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LA CAMA CELESTIAL DE LONDRES

James Graham. El templo de la salud de Londres y la cama celestial.

Desde los inicios, la medicina pasó por varias etapas de estudios, investigaciones y descubrimientos a lo largo de los siglos. Si repasamos su historia, nos encontramos con algún que otro personaje cuyas intenciones no han sido tan éticas como se espera de los médicos.

Si nos remontamos al siglo XVIII, nos topamos con JAMES GRAHAM. Nació en 1745 en Edimburgo (Escocia). Comenzó sus estudios de medicina. No obstante, las abandonó antes de terminar la carrera. Emigró a Filadelfia (Estados Unidos), donde se reunió en expertos de electricidad. Aprovechando la ocasión, aprendió bastante de este oficio. Pocos años más tarde, regresó a Inglaterra y se afincó en Londres, donde compró y reformó una antigua mansión.

Aprovechándose también de la infertilidad de algunos matrimonios quienes intentaban tener hijos, creó un templo de la salud y el himen. En este templo ofreció varios tratamientos utilizando la electricidad como medio de cura. JAMES GRAHAM, el charlatán del siglo XVIII, hacía creer a la gente (quizás por convicción propia) que la electricidad era capaz de curar todos los males.

Pero, lo más extraordinario de la mansión, EL TEMPLO DE LA SALUD, era LA CAMA CELESTIAL que ocupaba la habitación principal. Tenía unas medidas amplias de 370x270 cm. El colchón se rellenaba con pelos sementales, avena y lavanda frescas e imanes. La cúpula de la cama tenía unos autómatas integrados que reproducían música y salían vapores de éter y aromas orientales. Se creaba un ambiente extraordinario para una noche de amor y relaciones para, según se aseguraba, obtener la descendencia deseada. Se decía que los niños concebidos en la cama celestial eran los más hermosos.

James Graham cobraba 5 libras la noche por el uso de la cama celestial. Además, realizaba más tratamientos que incluían una corona y una silla, ambas con chispas eléctricas, y se celebraban conferencias sobre las relaciones íntimas. La profesión que ejercía por aquellos años sería comparable con un sexólogo de hoy en día.

El templo de la salud recibió bastante aceptación y su clientela era de la clase media alta. A pesar de la afluencia y aceptación de aquel negocio, James Graham quedó en la ruina, puesto que se hizo adicto al éter y malgastó su dinero. Pronto tuvo que huir de los acreedores y regresó a Escocia, donde abrió otro centro médico, aunque nunca se llegó a licenciar en la carrera de medicina.

Aunque estafadores y engaños han habido muchos a lo largo de la Historia. No obstante, no deja de ser una historia curiosa.

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