Los mensajes del campanario llegan a todo el pueblo, como en twitter

Forasteros sin cobertura

Una pareja de mediana edad compró recientemente una casa en un pequeño pueblo. Allí, la cobertura de los dispositivos móviles va y viene a su antojo, por lo que se produce una cierta sensación de aislamiento, de incomunicación. No digamos ya nada si hablamos de intentar conectarse a TWITTER, FACEBOOK o a cualquier otra de las REDES SOCIALES. Misión (casi) imposible. La tranquilidad es la nota dominante en la aldea, sólo alterada por los gritos y las carreras de sus más pequeños habitantes, con los que la pareja espera que sus dos hijos compartan correrías en poco tiempo. La casa queda muy cerca de la torre campanario, así que el tañido de sus campanas cada cuarto de hora ha sobresaltado en más de una ocasión a estos “forasteros” desde el día en que pisaron sus calles por primera vez. Al principio, el estruendo de las campanadas les provocó algún que otro brusco despertar a las tantas de la madrugada, pero poco a poco se han ido acostumbrando y ya logran dormir plácidamente.

En la España de hoy todavía hay pueblos con escasa cobertura móvil

Campanadas a media tarde

Un viernes por la tarde, mientras se dedicaban a acondicionar su recientemente estrenada casa, el campanario comenzó a emitir sus tañidos, pero en esta ocasión sonaban de una manera distinta, muy lentamente, con desgana. El mortecino ritmo hacía pensar que era el anuncio de que algún lugareño acababa de fallecer. Efectivamente. No habían pasado más de diez minutos cuando, al salir a la calle, descubrieron que los vecinos del lugar ya sabían quién era la finada, a qué hora sería el funeral y algunos pequeños detalles más. Con sólo oír el tono de las campanas se habían activado una serie de resortes difíciles de comprender para alguien acostumbrado a los modos y costumbres de la ciudad moderna. Nuestra pareja, en un principio sorprendida por la rápida reacción de la gente del pueblo y tratando de buscar una explicación lógica a lo que ocurría a la puerta de su casa, estableció una serie de paralelismos entre lo que estaban presenciando y lo que acontece en la llamada aldea global

Las verdaderas redes sociales están en los pueblos pequeños

Nuestra pareja, tras analizar cada paso que daban los habitantes del pueblo, llegó a la conclusión de que el germen del fenómeno que engloba lo que conocemos como redes sociales y que tiene lugar en la aldea global se halla en los pequeños pueblos, los cuales se mueven mediante unos mecanismos muy similares a los que rigen estas redes. Muchas veces, una noticia comienza a divulgarse a través de un mensaje de no más de 140 caracteres llamado tweet. En el pueblo, el mensaje encriptado en el triste toque de campanas dio a conocer a toda la comunidad el luctuoso acontecimiento. Acto seguido, la noticia va adquiriendo cada vez mayor repercusión gracias a los sucesivos retweets, que hacen que un determinado hashtag adquiera la categoría de trending topic. En el pueblo, el tradicional boca a oído hace las veces de retweet y, de este modo, el imaginario hashtag #pacayanoestá se convirtió sin lugar a dudas en el trending topic del fin de semana en la pequeña población.

Cada vez es más familiar este icono

Los eventos y los comentarios en las redes sociales

En la aldea global virtual es muy común encontrar anuncios del tipo “Fulanito asistirá al evento X”. En el pueblo, todo el mundo se dispuso a asistir a la celebración del funeral, sin necesidad de publicarlo en ningún portal web, pues hacer acto de presencia en este tipo de celebraciones se da por descontado. Toda la información de la aldea global puede ser comentada en los distintos foros virtuales, donde cada participante puede expresar su opinión al respecto. El foro en el pueblo tuvo lugar en la casa de la difunta, donde durante toda la noche no paró de entrar y salir gente para mostrar sus condolencias, ofrecer ánimos o simplemente para charlar y recordar a la anciana fallecida…

La gente acudía a dar el pésame a casa

Velatorio tradicional en una casa de un pueblo cualquiera. No hacía falta convocar por twitter.

La aldea global es un gigantesco pueblo pequeño

En estos tiempos en que vivimos, en los que si Facebook o Twitter interrumpen su servicio durante unas horas muchos millones de usuarios creen que es el anuncio del Apocalipsis, es reconfortante saber que aún quedan pequeños reductos en los que, a pesar de la escasa cobertura tecnológica, las cosas importantes de la vida (y de la muerte) siguen su natural discurrir gracias al verdadero motor de las redes sociales: las personas. Las actuales redes sociales no son más que la lógica evolución de los antiguos sistemas de transmisión de mensajes (campanadas, mensajes de humo, lenguaje de silbidos entre montañas,…). Más rápidas, sí. Con más opciones, también, Más precisas, puede. Pero no por todo ello mejores que los métodos tradicionales, ni mucho menos, más humanos. El soporte de las redes sociales lo constituyen las personas, no las tablets, los teléfonos móviles o los ordenadores de cualquier tipo. La pareja de forasteros nunca olvidará el hashtag #pacayanoestá que lanzó tristemente el campanario de su nuevo pueblo en una cálida tarde de julio...

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