Carolina del Sur a comienzos de diciembre de 1977 fueron aparentemente causadas por un raro estampido sónico producido por un avión... Desde el 2 de diciembre, más de una docena de extraños incidentes de sky quake que sacuden ventanas, paredes y pisos y producen otros efectos, han sido reportados a lo largo del Este y las costas del Golfo, principalmente entre Carolina del Sur y Nueva Jersey."

A Herrmann no le cabía duda que esas noticias estaban destinadas al consumo público y que la verdadera razón de los temblores se hallaba en otro lugar. Entonces, gracias a un contacto en la ciudad de Nueva York, Herrmann recibió copia de un memorándum (oficial) de Estados Unidos fechado el 16 de enero de 1978. El documento se refería al esfuerzo de un jet de Estados Unidos que intentaba interceptar a un grupo desconocido. En parte, el reporte decía:

"A las 14:25 horas, el señor Drayton Cooper del noticiero del canal 2, en Mount Pleasant, Carolina del Sur, informó que había recibido numerosas llamadas telefónicas de ciudadanos que viven a lo largo de la costa, para señalar que habían escuchado retumbos. Se llamó a los oficiales del Control de Operaciones de la base militar de Charleston, en Carolina del Sur, para informarles de tales eventos. Entonces, dos jets F-4 fueron enviados a investigar. Los dos interceptores F-4 volaron a puntos situados entre 60 y 120 Km de distancia de la Base Charleston de la Fuerza Aérea, a altitudes entre 3.000 y 7.500 m. Los aviones aterrizaron en Cecil Field, Florida, a las 14:55 horas." Pero ahí no terminaron las cosas.

El siguiente párrafo revelaba que un contacto de Betty Shedburne, de la estación de radio WHAN, en Haines, Florida, reportaba ruidos entre las 16:15 y 16:35 horas, dos horas después de los reportados el 12 de enero de 1978. Para William Herrmann, sin embargo, la parte más significativa del memorándum fue el último párrafo... Ahí figuraba una lista de los avistamientos de OVNI registrados a finales de 1977, incluyendo las horas exactas en que habían ocurrido con una breve descripción de su visita al capitán King de la Base Charleston de la Fuerza Aérea.

El párrafo decía así: "En el curso de la conversación, ella (Betty Shedburne) también cont

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