Candidatos políticos a examen, con preguntas y presencia de los medios de comunicación, ahora que estamos a seis meses de las próximas elecciones autonómicas y municipales. Es ahora cuando los partidos preparan a sus candidatos, ésos que algunos pesimistas desesperanzados califican como los “imputados del futuro”. A la presidenta del PP de Madrid, esa experta en marketing populista, se le ha ocurrido esa peculiar idea, convenientemente jaleado y publicitada por sus adictos.

Precisamente, cuando conocemos el caso del odontólogo británico, Desmond D’Mello, que con su actitud negligente podría hacer contagiado a 22.000 pacientes, en una cuestión que incide tanto en la credibilidad de las personas. Si la lista de posibles afectados es tan larga es porque, durante 32 años, todos esos pacientes han confiado en que el doctor D’Mello observara la profilaxis adecuada a su profesión. Si esas personas le hubieran preguntado al odontólogo hace tiempo que si desinfectaba su material, ¿les hubiera respondido lo contrario?

El primer examen de candidatos del PP ha tenico como objetivo a Mariola Vargas

Los primeros candidatos afrontan su examen

Volviendo al tema, en estos últimos días se han producido los primeros exámenes a candidatos del PP a distintas alcaldías. Las preguntas formuladas iban desde cuestiones como si “¿tiene dinero fuera de España?”, o “¿has cobrado una comisión en B?”. Naturalmente, las respuestas han sido negativas. ¿Y qué? ¿Qué demuestran? Como mínimo sería surrealista que alguno de los candidatos hubiera reconocido alguna irregularidad y aún siguiera decidido a presentarse a las elecciones.

Pero, en el extenso mundo de los políticos corruptos nacionales, ¿cuántos condenados, juzgados, imputados o presuntos han reconocido siquiera una mínima parte de las acusaciones?

¿Cuántos candidatos del pasado hubieran dicho la verdad en un examen previo?

El mismo Francisco Granados, hoy en prisión preventiva como cabecilla de una trama organizada de corrupción se jactaba en tertulias televisivas de hace tres años de ser “trigo limpio” y se atrevía a afirmar: “entiendo la indignación al ver como cuatro sinvergüenzas se llevan dinero público a su casa”. Por entonces, Granados no estaba entre los candidatos a nada , sino que era la mano derecha de Esperanza Aguirre. Si la presidenta del partido en Madrid asegura que fue engañado durante tanto tiempo por su delfín, sin ser consciente de nada de lo que ocurría, ¿habría cambiado algo la situación si le hubiese hecho previamente esas preguntas como a los candidatos?

Es obvio que la corrupción solo puede ser atacada y desalojada desde el exterior, porque radica en ese propio interior de los partidos y del sistema, que nunca se va a tomar en serio su erradicación. Solo se proponen medidas para tratar de contentar al elector. Como siempre, mucho ruido y muy pocas nueces.

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