Una aventura; un viaje al Apocalipsis

Los tres libros

Ha pasado el tiempo... La verdad, no sabía que tanto; pero mi sueño se vió cumplido: Publicar un libro, cuyo título era LOS TRES LIBROS. Fueron buenos momentos.

Fueron unos meses ajetreados, llenos de idas y venidas, promociones, entrevistas en radio y televisión; hasta un viaje de aventura de Madrid a Barcelona para darlo a conocer. Sin embargo, el tiempo pasa inexorable.

Buenos momentos, en el que conocimos el difícil mundo de las editoriales: Llamadas a muchas puertas, presentaciones a concursos; pero ninguna respuesta. La única solución para que mi libro saliera a la luz fue lo que se conoce como co-edición; es decir, tú adelantas el dinero y la editorial se encarga de enmaquetarlo, imprimirlo y llevarlo a tu casa; porque la distribución, promoción y publicidad, corre por parte del propio autor.

La aventura

Los primeros pasos se centraron en la selección del tema, la aventura del estudio y la investigación, la imaginación, los borradores, el diseño y desarrollo de personajes; tantas cosas... Todo ello llevó acarreado un trabajo de tres años que estuvo lleno de buenos momentos duros, falta de inspiración, pero con una ilusión que iba aumentando, según se ligaba la historia y ésta iba tomando forma.

Yo no quería contar una simple historia; quería llegar a la mente, el alma y el corazón; llevar al lector a la experiencia de profundizar él mismo en su interior; a la vez que yo le contaba mi intimidad, mis creencias y la fe en un mundo nuevo.

Autorización del original

IMPRIMATUR

La firma de la autorización de la impresión fueron buenos momentos; casi más delicioso del proceso de escritura. Significaba abrir la puerta de todas las ilusiones y sueños contenidos. Uno de esos buenos momentos en los que uno se siente orgulloso, nervioso y satisfecho del trabajo realizado. Muchos sudores, miedos, preocupaciones, indecisiones, lecturas, relecturas, correcciones; todo quedaba terminado al estampar mi firma en aquella autorización. A partir de aquí, el libro nacía al mercado y a las librerías.

Si he de ser sincero, me preocupaba más que mi libro fuera leído, al dinero que pudiera ganar, pues estaba convencido que la historia era buena, que -modestia aparte- estaba bien escrito y era muy entretenido para leer (como así me contaron muchos lectores). Todo auguraba un futuro lleno de ilusiones y sueños, que fueron frenados por la cruda realidad.

Buenos momentos

Recuerdo aquellos años. Fueron BUENOS MOMENTOS a pesar de que una vez impreso, la editorial se lavó las manos y desapareció sin darnos apoyo de ningún tipo.

Mi mujer y yo peleamos hasta la saciedad. Recorrimos radios, periódicos, televisiones, librerías; un trabajo muy duro y desesperante; porque todo eran barreras y dificultades. A fin de cuentas, parecía que hacía falta tener nombre o poseer el famoso "enchufe" para que las puertas se abrieran.

A pesar de la sensación de fracaso, de la desilusión y del duro aterrizaje con la realidad del mundo editorial, fueron buenos momentos, buenas impresiones, en los que nuestro esfuerzo tuvo como resultado la venta de unos quinientos ejemplares (sin contar los que regalamos). Todos los que han hablado de mi libro, me han felicitado (hasta recibí correos desde Palma de Mallorca y de USA)... Pero falló la publicidad, la producción, el interés de la editorial, que una vez recibido el dinero, desapareció.

El único mal sabor es saber que una buena historia duerme entre una cajas del sótano de mi casa. 

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