La renovación es fundamental en cualquier actividad vital. La naturaleza cambia constantemente y los seres humanos necesitamos someternos a continuas regeneraciones. Aún así, nos servimos de lo antiguo, bueno o malo, cuando no queda otro remedio. Debe ser que ahora estamos en esta situación; nuestra indigencia intelectual y económica nos impide innovar en materia política. Las personas, las caras, los gestos y los comportamientos no han variado desde hace mucho tiempo. Año tras año, convocatoria tras convocatoria, son siempre los mismos lobos los que se comen a la abuela de caperucita. Los hay que restauran su aspecto, modificando su planteamiento ideológico con el objeto de garantizar su permanencia dentro del sistema. Algunos, los más atrevidos, ante el miedo a perder su modus vivendi, reconstruyen aparentemente sus esquemas ofreciendo iconos de modernidad más falsos que Judas. Por último están los profesionales del medio que saben manejar y manejarse en política. Nacidos para el trapicheo sin escrúpulos, con descaro y desfachatez, y sin esconder sus vergüenzas y corruptelas, siguen ofreciendo sus “desinteresados” servicios al ciudadano inculto.

A pesar de lo estúpido que supone contar lo que todo el mundo siente y conoce, y con la intención de no parecer panfletario, me pregunto si no está bien ya de darles de comer (muy bien, por cierto) siempre a los mismos elementos. Está claro que son imprescindibles los pastores para conducir el rebaño. Pero los que hay  han chupado  de la ubre hasta dejarla seca. Hay que sustituirlos. Por cualquiera. Porque cualquiera lo hará mejor que estos rehaleros que en lo único en que se aplican es en sacrificar ovejas para obtener el máximo beneficio en bolsillo propio. O renovamos al personal, o van a acabar con todo y con todos.

Publicado en Diario Información de Alicante 19/02/2010 bajo el Título Renovarse o morir.

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