Triste es hablar de algo así, pero más triste aún seria repetir este error otra vez. Lo vivido en el campo de exterminio de Auschwitz fue algo terrible que no debiera repetirse jamás.

Hace 10 años, fui a visitar a la que hoy es mi mujer a Polonia, fue entonces cuando su abuela me comentó uno de sus recuerdos de su infancia relacionado con un campo de exterminio (Auschwitz) próximo al pueblo donde vivían:

“Cuando tenía 9 años le preguntaba a mi madre de qué eran aquellas nubes de humo de color negro que cada día pasaban por encima de nuestras cabezas”

No es difícil de imaginar a que se refería con ese comentario. No solo se trataba de una nube de color negro que desprendía partículas de ceniza, sino que incluso se podía apreciar un olor extraño.

A raíz de esta conversación y dada su proximidad decidí ver con mis ojos lo que toda la familia de mi mujer había visto con anterioridad. Al día siguiente fuimos a Auschwitz.

Auschwitz

Arbeit macht frei: El trabajo os hará libres

Tras aparcar el coche nos dirigimos a la entrada donde pudimos ver este mensaje escrito en Alemán con el cual se daba una “falsa esperanza” a los allí recluidos. Justo al lado de esta entrada se podía ver una foto de aquella época en la que músicos judíos recibían a otros que llegaban a pie escoltados por soldados .

Una vez dentro, justo enfrente de nosotros una serie de hileras de barracones nos daba una idea de donde estábamos. Obviamente, nuestra visita acababa de empezar y lo peor por llegar.

De camino a uno de los barracones, al fondo y entre otros dos barracones, había una pared. A esta se la denominaba el “muro negro” y era donde se realizaban los fusilamientos. Este muro según cuentan es una réplica del original que fue destruido.

Ya dentro del primero de los barracones fuimos testigos del sufrimiento en imágenes de lo acontecido en el holocausto nazi. Cientos de cuadros y fotografías daban testimonio de lo que tuvieron que pasar los miles de personas que pasaron allí sus últimos días.

Literas en Auschwitz

En otros barracones pudimos ver donde dormían en una especie de literas, muy parecidas a las que se nos muestran en las películas. Algunos de ellos se habían vaciado completamente y sellado con un cristal transparente con el propósito de apilar muestras de todas las pertenencias de los allí recluidos durante los casi 5 años que Auschwitz estuvo abierto. Así, detrás de las vitrinas (por separado) se podían ver miles de monturas de gafas, maletines, zapatos o cepillos del pelo.

Zapatos apilados detras de una vitrina en Auschwitz

Si bien lo anterior resulto una escena difícil de olvidar, mucho más aun fue cuando al final de nuestra visita nos dirigimos a los hornos. Una cosa es ver esto en fotografías o en la televisión pero lo más impactante no es lo que se ve, sino lo que se huele. Dado el gran volumen de personas asesinadas por los alemanes en Auschwitz, es lógico pensar que la forma más rápida de deshacerse de los cuerpos sin dejar rastro era la incineración, como resultado el olor impregnado en las paredes de estos hornos perdura hasta el día de hoy.

Hornos Crematorios

Los campos de exterminio son un claro ejemplo de un error que nunca deberíamos de cometer en el futuro. Esto debería servir de base de aprendizaje para las generaciones venideras. Yo por mi parte, si alguna vez vuelvo a Auschwitz será solo si mis hijos me lo piden. Es una experiencia que una vez vivida no quieres volver a repetir.

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