Cambio en la escala de valores
¡Qué sorprendente es el Evangelio! Parece valorar a los débiles, a los excluidos, a los marginales. Invierte los valores habituales: la fortuna, el poder, la popularidad… no tienen importancia para él. La venida de Jesucristo a este mundo demuestra esa alteración de la escala de valores de nuestra sociedad. Él, quien es Dios, se humilló al hacerse hombre. Nació en un establo y vivió en la pobreza.
Murió en una cruz para luego resucitar como vencedor de la muerte. Escogió la compañía de sencillos trabajadores, como Pedro, al igual que de hombres pudientes pero menospreciados, como Mateo, el recaudador de impuestos.
¿Por qué Jesús parece preferir a los que están al margen de la sociedad, antes que a los que se estiman superiores a los demás? En realidad, para Dios no hay diferencia. Todos los seres humanos estamos cargados de culpabilidad. Los que se creen justos no están exentos de ella, pero rechazan la voz acusadora de sus conciencias. A la inversa, los que sufren por sus faltas están dispuestos a acudir a Dios para recibir su perdón. Entonces Dios los acoge como hijos, y en esa adopción ellos vuelven a hallar un valor y una verdadera dignidad. Jesús los libera tanto de vergüenzas secretas como de acusaciones públicas. No nos desalentemos por nuestros fracasos, ni aun por nuestras faltas. Confesémoslas a nuestro Dios. Nos permitirá empezar de nuevo y centrar nuestra vida en Jesucristo.