EN BUSCA DE LA FELICIDAD

(Una reflexión de la vida diaria, cuando la búsqueda de la felicidad se torna en una rutina alrededor de uno mismo)

Despierto normalmente temprano, algo gruñón por el frío de la mañana. Muy rara vez tomo desayuno, sino hasta las 8am en la cafetería del trabajo. Trabajar no es la felicidad, definitivamente no, y el dinero... siempre pensé que el dinero es un distractor de la felicidad verdadera. Hoy no sé pero el dinero es un muy buen simulador. Dicho sea de paso, si no encuentras la felicidad, trata con el dinero, es más fácil de conseguir.

Mi hora de salida nunca es exacta, pero casi siempre es cuando cae la tarde. Es un gran alivio dejar atrás el estrés, y salir a pasear, o estudiar, o simplemente descansar. No sé calificar si esto es felicidad. Camino a un centro comercial hay un puente de dos entradas, un niño en la entrada tipo rampa (por la que normalmente subo como paseando, es un buen paisaje, aunque eso me cueste demorar más para subir un simple puente). No sé la historia del niño, pero está sentado. Perdón. La expresión es “está tirado en el suelo”. Sus manos pequeñas, frágiles y sucias. Seguramente distraído por pensar en sus muchos problemas a su tan corta edad. Seguramente abatido, tal vez incluso con hambre, golpeado por la implacable bofetada de quienes lo ignoran. “ah!, es un pobre más de tantos que hay, donde estarán sus padres” – parecen decir las personas mientras siguen su camino, inertes. Definitivamente esto no es felicidad, espero un poco de aprecio ayude, que si acaso hay camino a la felicidad, ese debe estar trazado por el amor desinteresado… “una mano al pecho y otra al bolsillo por favor, no puedes hacerlo todo pero puedes hacer algo”.

Cuando voy de compras, o estoy en un restaurante encuentro todo tipo de personas, pero de todos, me divierte más la gente monosílaba, “¿Qué tal están las empanadas? – bien – ¿podrías traerme una? – efectivo?…”. En fin, todo tipo de personas, algunas parecen felices, otras están muy lejos de parecerlo siquiera. Un mozo malhumorado, una cajera risueña, un cliente impaciente, un niño frenético en la calle. Una sonrisa, un gesto, un poco de amabilidad, una pizca de sencillez, ¿qué define la felicidad?

A unos minutos de caer inconsciente a mi cama, decidí contarle a Dios mi día, no tardó mi pregunta ¿es que alguien podrá ser feliz?. Con un suave susurro en el silencio de mi habitación, creí imaginar una respuesta similar:

Qué viste hoy? – tristeza, alegría, distracción, resignación, ira, y también cariño, hay una mezcla de todo allá afuera.

– Qué crees que les falte para ser felices? – no tengo idea en realidad. Una familia completa, un mejor salario, una vida de niño normal, y por supuesto un poco de ayuda de tu parte.

– Muy bien, y por qué crees que no los he ayudado? – pues… no es mi intención decir eso, pero mucha gente vive así por años, a veces me pregunto, ¿dónde estás tú cuando la gente sufre?.

– Hijo mío, yo estoy aquí todo el tiempo, no me he movido ni un centímetro. Mis brazos siguen siendo largos para abrazar al afligido, mis pies están listos para socorrer al arrepentido, mis ojos permanecen alertas para quienes me buscan, yo sigo aquí, pero además… también te he enviado a ti, y envié a muchos para que sean mis manos, da una mano a los demás, verás que la felicidad no es un estado de ánimo ni una situación, es una actitud, como el niño que corre sin importar el frío, como la cajera que sonríe sin importar cuantas horas de cansancio, toma la vida con felicidad, aunque pienses que todo te es adverso, yo estoy ahí, y te di todo para ser feliz. Sólo deja de distraerte. Sé mis manos, sé mis pies, sé mi voz. Aprende a amar a los demás, y verás que ser feliz es una consecuencia del amor, como el amor que me hizo darte mi vida.

– no pude decir más, tal vez es tiempo de generar felicidad, más que buscarla…

 

J.M.

Una reflexión de la vida diaria. Cuando la búsqueda de la felicidad se torna en una rutina alrededor de uno mismo.

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