Año 1962: un hombre divorciado de 63 años se recluye día y noche en su garaje mejorando una motocicleta de sus años juveniles. No tiene recursos para comprar las piezas que necesita, así que… las construye con sus propios medios.

Este hombre se llama Burt Munro. Nacido en una granja neozelandesa y amante de la velocidad desde sus primeros años, trabaja como peón de construcción o ayudando en la granja familiar. Incluso llega a participar en algunas carreras de motos y trabaja como mecánico y vendedor de motos. Divorciado tras la segunda guerra mundial decide recluirse en su garaje y dedicarse a convertir su Indian de 1929 en la moto más rápida del mundo.

Voluntarioso o ingenuo, o tal vez ambas cosas, decide ir a la otra punta del mundo, a Bonneville Saltflats, en el estado de Utah, para participar en la Semana anual de la Velocidad. Su moto, que ni tan solo tenía las medidas mínimas de seguridad que permitían su participación en la carrera, y su fuerza de voluntad y entusiasmo consiguen que la organización acepte que corra… ¡consiguiendo un récord mundial de velocidad!

Conocí este fabuloso caso de autosuperación y motivación a través de la película Burt Munro: un sueño, una leyenda filmada por el compatriota neozelandés Roger Donalson.

La película, cuyo título original es The world’s fastest Indian, está protagonizada por Anthony Hopkins. Y se la recomendamos vivamente a todos aquellos que tienen (y expanden) ideas oscuras y limitantes acerca de la edad, la vejez, la vida y el éxito.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: