Los buenos hábitos que mejoran nuestro sueño

El insomnio o la dificultad para dormir dismunuyen nuestra calidad de vida. Si no dormimos puede afectar a nuestra memoria, concentración y aprendizaje. La falta de sueño influirá en nuestro ritmo biológico que se repite cada 24 horas aproximadamente.

Cuando dormimos, el cerebro trabaja para fijar en él lo que aprendemos a lo largo del día, y también para formar los recuerdos. Si nuestro cuerpo se somete a una noche de SUEÑO reparador estaremos más preparados para afrontar un nuevo día.

Si sufrimos de insomnio puntual, a causa de una situación de estrés, puede ser efectivo tomar infusiones como tila o valeriana. En los casos de INSOMNIO leve, es aconsejable establecer unas pautas a seguir que puedan llegar a ser beneficiosas para recuperar nuestro sueño: despertarse e ir a dormir todos los días a la misma hora, limitar el tiempo diario que se pasa en la cama a solo el tiempo necesario para descansar (normalmente ocho horas de sueño), suspender la toma de sustancias con efecto estimulante o activador, evitar las siestas largos (una siesta no debería durar más de 15 minutos), practicar ejercicio físico, realizar baños de agua a temperatura corporal, practicar ejercicios de relajación antes de ir a dormir, realizar un horario regular de comidas, evitar actividades excitantes y el exceso de alimentos a la hora de ir a dormir y mantener unas condiciones ambientales adecuadas para poder conciliar el sueño (temperatura, ventilación, ruido...).

Si al aplicar las medidas anteriormente citadas, el sueño no se recuperara, se recomienda visitar a un MÉDICO, que realizará las pruebas adecuadas y podrá descartar la existencia de una patología que pudiera alterar nuestro sueño habitual. En ocasiones la dificultad para conciliar el sueño aparece por trastornos como la ansiedad, la depresión y otras enfermedades neurológicas.

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