No es nada nuevo esto de que España padece un grave cáncer denominado "TITULITIS" (entre otras enfermedades que sufre el país) que requiere acción urgente, porque corre el riesgo de llevarnos a la depresión general.

Sabemos que es un problema cotidiano, estamos hartos de que nos pidan 15 licenciaturas y 23 másters para conseguir un trabajo digno en unas condiciones oportunas. Pero sin embargo, ¿qué hacemos para paliarlo?

No hacemos demasiados esfuerzos por acabar con esto, eso está claro; pero lo que no nos damos cuenta  es la herencia que estamos dejando a nuestra sociedad. Los jóvenes ya no tienen ilusión. Hemos ido perdiendo la motivación y cada vez creemos menos en nosotros mismos. No entendemos por qué hay que ir fuera de casa y estudiar una carrera; simplemente lo hacemos porque lo hace todo el mundo y porque es el sueño de todo padre. ¿Pero qué conseguimos con eso? Estamos fomentando un relativismo bestial. Estamos consiguiendo desmotivar a la sociedad, ya nadie sabe por qué estudia, ni por qué ha elegido tal carrera o tal otra. Ya no existe el esfuerzo por conseguir ese objetivo de llegar a la universidad. Hemos perdido las ganas por formarnos, porque sabemos que cuando acabemos, tendremos que sumergirnos de nuevo en otra formación superior (los famosos másters). Pocas son las empresas que actualmente no piden licenciado+máster; y además les importa bien poco si detrás de ese brillante académico se encuentra una persona con ilusión o un amargado de la vida.

¿Qué esperamos entonces de este país? ¿Qué es lo que hace falta para sacar cualquier proyecto, por mínimo que sea, adelante? Solo hay una premisa, ¡se necesitan ganas! Es necesario poner ilusión, pasión, esfuerzo. No es tan importante el máster que hayas hecho en el extranjero, como la motivación que tengas por lograr los objetivos que te propongas.

Parece que nada más empezar el colegio, con tres años, nos ponen una mecha en el culo (perdonadme la expresión) y ahí comienza la carrera por un puesto de trabajo. ¡No es así señores! ¿Por qué el más rápido es el mejor? ¿Qué moda es esa de acabar bachiller e ir corriendo a una universidad a estudiar una carrera que no sabes ni si te gusta pero que es en la única que te han admitido? Por favor, que estás decidiendo el resto de tu vida. Tus restantes 80 años... Suena impactante, pero es así. Suponiendo que los ahora adolescentes lleguemos a vivir en torno a los 100 años, en el momento de elegir una carrera estaremos decidiendo nuestra dedicación para los próximos 80 años. ¿Y después de esta reflexión no somos capaces de pararnos a pensar ni un año a ver si es eso lo que realmente queremos hacer? Por Dios, que nos quedan otros 79. Que no hay prisa, que cuanto más rápido vivas, más rápido te mueres.

Pero tenemos que cambiar el chip, tenemos que trabajar mucho y muy duro para conseguir cambiar esto. Tenemos que fomentar el año sabático preuniversitario para conseguir otro tipo de formación, posiblemente más válida que la que nos pueda aportar el primer año de universidad, en el que queremos salir muy rápido del huevo, y terminamos estampándonos. Es necesario fomentar una formación cultural rica de experiencias de todo tipo.

Pero señores, es triste que tenga que hacer esto yo, con 18 años.Que yo misma convezca al resto de una realidad más que evidente; que yo intente explicar los motivos por los que este año no quiero ir a la universidad, y conseguir que no me miren como si fuera un bicho raro... Que tengo ganas de aprender, pero otro tipo de aprendizaje. Que no solo es válida la formación que aportan las universidades. Que al final, en la vida, seguro que nos quedamos con todas esas otras experiencias que por un motivo u otro han logrado hacernos felices. Que lo principal es llenar de vida mis próximos 80 años, que mi objetivo no es ser quince veces licenciada, que me conformo con la felicidad de los pequeños momentos alegres como este, en el que intento deciros que tenemos que buscar la motivación; que es necesario recuperar la ilusión, porque sin ilusión los proyectos se quedan en simples bocetos.

El éxito en esta vida depende en un 80% de lo convencido que estés de que lo vas a conseguir. Por eso, solo me queda un 20% restante para triunfar en la vida. 

Os pido por favor que busquéis la ilusión cada día, porque sin ella, la felicidad no es posible.

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