BRUCE LEE, la poesía corporeizada el verso vivo.

 

Pura energía. Pura poesía corporeizada el verso hecho KUNG FU.

Bruce Lee murió el 20 julio de 1973 en ese entonces tenía yo 13 años. La noticia se propagó a velocidades supersónicas hasta que todos los rincones del planeta quedaron enterados. Como un reguero de pólvora estalló en los confínes del mundo. Yo noté  como si uno de los  rayos  de una pavorosa tormenta eléctrica cayera sobre mí y penetrara en mi cuerpo atravesando todos los átomos y cada molécula e incluso más allá de la física cuántica. Fue tal el trallazo de millones de voltios que penetró en las partes más recónditas de mi espíritu que todas mis naturalezas sean estas las que sean lo sintieron desgarradoramente. En la materia y en el espíritu lo sentí. 

Y es que uno de los hombres más extraordinarios de todos los tiempos pasaba a la leyenda derecho a la inmortalidad a sus 32 años despidiéndose con la misma contundencia de uno de sus puñetazos. La vida de Brus, fue toda una epopeya extraordinaria la de un hombre único en su género nacido para el cine de acción. Tan alta era su poesía que furioso y todo era un verso que rimaba estrofas a base de múltiples mamporros dados a la velocidad de la luz y haciendo de ello una de las experiencias más maravillosas del Séptimo Arte. ¿Y qué decir de aquellos grititos que emitia mientras volaba por los aires o daba unos nunchacazos que no quedaba en pie ni el apuntador? Cada hostia iba acompañada de su correspondiente sonido musical en forma de grito victorioso. Con el nos ponía a todos el pelo de punta de una emoción suprema. 

Brus era el más excelso guerrero y poeta que han dado los siglos. Tan lejos llegó con su poesía que nos dejó un nuevo verso de lucha llamado: "Jeet kune Do".  Tan por encima estaba ya de su arte que su maestría sin parangón como actor y poeta, lo llevó a resumir todas las artes marciales en una sola, el JEET KUNE DO.

Como era único llenaba los cines solo con su nombre y te mantenía imantado a la gran pantalla sin poderte desapegar.  Con Brus aunque la película durara cuatro horas se pasaba como cuatro segundos. La gente no iba ni a los aseos con tal de no perderse un solo gesto de aquella fiera malhumorada con todo lo malo y perverso del mundo de los hombres. Bruce Lee era un hombre fuera de serie. Un actorazo de Oscar pues llenaba los cines con una ficción de peleas que todos dábamos por verdaderas. 

Karate a muerte en Bangkok. La prosa más excelsa en mamporros y patadas.

Recuerdo haber visto su primera película casi por casualidad y porque nos llevó Paco el taxista que leía los trailers de cine con tal pasión y gracia que te arrastraba a ver la película sin remedio. Dejo constancia de que hasta ese entonces no habíamos visto nadie nada igual. En aquella película se repartió leña hasta para los carnés de identidad de los  espectadores de las primeras filas del cine. Estábamos tan asombrados de aquel espectáculo cinematrográfico que no se oía una mosca en toda la sala y permanecímos cogidos a nuestros asientos ante aquella soberana destreza humana

¡Dios, qué sopapos! Fue tal el diluvio de palizas, de puñetazos y patadas semejantes a las  coces de un caballo, de saltos y brincos tan espectaculares, que ninguno podía creerse que los chinos fueran capaces de hacer algo así. Riñendo y peleando  todos empezaban siendo amarillos de piel asiática natural como los chinos y acababan del color de la gangrena, parduscos y violáceos, desde la coronilla hasta la planta del pie. ¡ Juro por mi vida que yo quería ser Bruce Lee! Salí de la Sala del Cine Aliatar (que es como se llamaba) creyéndome que de un salto me plantaba en la azotea del edificio o me cruzada la Avenida del Cid de más de 30 metros de ancha de acera a acera de otro salto y sin despeinarme. ¡Cómo nos lo pasamos de bien en la película al ver ganar al bueno!

¡Si Don Quijote hubiese vivido para verlo! Cuando acabó la sesión estábamos todos enardecidos de entusiasmo. Nuestras caras irradiaban fluorescencias radioactivas como si acabáramos de estar en el núcleo de una central nuclear. Sí, salimos del cine exultantes de felicidad de ver a un hombre bueno acabar con todos los malos a la mayor gloria de los buenos  y de contemplar al guerrero más fabuloso de todos los tiempos e incluso más pacífico que Gandhi, hacer justicia a los  débiles y los  oprimidos. Si ya en la calle, a un gorilón más alto y ancho que un armario empotrado con altillos, se le hubiera ocurrido mirarme mal, tan siquiera con el rabillo del ojo..¡de un bocado me lo como! Ahora ya sabia dar patadas y puñetazos como si los disparara desde una ametralladora igual que BRUCE LEE.

