Bogotá, Noviembre 27 de 1942

Querido y recordado Fred:

Te escribo en respuesta a la última carta que me enviaste, para ser exacta ésta es una respuesta más que te escribo sin saber aún de tí; lamento profundamente la muerte de tu primo, era un hombre célebre, que a todos los que lo conocimos, nos deja un legado del amor posible, aún en medio de tiempos en los que vemos el futuro incierto por los aires de conflicto y guerra, en el mundo y en el alma. 

Aquí en Bogotá, te cuento que el ambiente es difícil, hay rumores por todos lados, de cambios que se avecinan, de corrupción como siempre, de voces libertadores que no cesan de prometer vientos nuevos que no llegan; tal vez, porque lo nuevo pocas veces se anticipa, simplemente sucede.

Llueve mucho, y el costo de la vida se hace cada vez más insostenible para personas que como yo, vivimos del arte de lo que fue; sabes bien que la pensión que me otorgó el gobierno por los años de servicio como secretaria del despacho presidencial, aún no llega, así tenga nota de recomendación de mi querido Eduardo; por ahora vivimos con mi perro, de la providencia diaria y de soñar.

He continuado escribiendo para algunos amigos, pero la salud aveces no me lo permite. Te extraño tanto querido Fred, tus cartas alegran mis días, en ellas te recuerdo como el amigo de toda mi vida, al que todo le contaba, al que ahora le recapitulo lo importante para transcribirlo, como un dictado de mi alma; se queda tanto sin decir, y también sin callar, pues como me lo has dicho tantas veces, entre escribir y hablar, se teje el silencio.

Estuve donde el doctor Jiménez, ese que me recomendaste; le traté de explicar cómo aveces me quedo sin aire, cómo la energía hay días que se queda detenida en las actividades del día anterior, y no madruga conmigo, cómo los huesos parece que se deshicieran en polvo dentro de mí, cómo necesito quedarme callada, e intentar dormir horas y horas esperando una reparación, tal vez ortopédica, que no llega; cómo los músculos duelen como si hubiese subido y bajado nuestro cerro de Monserrate a pié, desafiando al cuerpo al no usar ese maravilloso funicular. ¿Recuerdas FRED cuántas tardes vimos en nuestro silencio acompañado, el atardecer desde él?  ese es el callar que no se atrapa al escribir, y que nos unió tanto.  

El doctor Jiménez me escucha y me dice que es normal; no creas que es la edad; él me dice que tengo algo llamado "la enfermedad incomprendida", ¿te imaginas el nombre?, parece un chiste que me lo hubiera inventado yo.

Unas horas estoy bien, y al momento viene la decaída, que nadie entiende creyendo que no es cierta, ya que me han visto tan bien. Es una metáfora de mí misma, ¿no te parece Fred?, cuántas veces no reíamos y reíamos, aun cuando estuviera en medio de tormentas profundas...

Mi mamá decía que hay cosas que es necesario aprender a vivir en soledad, ella lo decía con algo de hironía, por sentirse no acompañada en eventos en los que esperaba que estuviéramos con ella; como aquella vez que te invitó a la misa de aniversario por la muerte de mi papá, a la que respondiste que claro! irías para acompañarla, pero especialmente por verme.

Fred ayer me sentí tan sola, y recordé esa frase. Tenía que entregar el lugar dónde vivió mi amado tanto años, antes de morir; tuve que limpiar, empacar, trastear, con todos los recuerdos vivos, pero sin tí para ayudarme a cargar el peso de las cajas en las que iba lo que fué, tal vez el peso de eso que llamamos nostalgia.

No estabas ahí, tú que siempre estabas sin preguntarme; te avisaba de mis urgencias el amor de nuestras conversaciones, que te permiten conocerme tanto. No había nadie a quien recurrir por ayuda, sabes ni siquiera el portero se sintió llamado a ayudar al verme salir cargada de baldes, traperos, cajas, bolsas y silencio.

Fred ¿cuándo vuelves?, te extraño tanto, extraño tomarnos un café y leer juntos el periódico, caminar un poco, tomar los remedios que me consigues, hablar de los que están, de los que se fueron, y de los que se fueron aunque estén; pasar el tiempo soso.

Como me has dicho: parecemos esposos, sin serlo. Eres mi amigo, el único que me queda luego del paso del tiempo, que lo mide todo, y te extraño.

Ya han pasado más de dos meses sin tener noticias tuyas, escuché que Francia hundió sus propios barcos y submarinos para no ser atrapados por los nazis, creo que aveces es mejor morir, antes que ser atrapado por el mal. Cuídate Fred, Cuídame Fred.

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