En busca de los hombres indicados, porque no existe perfectos, estamos todos los colombianos en estos momentos preelectorales, para elegir a las corporaciones y a la presidencia de la república.

Tenemos que hablar necesariamente de hombres indicados, porque el manejo gobernativo, requiere de un trabajo en equipo integrado, de lo contrario estamos condenados al fracaso.

La euforia popular por culpa de hombres solitarios en sus aparentes ideas individuales, ha permitido el chantaje legislativo, para la aprobación sin profundos juicios, de numerosas normas inconvenientes.

Pretendemos de los hombres indicados, la conciliación de la solidaridad económica, donde se sacrifique dos puntos de las cuantiosas ganancias, para generar mayor empleo.

Pretendemos de los hombres indicados, la conciliación operativa del gobierno de una manera transparente y honesta, para que los recursos sean bien aplicados en beneficio de todos los ciudadanos.

Pretendemos de los hombres indicados, la conciliación razón corazón, para entender y comprender que los menos favorecidos, también derecho a la calidad de vida.

Pretendemos de los hombres indicados, la conciliación de la razón con el corazón, para entender y comprender que necesitamos urgentemente insertar en los planes de salud, el tratamiento para la sanción del alma enferma.

El alma enferma de todos nuestros aparentes líderes, es lo que los ha llevado al engaño promesero, y a que la brecha de desigualdades sea cada vez más grande.

Claro está, que los de a pie, como se dice en Colombia a los que eligen, sin distingo de ninguna clase, necesitamos igualmente la cura para el alma enferma.

Sólo con el alma enferma como reflejo de nuestra condición, elegimos cada cuatro años a los mismos con las mismas, o al relevo generacional de la misma estirpe con las mismas.

Tarea difícil de buscar los hombres indicados, al parecer las lides políticas por autonomancia, son una mezcla de un 99 % de mentiras con una dosis del 1% de verdad, combinación que produce como resultado un monstruo insaciable de destrucción.

Elegimos los hombres indicados, para que sean nuestra voz y voto en la construcción del país que queremos, representando unos muy bien su papel de veedores, pero sin transcender en la responsabilidad de aportar.

Otros se enfrascan en resolver en derecho toda nuestra problemática, disfrazando sus buenas intenciones, en creaciones macabras.

La gran mayoría pasa desapercibida en los debates, siendo mencionados únicamente en las embarradas clientelistas o de deterioro al tesoro público.

Parece por esta radiografía presentada, que no existe hombres indicados, arrojando como conclusión que no hay por quien votar, esperándonos nuevamente cuatro años de castigo e incertidumbre.

Es lógico que los problemas del sistema de salud, de la educación, de la falta de empleo digno y en general de calidad de vida, son la suma de deficiencias históricas desde nuestra vida republicana.

A los actores de turno les corresponde legar la herencia de una porción de deterioro a los que vienen, a veces con continuismo de los mismos.

En Colombia desafortunadamente se vota por necesidad, de un empleo, de mantenimiento del mismo de un familiar o amigo, de la casa gratis, de bajos subsidios como el plan familias en acción.

Esperamos que como en el cuento de Diógenes, exista la linterna mágica que ilumine la consecución de los hombres indicados.

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