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Caballeros para un mundo mejor

El mundo cambia. Las personas cambian. Las costumbres y culturas cambian. Pero lo que nunca debe cambiar son las cosas buenas y esenciales que nos caracterizan como humanos, y la caballerosidad es una de ellas.

En un mundo moderno y dinámico, la mujer ha desarrollado un rol más activo en todos los ámbitos y en muchas ocasiones a entrado en competencia con el hombre. Eso no es malo, en absoluto. El detalle esta en no olvidarse nunca quien es mujer y quien es hombre, y al decir esto no nos referimos a quien es “débil” y quien es “fuerte”, ni mucho menos a cuál es más o menos capaz que el otro, sino hacemos referencia a quien esta diseñado por naturaleza a ser objeto de mimos, cuidados, atención y muestras de cariño permanentemente y quien esta diseñado para darlos.

El hecho de que compita y en muchos casos supere al hombre, no le quita su condición de mujer merecedora de atenciones. Quizás la misma actitud positiva, enérgica y de lucha que debe asumir para poder prepararse, superarse y ubicarse dentro del mundo de hoy, haga que sea ella misma quien transmita una imagen de “fuerte” que incluso puede llegar a intimidar a los hombres, quienes se sentirán cohibidos de ser caballeros y atentos y pondrán por encima de eso un frío respeto.

Pero los hombres deben tener siempre en cuenta que la mujer es un ser especial, es quien da la vida, da los hijos, brinda amor incondicional acompañado de esos momentos inolvidables que solo pueden sentirse y nunca describirse.

No importa si la mujer es de mal o buen carácter, ni importa si agradece los gestos de amabilidad y caballerosidad o no, tampoco debe haber diferencia si son novias, esposas, madre, hermana, amigas, conocidas o simplemente una extraña que se tropieza en cualquier lugar, los hombres debe ser siempre caballeros con las damas. Saludar cortésmente, sonreír, abrir las puertas, ceder el paso, tratar con respeto, halar su silla, dirigirse a ellas con tono de voz adecuado, respetar su privacidad, ceder el asiento, servir sus bebidas, todo eso y muchas otras cosas conforma a un Caballero.

Cuando la mujer es novia o compañera de vida, con más razón aún hay que ser caballeros. Estar pendiente de todo lo que concierne a ella, preocuparse por su bienestar a diario y en todo momento, las muestras de cariño como abrazarla sin que lo espere, besarla siempre y en cualquier lugar, demostrarle que es importante, respetarla, proveerla sin importar que ella este en capacidad de hacerlo por sí misma, mantener una comunicación constante aunque sea en temas triviales, hacerla sentir importante para él, hacerle algún regalo sin ningún motivo específico, solo porque sí, llamarla solo para preguntarle ¿cómo estás?, cuidar bien de los hijos... eso marca la diferencia entre los hombres no tan caballeros y los hombres que totalmente lo son.

Como vemos, ser caballeros no solo es una actitud hacia la mujer con quien se mantiene un lazo afectivo o amoroso de cualquier tipo, toda mujer es digna y merecedora de caballerosidad.

Pero ser caballeros no solo se limita a las relaciones hombre-mujer. Ser caballeros también comprende el trato hacia los demás hombres, aunque por supuesto no en los mismos términos que con las damas.

¿Cómo se puede ser caballeros entre hombres? Cuidando el lenguaje, siendo puntual, honrando compromisos adquiridos, cumpliendo la palabra otorgada, respetando tanto al semejante como a la familia de este, siendo atento en todo lo concerniente a la relación entre ambos bien sea familiar, de trabajo, de amistad o casual, no aprovechándose de las bondades de los otros, y manteniendo la ética en todo lo que concierna al trato con los demás.

En resumen, se debe ser caballero con todo el que forme parte de nuestro entorno. Familia, compañeros de trabajo, amigos y también con la persona que nos atiende en el restaurant, en el hospital, en el transporte público, el vendedor de la prensa, el que nos hace una reparación en casa, la persona que nos llena el tanque de gasolina, la trabajadora doméstica, nuestros profesores, jefes, en fin, con todos, todos aquellos que forman parte de nuestro diario vivir de una u otra manera.

El mundo anda mejor con los CABALLEROS. Esa tarea compete a los padres, tanto a papá como a mamá, quienes deben inculcar en los hijos las actitudes y características de la caballerosidad.

Ser caballero no es un hábito, es un modo de vida. La caballerosidad debe estar presente en todo acto y momento de la existencia del hombre.

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