Una mañana despiertas, cualquier día, y sabes que vas a ningún lado. Has dado vueltas en la cama, en una honda trocha o sobre el extremo que te molesta en la espalda y, más que ambas, lo que te desagrada es no querer estar allí, acompañado por el calor de a solas.

Ves tu mundo girar de cabezas. Te siguen gustando las mismas cosas y ya no tienes edad para subir al tiovivo de lo que pensabas sería tu vida.

El parque sigue allí, con la anuencia de nuevas personas y, aunque tengas algo de fuerza para subirte a la montaña rusa, cuando compres al precio del difícil dinero tu boleto, ya no podrás disfrutarla porque la nueva generación no busca el “sex appeal” de ningún viejo. ¿Olvidaste que fuiste joven y murieron los que ofendiste?

La sazón del alimento –un día- te será insípida. Querrás y podrás comer, pero no te sabrá a nada ni te sentirás satisfecho…

¡Es una vida maravillosa!

Mientras la tengas, mientras disfrutes.

Y no he de perder mi tiempo en compromisos que no puedo cumplir, ni en juramentos que desconozco por este amar –de primera vista- porque el amor es una somática emoción hormonal que se va y a veces viene y -de veras amar- es un misterioso compromiso deliberado y complicadamente unilateral.

¡Lástima de mí! ¡Lástima de todos!

Somos un cuerpo hedonista que envejece para morir. Ciertos gustos se acrecientan, los refinamientos se enriquecen y muchas cosas no pueden ser.

 

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: