Buena salud física y mental previene el alzhéimer

Las personas que mantienen una buena salud tanto física como mental en la mediana edad tienen un menor riesgo de presentar síntomas precoces de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, este retraso en el desarrollo tiene que ver sólo con la sintomatología, que no con la enfermedad en sí. Y es que los signos del alzhéimer, esto es, la acumulación de placas de beta-amiloide en el cerebro, sigue su curso con independencia de nuestra actividad mental.

O así sucede, cuando menos, en el 80% de la población. Pero según muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Clínica Mayo en Rochester (EE.UU.), en el 20% restante, esto es, en los portadores del gen ‘APOE4’ –gen que aumenta la predisposición a desarrollar el alzhéimer–, la actividad mental no sólo retrasa la aparición de los síntomas, sino también de los signos característicos de la enfermedad.

Como explica Prashanthi Vemuri, directora de esta investigación publicada en la revista «Neurology», «en nuestro estudio hemos evaluado el efecto de los distintos niveles de educación y hemos observado que los portadores del gen ‘APOE4’ con mayores niveles educativos y que continúan formándose en la mediana edad tienen una menor acumulación de proteína beta-amiloide en sus cerebros que aquellos que cesaron su actividad intelectual una vez alcanzada la mediana edad».

Y entonces, ¿qué ocurre con la población no portadora del gen ‘APOE4’? Pues como indica Prashanthi Vemuri, «nuestros resultados no deberían desalentar a los no portadores a seguir ejercitando sus cerebros, caso de la lectura de libros, jugar a juegos de mesa o utilizar un ordenador. Y es que hay evidencias sustanciales de que estas actividades ayudan a retrasar la aparición de los problemas de memoria y razonamiento».

alzhéimer

Gen ‘APOE4’

En el estudio, los autores evaluaron a un total de 393 personas mayores de 69 años sin demencia, de las que 53 ya habían desarrollado un deterioro cognitivo leve. Y para ello, dividieron a los participantes en función de que su período de educación excediera o no alcanzara los 14 años.

Todos los participantes fueron sometidos a pruebas de resonancia magnética y de tomografía por emisión de positrones (PET) con objeto de evaluar sus biomarcadores para la enfermedad de Alzheimer, así como a exámenes semanales para determinar su actividad física y mental durante la mediana edad.

Nuestros resultados no deberían desalentar a los no portadores a seguir ejercitando sus cerebros, pues ayuda a retrasar los problemas de memoria y razonamiento Prashanthi Vemuri

Los resultados mostraron que ni la educación, ni la ocupación, ni la actividad física y mental en la mediana edad influyeron sobre la cantidad de placas de beta-amiloide en el cerebro, el metabolismo cerebral de la glucosa o el volumen cerebral. Pero hubo una excepción: los portadores del gen ‘APOE4’, en los que la actividad mental durante la mediana edad se asoció con una menor acumulación de placas de beta-amiloide.

Hay que ejercitar la mente

Concretamente, los portadores del gen ‘APOE4’ con un período de educación superior a 14 años y una buena actividad mental durante la mediana edad tenían una cantidad de placas de beta-amiloide significativamente menor que aquellos que, aun con más de 14 años de educación, habían dejado de ejercitar sus mentes al alcanzar la tercera o cuarta década de vida. De hecho, y dentro de los participantes con mayor nivel educativo, los niveles de beta-amiloide en los sujetos de 79 años que se mantuvieron intelectualmente activos fueron similares a los de aquellos de 74 años que cesaron su entrenamiento mental durante la mediana edad.

Y a este respecto, concluye Prashanthi Vemuri, «es posible que aquellos que no continuaron su actividad intelectual durante la mediana edad lo hicieran porque tuvieran mayores niveles de placas de beta-amiloide».

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