El BURNOUT nació en una clínica de toxicómanos en Nueva York. Se observó un desgaste en el personal facultativo al no haber compensación en su trabajo al soportar una carga emocional enorme.

El BURNOUT es un estrés laboral crónico motivado por esfuerzos no compensados, que da como resultado un agotamiento emocional y actitudes negativas hacia los compañeros de trabajo y hacia uno mismo, como profesional. Suele afectar a los docentes, a los trabajadores sociales y al personal sanitario. También se da en profesiones con demandas elevadas de organización como controladores aéreos y correctores de pruebas.

Las  CONSECUENCIAS son la pérdida de eficacia, una disminución en la productividad, errores, mayor riesgo de sufrir un accidente y absentismo.

Las personas pueden sufrir alteraciones psicológicas, abuso del alcohol y medicamentos, neurosis, depresión y, sobre todo, el cinismo (personas que no se implican porque consideran que en la situación no vale la pena involucrarse).

Las MANIFESTACIONES clínicas del burnout son los síntomas físicos, los emocionales, los cognitivos (merman las capacidades del individuo en las actividades o competencias a realizar) y los síntomas de comportamiento. Para diagnosticarlo se han de dar estos síntomas a la vez.

Los factores de riesgo para que aparezca el burnout son el contacto continuo con las emociones y el dolor de los demás, exceso de trabajo, cambios tecnológicos, trabajo por turnos, falta de apoyo y reconocimiento, expectativas elevadas respecto al trabajo, nivel de autoexigencia elevado, pensamiento dicotómico (pensamiento que lleva a creer que las cosas son blancas o negras), etcétera.

Existen diversas fases que contribuyen a la aparición del BURNOUT. La fase de entusiasmo –personas que están deseando trabajar-, fase de estancamiento – cuando te das cuenta de que algo va mal-, fase de frustración –bajas tu rendimiento y aparece la sintomatología física-, y fase de apatía –mecanismo de defensa que te impide reaccionar ante las adversidades-.

El burnout se puede prevenir aumentando la autonomía y control sobre el trabajo, promoviendo un nivel adecuado de la carga de trabajo, fomentando la flexibilidad horaria y estableciendo sistemas democráticos y participativos en el trabajo, mostrando una tolerancia hacia la frustración y siendo pragmático analizando los problemas y alcanzando un buen nivel de solución de los mismos.

Burnout: síndrome de estar quemado

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