¿El dinero es sinónimo de felicidad? La respuesta es no. Después de una ardua investigación la especialista en políticas públicas Carol Graham ha publicado interesantes hallazgos en su libro “la felicidad en el mundo”. Al estudiar y comparar la economía de diversos países con la felicidad y bienestar de sus habitantes ha encontrado una paradoja denominada PARADOJA DEL CAMPESINO FELIZ Y MILLONARIOS MISERABLES, en pocas palabras consiste en la relación entre la cantidad de ingresos y el nivel de satisfacción con la vida. Mediante encuestas realizadas en Europa, América y África se observó que los individuos con menos dinero son más felices que aquellos con mayores ganancias económicas. Con objeto de explicar la aparente incongruencia se han lanzado las siguientes hipótesis

  • En el esfuerzo para obtener mejores ingresos aumenta el horario laboral y con ello el estrés, esto trae serias consecuencias en cuanto salud y se disminuye el tiempo que se dedica al ocio, el deporte y la familia, actividades que generan bienestar.
  • Las personas “exitosas” son más críticas con su vida, sus logros y su situación en comparación con las personas de ingresos no muy altos, generando significativas diferencias en la concepción de felicidad.
  • Un campesino pobre se adapta a su situación y no tiene muchas expectativas, debido a esto se siente satisfecho con su vida y cae en lo que llamamos conformismo, al estar conforme no tiene esa frustración que enciende la chispa del emprendimiento evitando así que mejore sus ingresos pero obteniendo felicidad

Además de las ya nombradas conclusiones, se encontraron los siguientes patrones comunes entre las personas felices: matrimonio estable, buena salud y suficientes (aunque no demasiado) ingresos. Los anteriores hallazgos invitan a una reconsideración de lo que es realmente importante en nuestra vida, ¿Qué opinas? Deja tu comentario

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