Burro Flaco era un pueblito cercano al monte de Las Animas. Allí vivían 120 personas, la mayoría eran viejos y niños.

Al final del pueblo, estaba el río Lágrimas, desde la orilla se veía, en una roca, la cueva del ogro Sapo Morado, afuera se escuchaban sus ronquidos, cada mes salía de su vivienda y se paseaba por el pueblo. Los habitantes de Burro Flaco se encerraban en sus casitas y cuando el ogro volvía a su cueva, se abrían puertas y ventanas.

El ogro Sapo Morado era cascarrabias, se enojaba y ladraba como un perro.

Había algo que lo irritaba mucho y era que los habitantes de Burro Flaco se burlaran de él por su fealdad, era gordo, barrigón y sus ojos saltones se volvían rojos cuando se enojaba.

En una de sus rabietas, Sapo vio cómo cuatro muchachas del pueblo lo imitaban y se reían de él.

Sapo las maldijo y les gritó que por las noches se convertirían en brujas y que los niños les tendrían miedo.

Desde ese día, Tecla, Pastora, La Pulga y La Mosca tenían que volar todas las noches, montadas en las escobas que les había tirado el ogro.

Al comenzar el vuelo, empezaba un ruido ensordecedor, era como si millones    de chicharras, grillos y toda clase de insectos llenaran el ambiente. El paseo de Tecla, Pastora, La Pulga y La Mosca duraba una hora, luego bajaban y muy tristes, se iban a sus casitas.

 Las gentes de Burro Flaco ya no las querían porque el revoloteo de las brujas era insoportable e impedía el descanso de los obreros, después de un día de mucho trabajo.

Había en Burro Flaco un personaje querido por todos, el profesor Cucú, vivió  unos años en la Amazonia y su sabiduría se la había enseñado los indios Yaguas.

Su aspecto era inolvidable, delgado, ojos grandes de mirada inteligente y cariñosa, su vestido también era notorio, medias largas, de rayas negras y verdes, pantalón corto y usaba siempre un sombrero negro con una pluma de gavilán.

El profesor Cucú aconsejaba a todos los habitantes de Burro Flaco, era famoso por sus consejos siempre sensatos. Cucú tenía un asistente que lo acompañaba en sus largas caminatas por el pueblo, lo llamaban Linterna Azul, por sus grandes y expresivos ojos del color del cielo en un día de verano. Linterna era gracioso, las muchachas del pueblo lo querían mucho.

La casita del profesor Cucú y su asistente estaba llena de plantas de la Amazonia, además había pájaros de vistosos plumajes, una lora que siempre gritaba de alegría cuando el profesor Cucú y Linterna regresaban en las noches.

El profesor contaba en el pueblo con dos nobles amigos, Pedro El defensor de los pobres y su hermana Sofía.

Pedro el defensor de los pobres, vivía pendiente de los más necesitados del pueblo. Recogía frutas, granos y todo aquello que pudiera transformarse en

comida. A las 12 del día, llegaban a su casa todos los que tenían hambre, había niños, mujeres, cojos, ciegos, en fin Pedro no rechazaba a nadie. En su cocina, tenía una ollita que había sido de su abuela y que como por arte de magia, nunca se vaciaba. Pedro el defensor de los pobres podía dar almuerzo a todos y nunca le faltaba comida para compartir.

 Además, curaba las llagas de los pobres, tenía una sonrisa para todos, sus grandes ojos negros sabían expresar la solidaridad y el apoyo que los más débiles necesitan.

Sofía era hermosa, su pelo rubio  parecía de oro, era una niña bondadosa y quería demostrar su amor a todos. En el pueblo se encargaba de celebrar el cumpleaños de grandes y chicos. Como no había dinero Sofía reunía 20 personas y les hacía la fiesta. Repartía juguetes, dulces y tortas ricas, hechas por ella. Cantaban, bailaban y contaban historias de miedo, en esta parte del programa, los más pequeños, abrazaban a sus abuelitos y cerraban los ojos.

Pedro y su hermanita visitaban al profesor y a su asistente y en una de esas tertulias buscaban soluciones a los problemas del pueblo, entre ellos la maldad del ogro y el molesto revoloteo de las brujas.

