Querida Tristeza

Hoy deseo escribirte con ánimo de expresar lo que he aprendido de ti y de las experiencias en las que he me he encontrado contigo y hemos convivido o malconvivido.

Han sido muchas veces las que te he esquivado, muchas otras tantas que he intentado apartarte de mi y aún así siempre volvías. Muchos han sido esos momentos en los que te he negado, he negado que me hayas quitado algo que amaba y he negado tenerte cerca, ¿quién eres tu para venir a quitarme algo que era importante para mi?. Mis enfados siempre han estado ahí, mis dientes chirriando, mis manos apretadas y mi cuerpo en tensión...todo ello para apartarte de mi, no había mayor furia que la de tenerte cerca y no poder apartarte de ninguna manera.

Hallo allí, en esa vulnerabilidad más débil y en esa soledad más sola una presión en el pecho, un ardor en el estómago, temblores y hasta un dolor tan profundo que no sabría describir en que parte de mi cuerpo se encuentra ni si es físico.

Siempre te he rechazado, siempre has sido para mi un rival que vencer y un enemigo común de tantos otros, nadie te quiere y tu sigues insistiendo a cada persona, una y otra vez. ¿Por qué haces esto tristeza?

Me ha costado mucho tiempo entenderte, muchos enfados, muchas frustraciones pero al fin he conseguido entender una pequeña parte de ti.

He aprendido que tu no nos haces vulnerables, que el dolor que sentimos que angustia nuestro pecho y exprime hasta la última bocanada de nuestro aire no nos lo provocas tu, sino que eres la que nos arropa en medio de esa sensación de que la vida se acaba y de que el mundo debe pararse porque estamos sufriendo.

En medio de ese cuchillo que nos ha abierto una herida, nos haces llorar para limpiar la herida y refugiarnos para protegernos en ti misma. En medio del dolor y las lágrimas que desinfectan nuestra herida, nos regalas la añoranza que duele y nos da ese atizbo de alegría casi imperceptible resguardado en esos recuerdos de buenos momentos.

He aprendido de ti Tristeza, que no nos haces daño, sino nos arropas con unas calidas lágrimas e intentas que no sintamos más dolor, he aprendido Tristeza que intentas aliviarnos para que podamos ser grandes de nuevo.

Gracias Tristeza, por un nuevo comienzo.

 

La tristeza nos ayuda

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