En medio del pavimento camina la paloma, busca migajas de los residuos de otros que ella saborea con cierta decidia, camina hacia el oriente donde divisa una escalera de ladrillo, es largo el camino, hace sol, y muchos transeuntes la rodean; convencida de necesitar pasar al otro piso no le importa, e inicia lenta su travesía, lenta como quien carga una generación en el lomo, y que de su caminar depende el destino, el destino propio.. el destino de todos. Los rayos de sol dificultan la visión, haciéndola casi invisible para los caminantes que la acompañan, escabulle con desinterés el paso febril de los otros, soportando con indiferencia las fallas dolorosas de sus escapes.

Pasa por allí una mariposa perdida, huye mientras busca entender las alas de águila que le fueron obsequiadas por aquel amor imposible que dejó atrás, su extraño vuelo fuerte la ha llevado a lugares nuevos; vuela la mariposa morada con alas de águila. Depronto en medio de la turba andante, ve a la paloma, la observa un instante, la cree más perdida que ella, se conmueve es una PALOMA caminante en un desierto en el que sopla el Mistral, viento imponente, seco y violento.

Desciende con el hálito seductor y suave de una danza femenina que conocía en los tiempos de la tribu, se acerca a la paloma caminante, la paloma mira el pavimento embuída en meditaciones sordas, así, camina la paloma en el pavimento del desierto hostil de lo humano. La mariposa no espera, se despoja, sobra decir algo, le entrega esas alas, alas de águila; suponiendo sacarla así, del rumbo estéril y básico de los llamados a arrastrarse por los suelos.

La MARIPOSA desaparece, dejando a la paloma con alas de otra historia, las de un aguila que quedó guardada en el bosque del olvido, donde mueren los amores que no fueron.

Ahora a la PALOMA se le dificulta aún más caminar, las ALAS pesan demasiado; cuando llega el ocaso, arriba por fin a la escalera, la baja dando pequeños saltos cortos al ritmo del piano que aún resuena en su añoranza, allí encuentra una manada de palomas, que al saciarse de lo que las une al suelo, vuelan.

La PALOMA sorprendida sueltas las alas de águila, se las quita como quien se despoja de la capa de un reino ajeno, siente su cuerpo, ahora recuerda aquella desnudez, descubriendo el tesoro desconocido, entonces con asombro por fin abre sus alas y vuela como las palomas.

alas de águila

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