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En las ramas desnudas de hojas abren sus pétalos las flores amarillas y ligeramente perfumadas del calicanto (Calycathus praecox), un arbusto que es natural de China. No le importa el frío y puede florecer con los troncos llenos de nieve, no obstante, también se puede adaptar en climas más templados, incluso crecer en macetas. Al contrario que otras plantas, las hojas aparecen después de la floración como si se empeñara en llevar la contraria en todo.

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Crece en suelos húmedos y bien drenados y no necesita cuidados de ninguna clase. Se cultiva en jardines especialmente por su perfume que lo impregna todo entre diciembre y enero, cuando no florecen las otras flores. Es un arbusto caducifolio y antes de la temporada fría pierde todas las hojas que es cuando aparecen pegadas a los troncos las yemas que luego se convierten en flores.

La reproducción del calicanto se hace plantando los troncos en verano, pero hay que armarse de paciencia y esperar unos dos años a que arraiguen y se convierta en una nueva planta. La reproducción por semillas también se puede hacer pero en muchas ocasiones estas fallan.

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Esta planta por su aroma se utiliza mucho en la medicina china para calmar la tos, para la faringitis, amigdalitis, etc. Los aceites esenciales se utilizan el cosmética y perfumería y también en aromaterapia. Se calcula que llegó a Europa esta planta en el siglo XVIII y la podemos encontrar en Granada, especialmente en la Alhambra a lo largo del Paseo de las Torres, en los jardines que van al Generalife donde en este tiempo su fragancia se extiende y lo perfuma todo.

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