Dime sirena, ¿por qué tuviste que enamorarte de ese muchacho de tez morena?

Día y noche le mirabas escondida entre las olas, su barco seguías,

perdida en sus ojos, en su boca.

¡Mira que eres caprichosa!

Sabiendo que era imposible el amor del marinero,

con tus cantos lo embriagaste,

lo embrujaste,

y perdido quedó en el mar, sin saber que rumbo tomar.

Lo querías sólo para tí, cómo si de un juguete se tratara,

su atención llamabas, de sal le salpicabas,

de bonitas palabras sus oídos llenabas,

haciendo del pobre marinero

un títere que a tu antojo manejabas.

Soñabas que un día podrías nadar con él a lo más profundo,

entre peces de colores, jugar entre los corales, alborotar su pelo,

y susurrarle “te quiero”,

Olvidaste, sirenita, que su amor era imposible,

que jamás sucedería,

y seguiste con tu juego,

le cantabas al oído cuando él estaba dormido....

El pobre marinero estaba enloqueciendo,

no sabía que ocurría

si era verdad lo que oía.... o de alucinaciones se trataba,

sin rumbo empezó a navegar, sin control,

hacia un arrecife se dirigía,

no pudiste hacer nada,

sólo mirabas, sólo veías cómo su barco

en pedazos se convertía

y cómo el marinero al agua sin vida... caía.

Te alejabas del lugar nadando a toda prisa,

sin mirar hacia atrás,

sin ningún remordimiento,

¿no decías que le querías?

A lo lejos una barca de la playa salía,

pescador de cabellos trigueños,

ojos, cómo esmeraldas...

con tus cantos lo embriagaste,

lo embrujaste.....



Marenga

 

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