El Furor del Dragón, con Chuck Norris.

Bruce Lee era genial por muchos motivos y el que más porque era un poeta un poeta  grandioso . No por ser el héroe ansiado por excelencia que se enfrentaba al villano sino por la fuerza de su interpretación magistral por la mímica de sus gestos todos ellos versos y prosas que rimaban a la perfección.

Hasta en bañador era un poeta. Poesía corporeizada.

Ni Fideas esculpió así en el Partenón de Atenas.

El luchador número uno. El espíritu en la materia.

La poesía hecha carne.

Aunque la torre fuera humana se llegaba.

Si eran muchos se les trataba igual que a uno.

Naturalmente de manera poética. Si Bruce Lee te mataba lo hacía artísticamente con la genialidad de todas las genialidades. Su ardiente pasión en la lucha era de tal envergadura que al verlo creías estar ante un trueno en carne y sangre. El, siempre solo ante todos los peligros, si se cabreaba hacía huir un batallón de Rambos armados hasta los dientes con toda clase de flechas y explosivos y, si me apuran, con tanques y portaaviones también. ¡Pues no era nada, Brus, no! Al más guapo de una mirada lo volvía más feo que Picio que es el modelo de los feos de los feos. ¡¡Así se las gastaba Bruce Lee!!

Más pacífico que Gandhi, con más paciencia que Job, en sus mímicos gestos con la belleza seductora de Marilyn Monroe y con el sentido humorístico del Gran Charlot, de este hombre se puede decir que era un don de Dios corporeizado para verlo en la gran pantalla de Hollywood. Lo tenía todo y para que estuviera pletórico de todas las gracias también era guapo. Juzguen las mujeres. ¡Qué varón! La virilidad más varonil. 

La poesía corporeizada.

Daremos a este goo un final como los finales que le gustaban a Bruce Lee. Liberando a los oprimidos de todos los Hannes de sus cárceles subterráneas y acabando con el crimen organizado en sus islas. Veamos a Brus enfrentándose a mil peligros para liberar a los prisioneros. Más que película parece de verdad y, eso, precisamente, era lo que quería Brus , ofrecernos toda la perfección que su talento desbordante alcanzó. Lo mejor de sí, lo que la poesía en palabras ya no puede dar, la poesía en hechos corporeizados. De las inmateriales palabras a la perfección del acto visible y tangible que es cuando la poesía alcanza su máximo esplendor y su máxima razón de ser, su máximo de todo. Pues eso nos dio Bruce Lee, todo, sin quedarse nada. Bajemos con él a liberar a los cautivos de Han.

Empieza la liberación de la isla.

El súmmum, la apoteosis poética, en este suspiro.

El objetivo de la poesía no es otro que hablarnos hermosamente de lo hechos que son el Alfa y la Omega de la poesía. El mejor poema hecho nunca en la tierra o sobre el cielo dice así :

 

                      " Y el Verbo se hizo carne,

                        y habitó con nosotros ,

                        y nosotros vimos su gloria,

                        gloria como Unigénito del Padre,

                        lleno de gracia y de verdad ".

 

Nunca, nunca, nunca, se escribirá nada igual en relación a los hombres. Es lo más épico. El amor representado en un hombre. A esto me refiero cuando hablo de la poesía corporeizada. Hay poetas de las palabras pero los más grandes son los poetas de las obras. Si no se obra como se habla no riman los sonetos. Por eso, Bruce Lee, todo él era un magnífico y gran poema. Nos queda Han, veámos el  modo en que Brus zanja el asunto del mal.

 

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Invencible a pesar de las dificultades.

Y llegamos hasta aquí. Operación Dragón la obra maestra de Hollywood.

 

Todos los cautivos de Han fueron liberados y la paz volvió a la isla. Un día aparecerá ante nosotros alguien semejante a Brus, que como David ante Goliat, repartirá mamporros espirituales a todos los Hannes que tienen al mundo como si fuera su isla de su propiedad. Ese día el gran luchador se batirá en duelo contra los malvados que oprimen a la gente y no se habrá visto nada igual en la historia del mundo. Sin armas los derrotará para alegría de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que pueblan este bendito lugar de habitación que es la morada de toda la humanidad. 

El Gran Luchador saldrá en busca de los suyos a todos los continentes y buscando y rebuscando hayará lo que le han dicho que encuentre. 

Burce Lee era un verso humano un poema de carne y sangre.

ENTER THE DRAGON. Hollywood nos dejó este verso humano.

Bruce Lee

JEET KUNE DO,  el arte del espíritu guerrero de Bruce Lee. 


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