Bogotá, madrugada de lluvia, de uno de estos años...

 

Querido príncipe,

Hoy eres motivo de mis relatos propios, aún cuando llegaste como un sorpresivo anónimo, y eso que me enseñaron a no acercarme a desconocidos; pero es que tú, tú rompiste todas mis barreras, ante las que cualquiera hubiese claudicado. Tal vez, el asunto es que no eres un cualquiera, eres un príncipe que arribó de tierra lejana, de conquistas que desconozco, de batallas que brillan en tus dulces ojos; arribaste con maleta, con ese acento de otros poetas, y con una carta en tu mano, la que rescataste de la botella en el mar, con las huellas de mi sangre, y el beso nunca dado, plasmado en colores; viajaste a buscar la mariposa que recibió alas de aguila en medio de la tormenta.

Viniste a buscarme, sin conocerme, sin saber de mí; eso suena muy bien para una musa que busca ser enamorada, pero esa no soy yo.

No aferres tu esencia a la mía, porque soy solo el reflejo de lo que escudriñas en tu alma, mi corazón arrogante se niega a aceptar tu presencia; tan mágica, tan plena.. qué más podría yo querer... pero no quiero que sea a mí, a quien buscas, no te pertenezco. Buscas al otro lado del continente en medio de las aguas de esta ciudad extraña, buscas el eco de un corazón que en otro tiempo no dudaría. Somos tan compatibles, eso dice el libro, como dos gotas de una misma tormenta, pero sabes?... aún no controlo mis trampas, y otro mar me ahoga, me ahoga príncipe, en delirios nocturnos, en agonías que me seducen, en palabras construídas entre dos, en un sendero andado; me ahogo en la batalla de otro valiente que me conmueve, me inspira a sonreir, a ver lo mejor de él y de todo, ¿cómo navegarás en ese mar?.

En esos días que te ví cuando me viste, habitaba en medio de un tiempo de ocasos, soledades, letras, ideas, renuncias, ausencias, pérdidas, duelos, silencios; y depronto.. apareciste tú, llenaste días oscuros de luz, acompañando mi caminar con silencios cuidados, regalando la esperanza, y el asombro.

Hoy reconozco que hallé un PRINCIPE en este mundo, eso es muy claro; que tonta soy, pero decime, qué hago con la terquedad, qué hago contigo, qué hago con el tiempo, qué hago con la mirada que me lleva lejos de tí, qué hago con lo que vivo en donde no estás. Oh! uruguayo, en realidad vos eres un príncipe, el príncipe del que escribo desde antes de que llegaras, de una tierra con nombre ancestral Aceguá, que nombre no?.. ancestral como vos.

Es verdad lo que dice el libro; me has invadido de libertad, me halagas con dedicación, me abrumas con estar presto, dispuesto, siempre igual, sin cambios hormonales, ni de edad. Es verdad, tengo paz y seguridad con vos, no tendría que titubear al escabullirte en mis manos, porque nunca lo harías. Pero, el tiempo es soberano, otro llegó antes, otro con el que descubro en medio de sus aburrimientos, la dulzura de lo que es capaz.

Me empiezas a doler... al verte aveces lo veo a él, cálido, amoroso, entregado, valiente de maneras sombrías; aveces en medio de los reflejos, no sé si te veo a tí o a él. ¿Qué decía el poema, ese a son de tango que me dedicaste?.. solo quieres que bailemos un tango, y que te de un beso; príncipe de Aceguá, no se bailar tango, no se dar un beso... Tendrías que enseñarme, pero me derrito en otros labios; quién sabe si en mí,  hay un lugar tal vez, para ese tango. Enseñame a bailar, y qué podremos decir... tal vez el tango invente el beso cuando estemos en las calles de la milonga, me lleves a la casa de Benedetti o Galeano, y allí descubramos el libro de esta historia hecha poema.

Solo son pensamientos, ideas, posibilidades; quizás  las engendró el vino. Pero mañana te diré, si sigue en pié la esperanza; cuando mi alma se embriaga, con ese MAR de otro... sabes él qué dice, dice que tal vez se aburriría conmigo.

Baila conmigo un tango

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