Una noche de estas, cuando la charla estaba muy animada, tocaron a la puerta.

Linterna abrió y se encontró con un ratón vestido con chaqueta de cuadros, pantalón azul y zapatos rojos. Me llamo Casimiro, dijo y vengo para ayudar, quiero a las gentes de esta aldea y conozco al ogro.

El profesor Cucú le tendió la mano, lo mismo hicieron los otros.

Ahora, dijo el ratón les diré quién soy.

Yo era un afamado sastre, las damas más ricas y los caballeros barrigones salían con trajes hermosos hechos por mí, hasta que un día, vino a mi sastrería el ogro Sapo Morado a comprar un vestido de fiesta. Me dispuse a atenderlo bien y en eso estaba, cuando cayó un sombrero de un  estante y rebotó en su panza. Sapo Morado gritó enfurecido y me condenó a entrar en el cuerpo de un ratón que pasaba por allí. Desde ese día, estoy preso en este cuerpo y sólo pienso en unirme a otros para quitarle a Sapo Morado sus poderes. He averiguado que su magia está guardada en el único pelo largo que queda en su cabezota, arrancado éste, el ogro se vuelve indefenso y cualquiera puede echarlo en un charco para que viva allí.

Al escuchar esta singular historia, Cucú comentó:

Primero, habría que dormir al ogro y luego arrancar el pelo con raíz y todo para que quedara reducido a un sapo común y corriente.

Pedro, el defensor de los pobres, dijo: Oye, Cucú, entre tus plantas de la Amazonia no tienes alguna que produzca un sueño profundo?. Tú lo has dicho, mi buen Pedro, contestó Cucú y de inmediato llamó a su asistente Linterna Azul y le pidió que cogiese unas hojas de la mata Sueño de Marmota.

Linterna obedeció y le entregó un manojo de ramas al ratón Casimiro

Bueno, dijo el ratón Casimiro y quién le dará el bebedizo al ogro?

Pedro el defensor de los pobres pidió la palabra y dijo.

Mi hermana Sofía puede hacer un lindo pastel relleno con las hojas y llevárselo al ogro. Qué opinas Sofía?

Sofía, saltó de dicha al ver que la tenían en cuenta para una misión tan importante.

Estoy lista y además le cantaré al ogro para que no sospeche nada y coma su pastelito con gusto.

Bueno, amigos, dijo Cucú, por hoy hemos terminado, les propongo reunirnos mañana, los invitamos a desayunar y así podremos planear bien lo que haremos para acabar con la maldad del ogro.

Aceptamos, dijeron todos y el ratón Casimiro añadió.

Profesor y amigos, les pido autorización para traer a Murciélago Jacinto, es uno de los centinelas del ogro, todas las noches vela su sueño y él puede darnos buenas ideas.

Aceptamos, dijeron a una voz el profesor y Pedro el defensor de los pobres. Invítalo.

El profesor y Linterna acompañaron a las visitas hasta la puerta y todos se despidieron con un fuerte abrazo.

Al día siguiente, a las 8 de la mañana, llegaron Pedro, Sofía, el ratón Casimiro y murciélago Jacinto.

Tocaron y Linterna les abrió la puerta y los mandó seguir.

En ese momento, el profesor les daba la comida a sus animales y le echaba agua a las plantas.

Linterna invitó a Sofía a preparar el desayuno y los dos se fueron a la cocina.

Sofía hizo pancitos, Linterna calentó una colada de maíz, hicieron jugos, en fin había para todos los gustos, sin faltar el queso para el ratón Casimiro y unas frutas para Murciélago Jacinto.

Todos comieron felices, en silencio y al dejar la mesa vacía, el profesor se dirigió a Murciélago Jacinto.

Bueno, amigo, cuéntanos por qué trabajas para el ogro.

Jacinto movió la cabeza y con tristeza dijo:

Yo era sacristán en este pueblo, vivía feliz con mi madre y mi hermana menor. Todos los días tocaba las campanas para la misa, recibía las limosnas y atendía a los pobres.

