Cada vez termina un ciclo. ¿La pregunta?

Cada vez que se termina un ciclo en nuestras vidas, es pertinente preguntarnos. ¿Qué cosas hemos hecho bien, que cosas no salieron en la medida de lo que queríamos y por supuesto a cuantas personas pudimos ayudar a crecer? Lo material, en lo espiritual. Cuando termina una etapa en nuestras vidas, es lógico que exista un desprendimiento de alguna parte nuestra, algo que debe mutar para enfrentar el nuevo escenario en lo porvenir.

Mientras no puedas dejar o desprenderte de cosas en tu vida que son un estorbo que te atan al pasado; conflictos, males del “corazón”, decepciones, reconocimientos, logros, en verdad no estás listo para asumir prístinamente las oportunidades que se inician con los nuevos tiempos. No cometamos el pecado ‘mortal’ de conservar condiciones tóxicas, emociones que son un atavismo pesadísimo en el diario vivir y que no nos permiten avanzar raudamente en la consecución de nuestros sueños.

Cada vez que alcanzas logros y alcanzas a quemar una etapa, es necesario desprenderte, abortar lo innecesario de todo lo conseguido para; acceder y optar a metas de alto nivel, visualizando los nuevos estadios que la vida nos presenta para llegar a ser un mejor ser humano, pleno, agraciado y bendecido. Cuando transportamos un equipaje pesado, no tenemos ninguna movilidad, cualquier incidente por pequeño e insignificante que sea, nos confunde, descontrola, dejándonos sin equilibrio en cualquier circunstancia.

Entonces; dejar atrás un momento de nuestras vidas, es una oportunidad para olvidar aquello que nos trunca y no permite que alcancemos el próximo nivel de superación y crecimiento humano, espiritual, profesional. Es clara la oportunidad de conectarnos con nuestro yo interno e internalizar las lecciones aprendidas, asumir con propiedad los nuevos desafíos que la realidad nos presenta, para los que estamos persuadidos a hacer que las cosas trasciendan.

cambio

Termina un momento en nuestras vidas

Finalizar un momento de nuestras vidas, es; haber compartido nuestro tiempo con otros, haber entendido sus retos, necesidades, dejar parte de sí en cada instante y situación, como un aporte de entrega y reconocimiento a los demás seres. Así, vamos superando etapas, guardando más conocimientos, mejor dicho; aprovechar las experiencias que has alcanzado, que no es más que aquello que se ha adquirido, después de habernos equivocado.

Siempre que se cierra un ciclo en nuestra existencia, es como detenerse a escuchar el paso del tiempo, las olas del mar, el silbido del viento, que vienen a ser conexiones impensables que nos adentran, en la eterna infinidad de la naturaleza, como una respuesta a nuestras interrogantes, a la antesala de los cambios que necesitan nuestras vidas. Todo esto cuenta, para tomar conciencia de lo ínfimo que somos, esos depósitos maleables que deben morir en su propia integridad, para luego ser reconstruidos con los hilos sagrados del cambio que se han forjado en el amor, la fe y, la esperanza.

Por cierto; no se trata de edificar una exhibición llena de vanidades, contentiva de hermosas joyas personales para mostrarlas, por el contrario se trata de conectarnos en cuerpo, corazón, mente y alma que, se relaciona con nuestra dinámica trascendente, para revivir nuestras aspiraciones de crecimiento por siempre, dejar lo ya conocido e ir hacía la búsqueda de nuevos horizontes para encontrarnos con nosotros mismos y fundirnos con la realidad que aspiramos a llegar en nuestro nivel pleno como seres humanos.

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