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Situado en el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido de Huesca que comprende el Parque de la Peineta, las Gargantas de Escuaín, el Valle de Ordesa y Monte perdido y el Cañón de Añisclo, este lugar no comparable a ningún otro en este país y es digno de ser visitado aunque sea una sola vez en la vida. El sorprendente Cañón de Añisclo, tiene una longitud de unos 10 kilómetros desde el circo de Añisclo hasta la confluencia con el río Aso. A causa de la erosión del agua en la roca durante siglos, se han ido produciendo formas diversas, cascadas, pozas pequeñas, saltos de agua, etc. Parajes espectaculares de esta parte de Aragón que son el producto del glaciar que ya agoniza dando pie al río Bellós, que ha ido transformando el terreno produciendo bellas cascadas y alimentando frondosos bosques.

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Al adentrarse en el Cañón de Añisclo, se tiene la sensación de estar en otro planeta por las diversas emociones que estos lugares impresionantes proporcionan. Por la difícil orografía del terreno es aconsejable que estos lugares se visiten al final de la primavera o en verano, cuando ya ha terminado la época del deshielo pues por la verticalidad de los barrancos se producen riadas y subidas repentinas del cauce del río Ballós que puede producir graves accidentes.

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En las paredes empinadas se pueden ver plantas muy curiosas endémicas de este lugar como la planta carnívora, Pinguicula Longifolia, con hojas pegajosas donde atrapa los insectos y una curiosidad más de la naturaleza es que un ácaro vive en esta planta y se alimenta de los restos de los insectos que esta atrapa y ha conseguido adaptarse para no ser atrapado él en las glándulas de la planta.

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Encinares y hayedos conviven de forma extraña en las profundidades de este maravilloso cañón labrado por el rio Bellós que procede del glaciar agonizante que cada vez más dévil alimenta con sus hielos que fundiéndose de forma lenta pero constante da vida a toda una vegetacíon sorprendente que vive y crece en las empinadas paredes y en el fondo del Cañón.

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La belleza del Perineo no está solo en las cumbres de más de 3.000 metros, está también en las gargantas como la de Añisclo que han sido labradas con miles de años con las lenguas de hielo que se desprenden de los glaciares que se está derritiendo constantemente desde el Monte Perdido, cambiando el paisaje, y en cierto modo creando nuevas vidas que al amparo de una vegetación siempre creciente  alimenta la fauna y flora de estos lugares de gran belleza.

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