 Un buen día el ogro, en su caminata por el pueblo,  entró en la iglesia y empezó a comerse unas lagartijas y yo, con mucho miedo, me atreví a decirle que no era permitido comer en el templo.

El ogro, entonces, muerto de rabia, me maldijo y me ordenó meterme en el cuerpo de uno de los murciélagos que vivían en su cueva y desde ese momento, mi condición fue esa. Por las noches, debo colgarme del techo, justo sobre la cabeza del ogro y pasar 12 horas ahí.

Le he rogado que levante su maldición pero él es un tirano y no oye a nadie.

Por esta razón, cuando Casimiro me invitó a conocerlos, no dudé en aceptar y aquí me tienen.

Pedro el defensor de los pobres le pidió, descríbenos cómo es la cama del ogro y qué espacio podría ocupar el que vaya a arrancar el pelo.

Jacinto pensó un momento y luego contestó.

La cama está arrimada a una piedra grande y allí hay un gancho de hierro donde el ogro cuelga su abrigo. El que pase para arrancar el pelo, debe ser muy pequeño pues no hay mucho campo, la cama es muy grande y lo ocupa todo.

El profesor al oir esto, preguntó.

Casimiro, te le medirías tu a esta tarea? Ya se que es peligrosa pero tu eres astuto, inteligente y sabes caminar, sin hacer ruido.

El ratón se sobresaltó un poco, movió sus orejitas y contestó.

Alguien tiene que hacerlo, acepto pero ruego a murciélago Jacinto que me sirva de guía para ir derecho al asunto.

Sofía escuchaba en silencio y por fin se atrevió a hablar.

Tengo una idea, si Casimiro dice que hay un gancho, lo mejor sería amarrar el pelo alrededor de este hierro y así, cuando el ogro despierte y enderece la cabezota, su cabello será arrancado de raíz.

El profesor y Pedro oyeron con mucho interés a Sofía y luego el primero dijo.

Bien, Sofía, has encontrado la solución, ninguno de nosotros tendría la fuerza suficiente para tirar del pelo y como tu lo propones, será el propio ogro el que lo haga.

Pedro sugirió.

Repasemos el plan y miremos qué puede hacer cada uno.

Empecemos por ti Sofía.

Bueno, dijo la niña, prepararé un rico pastel y lo rellenaré con las hojas de la planta sueño de marmota. Iré con Linterna a la cueva y le entregaremos la torta a Sapo, Mientras come, Linterna y yo cantaremos canciones infantiles.

Ahora, tú, Linterna. Yo seré la compañía de Sofía y además, le avisaré a la gente del pueblo para que recen todos por el buen resultado del plan.

Pedro, qué  debes hacer tu? Yo iré a visitar a Tecla, Pastora, La Pulga y La Mosca, ellas son otras de las víctimas del ogro, les avisaremos para que preparen una fiesta de celebración en la que participe todo el pueblo.

Bueno, dijo Cucú, todos unidos, estoy seguro de que lograremos librarnos del ogro y sus maleficios y de paso, les haremos un bien a los pueblos vecinos pues Sapo perderá sus poderes mágicos y no podrá hacer el mal.

Para terminar les propongo el día sábado para llevar a cabo el plan, a las 4 de la tarde. ¿Qué dicen?

De acuerdo gritaron todos a una voz.

Que Dios nos ayude, dijo Linterna Azul y se prendió del brazo del profesor.

 Los amigos se despidieron y se fueron con sus cabezas calientes por los planes y sus resultados. Era jueves, tenían dos días para prepararse  El sábado nuestros amigos llegaron a las 2 a la casa del profesor y de Linterna Azul. Una vez adentro, después de los cariñosos saludos, Sofía les propuso: Recemos   al Niño Jesús para que nos de su fuerza, les confieso que tengo mucho miedo.

Bien,  le respondió el profesor.

Rezaron y Sofía y Linterna Azul se fueron a la cocina para hacer el pastel.

Pedro el defensor de los pobres, pidió la autorización del grupo para irse donde las brujas.

El profesor Cucú le aconsejó:

Anímalas, diles que todos les vamos a ayudar para que vuelvan a sus trabajitos y a sus estudios.

