Por: Fernando Arauco Granados

Una historia de amor en Parìs. Un bar en Marruecos convertido en centro de operaciones de traficantes de visas. Un pianista negro y un policía hipotecado a los nazis. Simples elementos para componer uno de los màs bellos films de la historia del cine, que sòlo un genio como Curtiz –del nivel de Ford o Capra- podìa lograr.

Aplicando la teoría de Louis Hjemslev, los Epstein y Howard Koch proveen a Casablanca, en cuanto al plano del contenido del film, de un guiòn simple: dos amantes que se reencuentran luego de la deserción de uno de ellos. Pero subyacente a èste, el gran tema de la historia: la libertad enfrentada al amor. Ilse ama tanto a Laszlo que està dispuesta a quedarse con Rick a cambio de que ayude a su esposo a salir del paìs. Entonces, siempre en tèrminos de Hjemslev, si el significante del signo lingüìstico està constituido por esta love story en medio de la guerra, el significado lo està por los valores de libertad y democracia confrontados a los de totalitarismo y opresión que representa el nazismo. Empero, calificar a Casablanca de panfleto bèlico, no sòlo serìa injusto sino excesivo.

Cierto es que el lanzamiento de la película coincidiò con el ingreso de los Estados Unidos a la guerra; cuanto mucho, se podrìa aceptar el cargo de ‘oportunista’ para este bello film. Es que por encima de su estructura formal, Casablanca, con el pretexto de una historia romàntica, delinea, a travès de los definidos caracteres psicològicos de sus personajes, la pugna entre la felicidad y el deber. Los diàlogos inteligentes entre Rick y Renault, revelan la distancia que separa a la resistencia francesa del règimen colaboracionista de Vìchy. Porque debajo de ese aparente cinismo, Rick, a su manera, tambièn abraza los ideales de aquella resistencia.

Al interpretar al rudo dueño del Rick’s Café, Bogart va màs allà de lo histriònico: con una impecable actuación –basada en gestos y miradas expresivos- recrea su personaje y es capaz de convencer al espectador de la transformación que se opera en Rick. Bogart, asì, desborda al Rick del guiòn y dota de una intensa carga psicològica a èste, mostràndolo como un hombre atormentado y comprometido a la vez. Y què decir de Ingrid Bergman. Su performance es comparable sòlo a la exhibida en Notorius. En un registro sobrio, sin estridencias, Bergman da vida a una Ilse enamorada pero tambièn involucrada con la causa que defiende su marido. Casablanca es Bogart y Bogart es Casablanca. Esta es la simbiosis que ha hecho posible la existencia de una película que perdura, a travès de los tiempos, como arquetipo de un cine que no ha de volver màs.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: