¿Qué debemos saber para tomar decisiones financieras acertadas?, ¿existe una receta infalible?, ¿los éxitos son producto de la suerte?

“La suerte es la mezcla del conocimiento y la oportunidad”, frase encontrada en la vitrina de un almacén de venta de colchones.

Empiezo por citar la suerte, por ser un concepto muy aplicado a lo sucedido con éxito, y esperado  que suceda o no suceda.

En la toma de buenas decisiones financieras no existe receta infalible, lo que existe es un análisis juicioso de todas las posibles variables, que ayuden a un resultado positivo.

La suerte en un 90 % alejada del azar, aprovechando el conocimiento y la oportunidad de sacarle partido, en asocio a la osadía como un concepto de arriesgarse a los vaivenes de lo no controlado, juega un papel predominante.

Ahora bien, el análisis juicioso incluye el llenarse de motivos que proporciona la historia con el presente, para proyectar el futuro a corto, mediano y largo plazo.

Conocer en detalle las tendencias de ayer, hoy y mañana en los universos jurídicos, políticos, culturales, sociales, económicos, financieros, tecnológicos, sostiene las buenas decisiones financieras.

Es lógico que los sistemas de información me proporcionan insumos del pasado y del presente, como un hecho concluyente, el futuro lo tengo que esperar de acuerdo a mi capacidad de visión.

La capacidad de visión no puede ser tomada como un simple tema de adivinar, debe ser tomado como el resultado esperado producto de un estudio pormenorizado de combinación de escenarios.

La historia nos proporciona indicadores financieros que deben servir de soporte, que deben ser tomados con pinzas, porque no siempre son fruto de la verdad absoluta.

Los indicadores financieros son producto de la información interna, sacada de mis estados financieros, y de la externa de los estados de los terceros, con dos problemas a saber:

Primero es una fotografía estática a una fecha determinada, es decir los cambios hasta su producción y divulgación, no son reflejados, vale decir representan la situación a diciembre de cada año, siendo evaluados y presentados en febrero o marzo del año siguiente.

En segundo lugar, el riesgo de la veracidad de lo presentado es latente, recordando que de la buena información como insumo principal, depende la certeza en los juicios que motivan las decisiones.

Quiero ampliar un poco el punto primero, en el sentido que hay sucesos posteriores a los resultados finales, presentados igualmente en fechas posteriores  a las juntas de socios, accionistas o asociados, que no se informan y que cambian el panorama financiero arrojado.

Sucesos como la insolvencia de un cliente que afecta nuestra cartera, la prohibición de uso de materia prima vital en la elaboración de nuestros productos, afectando los inventarios de las mismas, en proceso y de finales para la venta.

Ahora bien, recordemos como  a través de la historia, grandes empresas en el mundo han presentado información con estados financieros irreales, causando malas decisiones financieras a los inversionistas, proveedores, a la comunidad, en Colombia por ejemplo interbolsa hace poco.

Otro ejemplo típico, las pirámides que tanto descalabro económico ha causado y siguen causando.

Por ello en el juicio final producto del estudio juicioso, acorde a lo citado en el escrito, hay que agregarle el sentido común, para oler lo irreal y lo engañoso.

Nuestros abuelos en su gran sabiduría, nos dejaron la herramienta conceptual, “que de eso tan bueno no dan tanto”

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