Las brujas, antes de la maldición de Sapo eran unas muchachas hermosas, queridas por los niños y por los abuelitos porque siempre estaban dispuestas a prestar ayuda y a compartir lo que tenían.

Bueno, dijo Pedro, nos veremos en la noche.

A las 5 de la tarde, Sofía y Linterna tenían la torta lista, decorada con corazones pequeños, le pusieron una tarjeta y el profesor le escribió.

Feliz cumpleaños, don Sapo, le deseamos que llegue a viejo.

Ratón Casimiro y murciélago Jacinto, estaban muy nerviosos y esperaban la orden del profesor para irse.

Cucú, se dio cuenta de la tensión que vivían estos muchachos y por esto se acercó, los abrazó y les dijo: ustedes dos estarán listos y calladitos, cuando sientan los ronquidos de Sapo, entrarán y Casimiro, guiado por Jacinto, irá derecho a amarrar el pelo del gancho, yo estaré en el techo de la cueva, listo para ayudarles, si es necesario.

En nombre de Dios, vamos, concluyó el profesor.

Primero,  salieron Sofía y Linterna Azul, llevaban la torta y unas frutas para él ogro.

Detrás iban ratón Casimiro, murciélago Jacinto y el profesor Cucú.

Mientras esto ocurría, Pedro el defensor de los pobres, llegó a la casa de Tecla y le rogó que llamara a la Pulga, la Mosca y a Pastora, tenía buenas noticias para darles.

Tecla obedeció y pronto las cuatro muchachas estaban en la casa de Tecla y esperaban, ansiosas, las palabras de Pedro.

Este, con su acostumbrada sencillez, les dijo.

Hoy es un gran día para este pueblo. Nos hemos reunido un grupo de amigos, a la cabeza está el profesor Cucú, somos en total 6, ratón Casimiro, murciélago Jacinto, Linterna Azul, hermano del profesor, Sofía y yo.

Hemos ideado un plan para acabar con los poderes del ogro don Sapo. Las cuatro amigas, lo escuchaban en silencio pero al oirlo sus caras se iluminaron con una amplia sonrisa de felicidad.

Pastora tomó la palabra y dijo:  Es la mejor noticia que hemos tenido, Dios permitirá que seamos liberados los que perdimos nuestro ser, como nosotras. Nunca hubiéramos querido ser brujas, lo que más nos ha hecho sufrir es el rechazo de los niños. La Pulga agregó: Muchas veces le rogamos al ogro que nos liberara y también le pedimos perdón por habernos reído de él pero nada conseguimos, es muy rencoroso, lo único que sabe, es odiar.

Bueno, dijo Pedro, queremos hacer una gran fiesta y ustedes serán las organizadoras. Les sugiero pedir ayuda a mi hermana Sofía, ella tiene regalitos, globos y muchos dulces.

Es tarde, concluyó Pedro, deben comenzar su tarea, la fiesta será mañana, si todo sale como lo hemos planeado.

Pedro se despidió de las muchachas y se dirigió a la plaza de Burro. Al llegar se sentó en un banco y cerró los ojos, estaba muy cansado.

No había pasado media hora, cuando se escuchó un alarido desgarrador, era como si todo el dolor del mundo se hubiera unido en un solo grito.

Pedro saltó de la banca y asustado, miró para todos los lados.

En minutos, la plaza se llenó, los habitantes salieron de sus casas, aterrados.

Ratón Casimiro, convertido en el sastre conocido por todos y Jacinto, el sacristán de la iglesia, abandonaron la cueva.

La gente los abrazó y les dijeron: Que alegría tenerlos otra vez con nosotros.

De inmediato, el profesor Cucú bajó del techo de la cueva y corrió a unirse a la multitud.

Al verlo, todos querían abrazarlo, sabían que él y sus amigos los habían librado del ogro.

Los autores de esta gran batalla, se reunieron en el centro de la plaza. La gente quería oir cómo se había logrado el feliz resultado.

El profesor Cucú pidió silencio, les contó sobre las reuniones que hubo en su casa y presentó el equipo.

Se escuchó un fuerte aplauso.

Luego, el profesor se dirigió a Sofía y a Linterna Azul.

Queremos saber cómo fue el encuentro con don Sapo.        

Sofía miró a Linterna y al ver brillar sus ojos azules, comprendió lo feliz que sería al narrar esta aventura, entonces, con picardía le dijo:

Habla tú mi querido Linterna Azul.

El aludido se encaramó en un banco y comenzó con voz fuerte para que todos pudieran oírlo.

Llegamos a las cinco y media. Sapo estaba sentado en un tronco y fumaba su pipa.

Al vernos, exclamó. ¿A quiénes tenemos por aquí?

Sofía dijo.

Don Sapo, sabemos que hoy es su cumpleaños 95 y el profesor Cucú le manda este pastel, yo misma lo preparé con ayuda de Linterna Azul. Aquí está la tarjeta.

Sapo estiró su mano, cogió el pastel y leyó la tarjeta.

Ja, ja, se rió Sapo y dijo.

Ya soy viejo, 95 años no son pocos y el profesor me desea muchos más.

el ogro cogió el pastel y de dos bocados lo devoró, enseguida se comió tres mangos y seis naranjas, en su boca cabía todo.

Después, continuó Linterna, el ogro gruñó y casi arrastrándose, buscó su cama y se tiró en ella. Al minuto, sus ronquidos hicieron estremecer la tierra.

Sofía y yo nos quedamos sentados en un tronco. El resto, ya lo saben.

El profesor, pendiente de todo, tuvo en cuenta el cansancio de la gente y la necesidad de estar frescos al otro día para la fiesta, por esta razón, dijo.

Bueno, mis queridos amigos, les propongo despedirnos ahora e irnos a nuestras casas a descansar, mañana será el gran día, debemos participar todos, las cuatro muchachas, la Pulga, la Mosca, la Tecla y Pastora son las organizadoras de todo, las apoyarán  Linterna y Sofía.

La multitud aplaudió y al caer la noche, todos regresaron a sus hogares.

El domingo, todo empezó temprano. El profesor se arregló con cuidado, se puso una chaqueta negra, pantalón a rayas y un sombrero negro adornado con plumas de azulejos. Linterna se fijó mucho al vestirse, eligió un saquito azul como sus ojos, pantalón gris y un gorro blanco, adornado con estrellas de todos los colores, se veía encantador.

A las 10 de la mañana tocaron, Linterna Azul abrió y se quedó sin palabras al ver a Sofía, radiante, con un traje rosado, con moños de cinta, en su cabeza, flores y un collar de corazones pequeños, de marfil.

Pedro, el defensor de los pobres estaba vestido con esmero, chaqueta a cuadros verdes y naranjas, pantalón negro y un gorro de lana, rematado en una gran borla roja. Sus ojos negros iluminaban su cara, en la mano llevaba la ollita que nunca se vaciaba.

Linterna Azul los abrazó, llamó a Cucú y se dispusieron a tomar un rico jugo de naranja.

No habían pasado 30 minutos, cuando llegaron ratón Casimiro y murciélago Jacinto elegantes y ansiosos, por irse a la fiesta. 

Tecla, Pastora, la Pulga y la Mosca, habían arreglado la plaza para el festejo, colgaron globos de colores, cintas, canastas con plantas de hermosas flores  y colocaron puestos con comida servida en vistosos platos de cartón, todo parecía delicioso.

Jacinto, el sacristán, tenía la iglesia con bellos ramos de azucenas y rosas. La fiesta empezaría con una oración, vendría el sacerdote de Altamira, un pueblo vecino, don Cándido,  haría la ceremonia, daría gracias a Dios por haber sacado a don Sapo de la vida de Burro Flaco.

La fiesta fue hermosa, jamás la olvidarían grandes y pequeños.

Para terminar, el profesor Cucú, subió a la tarima, pidió silencio y les dijo.

Queridos amigos y amigas, la unión hizo posible esta difícil batalla. Ahora empieza una nueva vida en nuestro querido pueblo, vamos a apoyarnos, a progresar, nadie estará sólo, Dios nos bendecirá.

En este momento las gentes se unieron en un gran abrazo y una música celestial invadió el ambiente.

Fin.

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